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La concertación kirchnerista se parece al Pacto de Olivos

Por Patricia Bullrich - 1 de Septiembre, 2006, 18:18, Categoría: Política - Políticos

El gran problema de todas las concertaciones que se han intentado en la Argentina se construyeron sobre la base de los dos grandes partidos, la Unión Cívica Radical y el Partido Peronista y así, nunca se pudo lograr una verdadera renovación política, apenas se alcanzaron de imagen. ¿Qué hacer ahora cuando, además, el Partido Peronista se encuentra en anarquía y la UCR en crisis por fractura? La autora formuló su propuesta.

BUENOS AIRES.- Las ideas que aún persistían como distintivas de uno y otro partido de los que tradicionalmente representaban a la ciudadanía, peronismo y radicalismo, están casi extinguidas. La historia vuelve a repetirse y lo que intentó Raúl Alfonsín hace 23 años, cuando decidió reconvertir el espacio político bipartidista en un sólo tercer movimiento histórico, vuelve hoy de la mano de Kirchner.

La dialéctica peronismo- radicalismo que ha caracterizado la política del siglo XX y que, se arrastra a esta primera década del siglo XXI, no hace más que demostrar que ya hace mucho tiempo, pese a su persistencia, peronismo y radicalismo han dejado de ser alternativas que representan para la sociedad la posibilidad de elegir entre proyectos diferenciados. Más aún, la historia del radicalismo parece trágicamente determinada por la historia del peronismo. Desde Quijano hasta Cobos hay una larga historia de recurrencias que se repite con cierta sistematicidad.

Esta convivencia-connivencia ha sido mas trágica para el radicalismo que para el peronismo, que por su grado de flexibilidad y su reconocida capacidad de manejar el poder ha sido quien claramente ha salido ganando de estas relaciones de maridaje que han sostenido a lo largo de tantas décadas.

El peronismo desprejuiciado puede repetir la historia una y otra vez. El radicalismo, que aún quiere mantener la máscara de representación de ciertas ideas democráticas, se desgaja.
 
Este juego que sobre todo hace laxos los límites entre ambos partidos, ha tenido una consecuencia clara: debilitar la democracia y el sistema de partidos. Difícil distinguir oposición de oficialismo. Difícil que la ciudadanía entienda roles diferenciados en ambas responsabilidades. Difícil, mas allá de personas, distinguir ideas. Difícil saber que programa de gestión se vota, al votar a uno y otro.

El radicalismo, una vez más, quiere enfrentarle a Kirchner, una concertación de la misma naturaleza que la conducida férrea y patrimonialmente por el actual presidente.

Peronistas y radicales, radicales y peronistas, conforman la base sustancial de ambas concertaciones. No importaría tanto si fuesen sólo las personas, pero son fundamentalmente las prácticas las que subsisten.

La respuesta al interrogante parece surgir con claridad: el pacto de Olivos fue la estrategia de Alfonsín para que el peronismo no avanzara sobre el radicalismo como había avanzado sobre otras fuerzas políticas.

Alfonsín quería ser el representante directo de los intereses de sus gobernadores, intendentes, y quería ser quien repartiese las tajadas institucionales que derivarían de esta decisión. La diferencia del Pacto de Olivos con la Concertación Kirchnerista, es que la cúpula radical era quien administraba el poder hacia sus correligionarios.

De esta manera, el sistema tenía una pátina de bipartidismo. La realidad era que muchas de las decisiones se determinaban por intereses distintos a los emanados de la representación de la sociedad, algo que hoy se vuelve a mostrar con transparencia.

Hoy se debatirían dos modelos de tercer movimiento histórico: uno conducido desde el poder por Kirchner y otro liderado por Alfonsín.

Así, como en el pasado, se precisó de un tercer actor que vino a cuestionar este pacto, esta connivencia, ésta reducción del rol opositor a mero cómplice de las políticas gubernamentales, hoy también para construir una auténtica oposición precisamos un tercer actor que no esté involucrado en esta larga y recurrente componenda.

Al convertirse el radicalismo en parte del mismo espacio oficial, nace el FREPASO como un núcleo de sectores políticos sociales, capaces de construir una alternativa a la complicidad de un sistema político que hacía cada día más difusas sus fronteras.

Hoy se precisa una coalición político social que sea capaz de construirse como alternativa. La sociedad precisa una representación alternativa.

La sociedad al votar a la ALIANZA no votó un programa de gobierno, votó sobre todo una actitud y amnistió para ello a la UCR, que , escondida atrás del prestigio de la joven estructura , logró que la gente decidiese pasar por alto los problemas estructurales que el radicalismo había adquirido en su práctica gubernamental y su práctica opositora.

En realidad, y este es el tema más importante a analizar, la sociedad quiso ver, para ganarle a Carlos Menem, en el radicalismo, lo que el radicalismo no tenía.

La sociedad convirtió al radicalismo en lo que quería ver y no en lo que expresaba el viejo partido.

Ahora Alfonsín cree que puede, con la figura de Lavagna, producir una amnesia similar. El objetivo no es que gobierne Lavagna: el objetivo es volver a ser reconocido como interlocutor, volver a colocar al radicalismo en su lugar de oposición funcional.

