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El código del deshonor

Por Armando Maronese - 10 de Octubre, 2006, 17:46, Categoría: Cultura - Educación - Literatura

En las culturas basadas en el honor y la vergüenza, como las de la India y Paquistán, el honor masculino reside en la honestidad sexual de las mujeres: su "deshonra" es oprobiosa para todos los varones. Así se explica la ignominiosa absolución de cinco paquistaníes, miembros de la poderosa tribu Mastoi, que en el año 2002, habían violado a una aldeana llamada Mukhtar Mai. Fue una "violación por honor", para castigar a un pariente de Mukhtar a quien habían visto con una mujer de su tribu. La Suprema Corte de Paquistán ha suspendido el fallo absolutorio. Se abre, por fin, la posibilidad de que Mukhtar, una mujer corajuda, obtenga alguna reparación. 


Aun así, Paquistán tiene poco de que enorgullecerse. Según su Comisión de Derechos Humanos, en el período enero-septiembre de 2004, se denunciaron 320 violaciones comunes y 350 cometidas por pandillas. El número de casos no denunciados sería mucho mayor. Las víctimas presentaron cargos en apenas un tercio de los casos denunciados y sólo hubo 39 arrestos. Podría decirse que el uso de la violación en las disputas tribales ya es normal. Y la creencia, profundamente arraigada, de que lo mejor que puede hacer una mujer violada es suicidarse sigue siendo muy común. Por cada Mukhtar Mai hay decenas de suicidas.


El coraje de la víctima no garantiza que obtenga justicia. El año pasado, en la provincia de Baluchistán, la doctora Shazia Khalid fue violada por personal de seguridad del hospital en que trabajaba. Un tribunal paquistaní absolvió a todos los acusados. Después, cuenta Khalid, la amenazaron y la acosaron hasta obligarla a huir del país. Le disgusta que el gobierno no la haya protegido ni haya llevado ante la Justicia a sus atacantes.

Ese mismo gobierno, presidido por Pervez Musharraf, confiscó el pasaporte de Mukhtar Mai; temía que ella viajara al exterior y dijera cosas deshonrosas para el país. Es el mismo gobierno que se alió con Occidente para combatir el terrorismo, pero estaría muy dispuesto a tolerar el terrorismo sexual contra sus ciudadanas.

Hay noticias todavía peores: la India sería capaz de ir más allá que Paquistán. Es el llamado "caso Imrana", una musulmana de un pueblo norteño que dijo haber sido violada por su suegro. La poderosa escuela coránica Darul-Uloom, le ordenó abandonar a su esposo porque, al haber sido violada, era haram ("impura") para él. Debido a ello, un religioso deobandi dijo: "No importa si el acto fue consentido o forzado".


Darul-Uloom está en Deoband, un pueblo situado a 144 kilómetros al norte de Nueva Delhi. Es la cuna del ultraconservador culto deobandi, en cuyas escuelas se formaron los talibanes. Enseña la versión más fundamentalista, estrecha, puritana, rígida y opresiva del Islam que existe en el mundo actual. En una fatwa, responsabilizó a los judíos por los ataques del 11 de septiembre. Los asesinos de Daniel Pearl, el periodista del Wall Street Journal, también pertenecían a esta secta.


Sus rígidas interpretaciones de la sharia, son famosas e inmensamente influyentes, a tal punto que Imrana -bajo presiones inconcebibles-, ha dicho que acatará la orden, pese a las protestas que ésta suscitó en todo el país. Una mujer inocente dejará a su marido a causa del crimen cometido por el padre de él.


¿Por qué una simple escuela coránica puede emitir semejantes dictámenes? La respuesta está en esa extraña anomalía que es la coexistencia de dos sistemas legales paralelos: el nacional y el de derecho privado musulmán, para los ciudadanos de ese credo, que deja a las mujeres a merced de los mullahs. La confusión histórica sobre este engorroso punto es tal, que quienquiera que insinúe que un país democrático debería tener un sistema legal único, será acusado de oponerse al Islam y apoyar a los nacionalistas hindúes duros.


En los 80, la Suprema Corte de la India asignó el cobro de alimentos a Shah Bano, una mujer divorciada. Como la sharia no lo contempla, los islamistas indios ortodoxos dijeron que se infringía el derecho privado musulmán. Fundaron la Junta Panindia de Derecho Musulmán para organizar actos de protesta. El Gobierno cedió y sancionó una ley que negaba los alimentos a las musulmanas divorciadas. Desde entonces, los políticos hindúes no se han atrevido a desafiar el poder del alto clero islámico, por así llamarlo.


A nadie sorprende que la Junta haya apoyado la fatwa de Darul-Uloom en el caso Imrana, pese a las críticas de muchas otras organizaciones y personas, musulmanas o no. Mulayam Singh Yadav, primer ministro del Estado de Uttar Pradesh, causó un escándalo al defenderla. Los dirigentes religiosos deben de haber meditado mucho antes de tomar esa decisión. Todos son muy doctos. Comprenden a la comunidad musulmana y sus sentimientos.


Es una declaración cobarde. La "cultura" de la violación, hoy vigente en la India y Paquistán, surge de profundas anomalías sociales, de la dureza inmutable de un código moral basado en los conceptos de honor y vergüenza. Su impiedad hace que las mujeres violadas sigan ahorcándose en los bosques y adentrándose en los ríos.


Cambiarla llevará varias generaciones. Entretanto, la ley debe hacer lo que pueda. La Suprema Corte de Paquistán ha dado un paso pequeño, pero significativo, en el caso Mukhtar Mai. Ahora les toca a la policía y a los políticos empezar a perseguir a los violadores, en vez de acosar a sus víctimas. En cuanto a la India, se debe admitir que cualquier país que pretenda ser una democracia moderna y laica debe secularizar y unificar su sistema legal. Y, de una vez por todas, debe quitar a las instituciones medievales como Darul-Uloom el poder que hoy ejercen sobre la vida de las mujeres.

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Armando Maronese

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Fuente: De Salman Rushdie (Versos Satánicos y Furia, entre otros)

Traducción de Zoraida J. Valcárcel

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