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Reconocerse a sí mismo como algo valioso

Por Armando Maronese - 2 de Octubre, 2006, 23:11, Categoría: Opinión

Educar en la autoestima - De las personas que se sienten bien consigo mismas y que suelen vivir la vida bien, teniendo la capacidad para resolver con seguridad los desafíos y responsabilidades que esta le presenta, decimos que tienen gran autoestima.

Podríamos definir la autoestima como "el valorarse a sí mismo como algo valioso" y siendo esta actitud "el punto de partida para el desarrollo positivo de las relaciones humanas, del aprendizaje, de la creatividad y de la responsabilidad grupal" (Clemens, Bean).

En estos tiempos de cambios súbitos y de una sociedad que ofrece una gama variada de adicciones (y no me estoy refiriendo solo a drogas y alcohol), la autoestima se convierte en un recurso del que es imprescindible dotar a nuestros niños y jóvenes.

De seguro que el primer lugar es en el seno de la familia, pero no por esto, los docentes, deben hacer oídos sordos a esta necesidad. Sembrar en los alumnos que les confiamos, la semilla de la auto-valía es el desafío.

La Palabra nos dice "amarás a tu prójimo como a ti mismo". La autoestima aparece aquí como condición imprescindible para amar al otro.

Educar en ella es esencial para prevenir, y el éxito de esta educación dependerá en gran parte del espejo que los maestros son para nuestros hijos. Son un espejo para ellos en el que se ven y aprenden. Son modelos que deben reflejar una fuerte autoestima. Todo lo que hagan, lo harán ellos. Aprenderán a poner limites y protegerse a si mismos, a aceptar como son y a sus conductas, cuando la propia valoración les lleva a los maestros hacer lo mismo. De esta manera introyectarán que, tanto nuestros hijos como los maestros, son importantes, que tienen necesidades legitimas que, con equilibrio, les ayudaran a satisfacer.

Nuevamente aquí aparece el ser asertivo: "defender los derechos propios al mismo tiempo que respetar los ajenos".

El primer paso para ayudar a construir la autoestima de una persona es verlo tal cual es, y no como desearíamos que fuera. Ver a los alumnos –nuestros hijos- tal cual son, les ayuda a reconocer sus capacidades y dones que le son propios; de esta manera, los guiarán para que descubran qué hay de especial en cada uno, reforzando lo positivo y ayudando a que modifiquen lo negativo. (San Pablo nos habla de los dones que a cada uno entrega el Espíritu Santo y que deben ser puestos al servicio de los demás).

Quienes se sienten comprendidos y aceptados por sus maestros, tanto en lo bueno como en lo malo, pierden el temor de ser rechazados, por lo que se convierten en más auténticos.

La escucha activa, es otro recurso para poner en práctica frente a la baja autoestima. Es importante que presten atención a nuestros hijos; que muestren interés para escucharlos y que los escuchen realmente. Cuando asumen esta actitud de escucha, sobretodo con los adolescentes, le estarán diciendo: "Me importa lo que haces, tu me interesas, eres importante para mi".

A esta altura, ya habrá padres que piensen en cómo los maestros pondrán los límites sin dañar la autoestima. La disciplina es necesaria y no tiene porque ser una agresión a la misma. Los niños criados sin disciplina tienen una baja autoestima y tienden a ser dependientes, rinden menos y tienen menos control del mundo que los rodea. Se les dificulta el poder decir NO. Tener expectativas razonables y claras es imprescindible, tanto como implicarlo en la resolución de problemas. Implicándolos en el proceso de la puesta de límites, cambiarán su perspectiva sobre el problema y se interesan más de los por qué y de los para qué de ese límite.

H. Keyserling escribió: "La disciplina es el mejor camino para la libertad pero, si se la concibe como fin en sí misma, degrada a la persona convirtiéndola en autómata".

Debemos recordar que, en todo vínculo educativo, el niño pone al maestro en relación con ellos mismos y con sus propias conductas. Disciplinar por venganza no es educar en la disciplina, sino simplemente eso: una venganza.

Es clave entablar una relación en la que se trate a los niños como personas: personas de poca edad (niños) o con contradicciones (adolescentes), pero como personas que pueden madurar y crecer. Una relación en la que se fomente la autoestima, se recalquen los aspectos positivos, se apoyen los logros y se ayude a elevar la confianza en sí mismos. Una relación que implique tolerancia, respeto y exigencia, al mismo tiempo que ayude a los niños a descubrir las cosas por sí mismos, actuando con responsabilidad para poder hacerse cargo de las consecuencias.

Un niño o joven, educado en la autoestima, tendrá mejores recursos para enfrentar al mundo de hoy. Y en esto, los educadores (familia, escuela, religión) tienen la responsabilidad. ¿Serán capaces de aceptarla?.

Armando Maronese

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