Lavagna es para Alfonsín una herramienta, tal como fue la reelección en la reforma constitucional, un recurso al que se le podía sacar jugo. Algo parecido sucede ahora. Hace una década la sociedad no concebía la posibilidad que Menem perdiese una elección. Ahora no concibe que Kirchner pierda una elección.

Así como la "concertación Kirchnerista" es un brazo más del poder presidencialista, se quiere construir una concertación opositora a imagen y semejanza del poder. Como sucedió en el Pacto de Olivos.

¿Que sistema político tenemos entonces hoy vigente en la Argentina?: el sistema que se organiza por el manejo patrimonialista del Estado, y este sistema quiere tener su oficialismo y su oposición. Las dos concertaciones, por eso, se precisan mutuamente.

Fotocopias –  El sistema político argentino funciona como el sistema solar: todos giran alrededor del poder.

Las opciones que nacieron en los últimos 23 años de democracia, tuvieron el mismo y previsible final:

 • El FREPASO desapareció y el Peronismo está vivo.

 • La UCEDE desapareció y el peronismo está vivo.

 • El PI desapareció y el peronismo está vivo.

 • El Bordonismo desapareció y el peronismo está vivo.

 • El menemismo desapareció y el peronismo esta vivo.

 • El duhaldismo desapareció y el peronismo está vivo.

 • El radicalismo no desapareció… y el peronismo está vivo…

¿Hacen falta más pruebas de la necesidad de un cambio matricial, de un cambio profundo de las bases de nuestro sistema político o vamos a seguir tropezándonos día a día con la misma piedra?

Las razones son varias, pero la más trascendente es que todos, en algún momento, pensaron que sólo podían vivir si giraban alrededor del peronismo. Todos se acercaron demasiado. No mantuvieron su personalidad y, como ocurre con el sol, todo aquello que se acerca demasiado termina desintegrado.

Hoy, nuevamente, una parte importante del radicalismo siente que para sobrevivir tiene que acercarse y la otra también. Una con el peronismo en el poder y la otra con el peronismo desplazado del poder. La filosofía de ambas es calcada.

¿Que gana Lavagna? - Un ex ministro de Kirchner con un grupo de duhaldistas y un grupo de radicales que se sientan a esperar la descomposición del poder kirchneristas. No parece un proyecto muy atractivo para Lavagna.

Tampoco es realista pensar, como le habrán prometido a Lavagna, que en este momento muchos dirigentes peronistas tomarán distancia del calor del dinero oficial para cruzar la vereda. O como habrán especulado los radicales, que ni bien anunciaban que Lavagna era candidato, iban a lograr que se frenase la diáspora de Gobernadores e Intendentes.

Está claro que el mini aparato que sostiene a Lavagna, está mejor ahora que antes de la aparición del ex ministro. No se podría decir lo mismo del ex ministro. La propuesta es buena para el mini aparato y bastante pobre para Lavagna que pone en la sociedad bastante más capital que el que recibe.

¿Que se puede esperar entonces? O que Lavagna para formar parte de un proyecto opositor decida salir del corset de este mini aparato y busque nuevos aliados, o que decida no ser candidato. Lo que seguramente no va a suceder, es que se presente con la fuerza que hasta ahora ha sabido conseguir.

Riesgos y oportunidades de la oposición -  El riesgo de los partidos políticos nuevos y de aquellos, que proviniendo de los partidos políticos tradicionales, no quieren jugar este juego, es el cansancio para volver a intentar un proyecto autónomo.

Explicaciones-justificaciones hay muchas.

 • El poder hay que pelearlo desde adentro.

 • Se debe leer a Maquiavelo.

 • Sin cargos nada se puede hacer.

 • Todo lo nuevo nace de lo viejo.

La capacidad que tiene este poder de demostrar que fuera de él nada tiene futuro es mucha, y la incapacidad de la dirigencia de mantenerse fuera de esta lógica es mucha también.
 
Los riesgos de la oposición:

 1. El síndrome de la soledad y de la lejanía del poder.

 2. Auto convencerse que hay poder K para rato.

 3. Creer que solo se puede gobernar con un poder idéntico al existente.

 4. Efecto "no se puede": no se puede gobernar la argentina si no es con los códigos de este poder.

Así, la oposición se convierte sólo en un blanqueador del mismo poder y se fortalece la gran paradoja argentina: lo que para el sistema político es su fortaleza y su supervivencia, es para la Argentina la síntesis de su decadencia.

Por eso los desafíos de la oposición son:

    

     Ø       Mantener su propio carril.

Ø       No dejarse conducir por el discurso oficialista, armando el propio sólo como respuesta al primero.

Ø       Dejarse ubicar en un tablero político social conducido por el oficialismo.

Ø       No discutirle el poder con los mismos parámetros, es decir aparato vs. aparato.

Así la oposición tiene que abrir su debate y debe animarse a:

 • Salir a la calle y representar un espacio social más que un espacio mediático.

 • Construir su discurso sin caer en el permanente "respuestismo".

 • Buscar nuevas adhesiones, no tanto en las viejas estructuras sino en la sociedad.

 • Animarse a enfrentarle a un poder personalizado, un poder colectivo de ideas, programa, es decir no oponerle a Kirchner un candidato sino un programa y una capacidad de gobierno.

Empezar es el desafío y es, ahora.

Por Patricia Bullrich

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