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¿Kirchner montonero?

Por Felipe Mendietta - 28 de Septiembre, 2006, 18:57, Categoría: Opinión

Se supo y se sabe. La idea de que el gobierno del presidente Néstor Kirchner es montonero no resulta nueva. ¿Y que otro gobierno puede haber del comandado por un montonero? Pues un gobierno montonero, que apuesta al todo o nada y no conoce los grises.

Desde el mismo momento en que el santacruceño Néstor Kirchner, recibió el bastón de mando de manos de Eduardo Duhalde y comenzó su gestión, rodeándose de ex–miembros de la citada organización terrorista, no fueron pocos los que creyeron ver en la actual administración, una marcada tendencia setentista, tanto más notable cuanto que contrastaba nítidamente con la ausencia de toda reivindicación —por parte de Kirchner, en sus años de gobernador de Santa Cruz— de los desaparecidos, los derechos humanos, la guerra revolucionaria y otros tópicos distintivos de las izquierdas y del progresismo en general.

¿Es este un gobierno montonero? La pregunta, que se las trae, necesita ser contestada sin suavidad. Hay quienes suponen que, por el solo hecho de haber convocado a colaborar en la función pública, a distintos integrantes de la banda que hace más de treinta años lideraba Mario Firmenich, Néstor Kirchner merece ese calificativo.

Claro que una visión semejante parece pasar por alto que Carlos Menem, en su momento, también tuvo entre los integrantes de su staff de colaboradores a varios ex–guerrilleros. Por lo tanto, carece de sentido sostener que el actual gobierno es montonero en razón de que Rafael Bielsa —otrora ministro de Relaciones Exteriores— tanto como su sucesor, Jorge Taiana, al igual que el diputado oficialista Miguel Bonasso y tantos más, pueblan sus filas. Al fin y al cabo, no sólo Taiana, sino también Bielsa —cierto que en una función poco significativa— estuvieron en la administración menemista.

Hay otros, todavía más exagerados, que estarían dispuestos a jurar por lo más preciado, que en algunas de las organizaciones piqueteras que existen —de manera especial en la que lidera Luis D"Elía—, hay una cierta semejanza con la organización Montoneros. No es que las consideren facciones idénticas, aunque puntualizan no sin marcada preocupación, que en el clima de violencia que se vive en la Argentina y en las formas prepotentes que caracterizan al mencionado mandamás piquetero, anida el espíritu de los montoneros.

La comparación, sin embargo, tiene algo —por no decir mucho— de forzada. Es cierto que las prácticas, dignas de una patota callejera que acostumbra desenvolver contra sus adversarios Luis D"Elía, nada tienen de civilizadas. No lo es menos que, aún en la inaudita toma de la comisaría de La Boca —el hecho de violencia más sonado que protagonizara el hoy subsecretario kirchnerista—, no hubo un plan orquestado para secuestrar armas o matar policías.

Confundir a D"Elia o a cualquier otro de su especie con Firmenich o Quieto, no resiste ningún análisis serio. El abismo que los separa —y sería inconcebible no reparar en ello—, es la disposición de matar y de morir, característica de los subversivos setentistas, por completo desconocida en los aprovechados piqueteros oficialistas. No hay punto de comparación entre un pasamontañas y un garrote con una ametralladora.

Por fin, están los que se dejan atrapar por cierto discurso setentista del santacruceño Kirchner respecto de nuestro pasado. Para éstos, cuando Kirchner reivindica a los 30.000 desaparecidos y, sin matices de ningún tipo, considera que con ellos cayó lo mejor de la juventud argentina, lo que está haciendo es lo mismo que los montoneros.

Bastan las simpatías intelectuales del presidente para convertirlo en un montonero treinta años después. ¿Que Horacio Verbitsky tiene arte y parte en el trazado de la política militar y en la designación de determinados funcionarios? Es verdad. ¿Qué Miguel Bonasso le parece al matrimonio Kirchner un escritor de primera? Es verdad. ¿Qué Carlos Kunkel es una suerte de lenguaraz presidencial que muchas veces anticipa lo que su jefe no puede decir en público? También es verdad. Aunque tamañas certezas y muchas otras por el estilo, que podrían enunciarse casi sin solución de continuidad, lo único que demuestran es que, efectivamente, éste es un gobierno que ha recepcionado en su seno a muchos miembros del ERP y de Montoneros en una gestión que —por oposición a la de Menem— lejos de buscar la reconciliación nacional, ha tratado de exacerbar los odios todavía latentes entre los argentinos, revolviendo y revolviendo suciedad, provocando con ello cada vez más olor.

Que haya montoneros en esta administración y que la visión en determinadas cuestiones públicas sea coincidente con la que expresan quienes hace tres décadas pertenecieron a esas bandas armadas revolucionarias, no cierra la cuestión planteada ni mucho menos. Entre otras razones, porque no todos los montoneros de ayer piensan hoy lo mismo que en 1970. Si fuese por las líneas de razonamiento que acabamos de enumerar a grandes rasgos, habría que decir que Lula o quienes acompañan a Michelle Bachelet en Chile son marxistas en virtud de su pasada militancia. Bien está no olvidar los orígenes de los actores políticos a condición de saber que las fotografías —sobre todo si son antiguas—, resultan menos importantes que la película que refleja, en movimiento, su pasado y su presente.
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Y sus conmilitones, que algo todavía conservan de su militancia juvenil, lo guardan celosamente en algún lugar del corazón. La impronta montonera se transparenta en la metodología de jugar continuamente a todo o nada. Kirchner, como animal político, busca el poder como primera instancia, pero no sólo eso, sino que aprovechando el poder aviva cada día su odio hacia todo contra lo cual luchó en los setenta y, en esa búsqueda, confronta sin medir riesgos. Cuando nos preguntamos porqué permite que D"Elía haga tal o cual cosa; cuando avala los aprietes de Guillermo Moreno a los empresarios; cuando embiste al mismo tiempo contra las Fuerzas Armadas, la Iglesia y los empresarios, lo que hay que tener presente es que desconoce los grises porque está obnubilado por el odio de antaño. Si no se entiende la metodología, es inútil tratar de contestar el porqué de sus decisiones. Esta en su naturaleza. De la misma manera que estaba en la naturaleza del todo o nada matarlo a Rucci y tirárselo a Perón para que se diese cuenta de quiénes tenían los fierros, o pasar a la clandestinidad y buscar el golpe militar conforme a la idea de que "cuanto peor, mejor".

Solo en la convicción de que siempre hay que apostar a todo o nada, de fomentar el odio hacia el prójimo, de gustar revolver y revolver siempre la basura del pasado, el gobierno de Kirchner se define y se parece a la organización Montoneros.

Felipe Mendietta

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