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Por Armando Maronese - 10 de Octubre, 2006, 18:02, Categoría: Opinión

Usualmente, cuando uno escribe, se le hace difícil –a veces-, encontrar palabras para dejar satisfechos a todos por igual, pero lamentablemente, no todos sabemos que ello es imposible. 

Debemos reconocer, que en nuestro mundo, el mundo en el cual vivimos, hay personas de diferente intelecto:

a) Tontos

b) Normales

Nunca he concebido, que las personas incluidas en el apartado a), hieran a las del grupo b), pues simplemente, estarían hiriendo a un montón de personas.

Generalmente, el tipo de personas a), se creen las más sabihondas del mundo; las únicas que no se pueden equivocar y que, además, no aceptan cosas que no vayan de acuerdo con sus ideas, sin tener en cuenta que la mayoría de las gentes, piensan con raciocinio. Y eso pasa en cualquier plano del pensamiento, tanto en lo político, en lo religioso o en las cosas diarias que nos toca vivir. Y si hablamos de lo religioso, soy un convencido que las ideas y creencias de los que creen, hay que respetarlas en grado sumo, porque son sagradas.

Hay un sabio dicho que decían nuestros abuelos, y que se expresaba así: "Es de bien nacido, ser agradecido y educado".

Esas personas del grupo a), casi siempre están jugando a que son distintos, y a que nos odiamos. Y el juego se juega así: el que está conmigo (el que piensa igualito a mí y no disiente ni por casualidad) es de los buenos, y los demás son malos, feos, ladrones, tramposos, etc.

Sostiene Tomás de Aquino, que la legión de los tontos es infinita. El sabio y bíblico rey Salomón, dijo que tal es su crecido número que "me rodean como avispas". Hay tontos inocentes pero los hay también graves. Tomás de Aquino, para ser didáctico, estableció la analogía de la nutrida variedad de tontos con los animales. Al primero de ellos le denominó "asno" y se refirió a la persona ruda y de poco entendimiento. También le denominó "insipiente" (se escribe con s) de "in-sapiente", el "no sabio". Los insipientes se mueven por la pasión y no por la razón. En la sociedad de consumo, insipiente es el que acaba comprando cosas que no necesita, por ejemplo.

Otro es el insensato; si sensato es el hombre razonable para las acciones particulares, el insensato no tiene sentido o carece de sentido.

Otra forma de tontería es la parálisis. Un ejemplo de ello es el estúpido. Estúpido viene de estupor (verbo latino stupere), que es la sensación de inmovilidad cerebral de los boca abiertas. El estupor, es distinto que la admiración, que es una disposición positiva que mueva a la disquisición y a la contemplación de la belleza.

Otra forma de parálisis, es la torpeza. Isidoro de Sevilla, habló del pez torpedo que entorpece los miembros de aquel que lo toca.

La "estulticia", es también una variedad de parálisis común en nuestro medio. La parálisis frente al televisor del que se cierra, embobado por la pantalla, a la posibilidad de comunicación. El estulto, tiene el corazón embotado y la inteligencia obtusa.

Otro es el fatuo: el ausente de juicio y sensibilidad. No discierne, ni disfruta del sabor de las cosas. Mejor dicho, no digiere lo que piensa y es superficial en todo.

Su antípoda es el sabio. El sabio saborea el mundo y puede descubrir la dulzura o amargura de las cosas. Quien tiene el gusto deformado, no descubre el sabor de las cosas.

El "estulto" tampoco encuentra sentido a su vida, porque no logra conectar los medios con los fines. El estulto es como una pluma que mueve el viento. Mejor dicho, no sabe dónde está parado y no le importa saberlo.

El "aquinatense", distingue entre el estulto especulativo y el práctico. Hay personas sin inteligencia pero de impecable actuación, porque se aconsejan. Hay también personas inteligentes que son estultos al actuar.

Una de las características de la tontería, es la inteligencia obtusa. Al obtuso se opone el agudo, que penetra en lo íntimo de la realidad y las cosas.

Otra forma de tontería es la grosería, hay una grosería del intelecto que arremete salvajemente y también una grosería del corazón, que se expresa en los prejuicios y en la mala voluntad. Entre los tontos, cortos de inteligencia, están el rústico y el que entra en la idiotez.

Para Tomás de Aquino, el que está en la idiotez es aquel que sólo conoce su lengua materna y no le interesa expresarse en otras lenguas. El rústico se asombra con todo lo que desconoce y que para otros es harto conocido.

Otra variedad de tontos, es el que está en la imbecilidad. La imbecilidad no es otra cosa que la flaqueza moral e intelectual. Se distinguen de los sentidos y de la mente. Son los tardos en comprender y entender. No trascienden del nivel primario de inteligencia, no superan el conocimiento sensible y se dejan llevar por las apariencias.

Un intelecto elevado de pocas cosas, extrae mucho conocimiento. El intelecto corto, es absolutamente incapaz del pensamiento crítico, como para darse cuenta de sus propios errores.

Son tontos también los necios: el ignorante con ignorancia culpable, porque renuncia a la posibilidad de aprender a conocer y el crédulo. El crédulo da oídos a todo, pero es superficial en el creer. Dice que quiere, pero no sabe ni lo que quiere. El crédulo en el fondo, tiene la cabeza hueca. El gran remedio para las tonterías propias y ajenas, es el aprender a utilizar el cerebro.

Dios no nos ha dotado de cabeza para llevar el sombrero o la peluca teñida. Tenemos que poner en juego nuestras capacidades o potencias como la imaginación, la memoria el raciocinio de un modo inteligente. Tomás de Aquino también nos recuerda, que una limosna espiritual, es soportar a los tontos, pero también enseñarles a salir de su insondable tontería a través del consejo.

Un remedio efectivo, es ayudar a los tontos a descubrir que pueden salir de la tontería a través del estudio, la disciplina de la voluntad y el buen consejo. Uno de los riesgos mayores, es la tontería avezada y atrevida que bajo la forma de reclamo a veces se hace patente.

Es una cuestión que tiene muchas respuestas y a la que algunas personas, tienen que responderse. Si ellos son de los que enmudecen frente al televisor o se quedan con la boca abierta en su recorrido por la ciudad, o también son de la especie humana que responden con groserías a la cortesía de sus amigos u otras personas, o son de los que se sienten paralizados e incapaces de reaccionar a los indeseables acontecimientos cotidianos, pienso que deben solicitar consejo urgentemente. Probablemente, la tontería le esté llegando hasta el tuétano.

Es cuestión de razonar un poquito, nada más. Lamentablemente, la mayoría de las personas situadas en el grupo a), siempre obran en el anonimato...

Armando Maronese

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