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Fue un éxito y lo hicimos entre todos

Por Edgar Mainhard - 1 de Septiembre, 2006, 0:59, Categoría: Los Kirchner .Tiranías fascistas.

Lo que somos - La marcha terminó y salió bien: 80.000 personas. Fue multitudinaria pese al acoso y la amenaza permanente. En seis oportunidades el presentador, desde el palco, arengó con un "¡Viva la Patria!" y en cada ocasión encontró a una multitud dispuesta a responderle con energía con otro "¡Viva la Patria!". Fue extraordinario el regocijo por la recuperación del valor simbólico de la "Patria", que no es un término obsoleto ni ridículo. Si bien quienes destruyen las identidades colectivas de la Nación se afanan por desprestigiar el concepto de "Patria", quienes estuvimos esta noche en Plaza de Mayo sentimos precisamente eso: que estábamos participando de un gran esfuerzo solidario por la supervivencia de la Patria, amenazada, vilipendiada, ignorada y saqueada.

La liturgia propia de los actos de Juan Carlos Blumberg incluye una bendición de un rabino, un pastor evangélico y un sacerdote católico, el Himno Nacional en la apertura y la canción 'Aurora' en la despedida. Pero esta vez, el acto en Plaza de Mayo fue más allá en la necesaria recuperación de la 'Patria' nuestra, tanto individual como colectiva, en un escenario histórico, de todos pero que sin embargo se nos negaba porque delincuentes disfrazados de funcionarios, como Luis D'Elía, afirmaban que la Plaza de Mayo era "de las Madres y las Abuelas", cuando el 24 de marzo último, otras organizaciones de izquierda concentradas en esa Plaza precisamente dejaron en claro que Plaza de Mayo no es exclusividad de nadie. Y D'Elía no estuvo en esa Plaza para socorrer a las Madres y Abuelas que, además, tampoco asistieron a la 'contramarcha' a que convocó D'Elía a metros del Obelisco.

En Plaza de Mayo pudimos, además, no solamente dejar en claro que las intimidaciones no nos importan sino que dejamos de ser ciudadanos de segunda, gente a la que se nos exige que paguemos nuestros impuestos para que con ese dinero Kirchner pague el clientelismo con el que intenta atemorizarnos cuando pretendemos manifestarnos por algo con lo que no coincidimos. Tan injusto como intolerable. La Plaza sirvió para, entonces, dejar en claro que tenemos los mismos derechos que los otros que viven de nosotros. Al respecto hubo un claro sentido reivindicatorio de nuestra identidad.

Torpeza de Kirchner - Quienes asistimos a la Plaza todavía no entendemos porqué le molestó tanto al Presidente esta convocatoria. En lo personal sospecho que es el Presidente quien pretende adueñarse de la Plaza de Mayo con esa avaricia desmedida que lo caracteriza, esa gula por el poder que lo acompaña, que sólo desnuda a un personaje que llegó al poder con el 23% de los votos, de personalidad insegura y, a menudo, frágil desde lo intelectual. Porque Néstor Carlos Kirchner no es un estratega ni un estadista.

Es tan torpe, que no solamente se opuso a esta exitosa marcha convocada por Juan Carlos Blumberg sino que promovió otra, que fracasó estrepitosamente, porque D'Elía y Barrios de Pié terminaron en la suya, y el ridículo Adolfo Pérez Esquivel finalizó en otra, en medio de un grotesco nunca visto en la historia reciente de las convocatorias políticas.

"Esto no fue lo que me prometieron", masculló Pérez Esquivel cuando descubrió que el auditorio que lo escucharía era el resultado de una leva en barrios de emergencia de La Matanza y José C. Paz a $ 40 y $ 50 por cabeza. ¿Qué esperaba Pérez Esquivel?

La incapacidad de las dos vertientes del 'kirchnerismo' (el clientelismo prebendario y los organismos de derechos humanos de izquierda) para ponerse de acuerdo tan siquiera en la organización de un acto público contra un adversario en común (como sería Blumberg), es la demostración más completa de la fragilidad que exuda Kirchner.

De la presión al éxito - No fue fácil llegar hasta Plaza de Mayo en esta oportunidad. Durante los días y las horas previas la presión en contra de la convocatoria fue enorme. De la presión se pasó a la amenaza. Luego a la extorsión. Más tarde a la provocación. Si no podía detenerse la marcha, al menos había que desalentarla. Para esto se la atacó, se intentó ridiculizarla, cuestionarla y acosarla.

Por eso fue tan intenso el sentimiento colectivo de serena satisfacción que acompañó a cada uno de los participantes durante la desconcentración. Porque todos quienes estuvimos en la Plaza sabíamos con precisión el significado del éxito logrado. Porque todos quienes marchamos a la Plaza decidimos desafiar a los intolerantes y llevarnos el premio impagable de poder decir "Yo estuve ahí" que es como murmurar: "Yo ayudé a que la historia comience a cambiar".

Convengamos que la Argentina no puede ser esto. La Argentina se merece algo grande, amplio, contenedor y generoso, que no es precisamente esto que padece desde hace algunos años que resulta todo lo contrario: mezquino, pequeño, antropofágico, injusto.

No en vano la multitud comenzó pidiendo "Justicia / Justicia / Justicia"; todos sabemos que en la Argentina falta Justicia y eso es responsabilidad de todas sus instituciones y de todos quienes hacemos las instituciones. Lo importante es darse cuenta, comprenderlo e intentar modificar aquello que está mal. Esa coincidencia de miles de personas presentes -y muchas otras que permanecieron en sus casas pero hubiesen querido estar presentes-, simbolizadas en gente tan diversa como Juan Carlos Blumberg y Raúl Castells, fue conmovedora.

Castells repartía un volante firmado por su Frente de los Trabajadores y el Pueblo, que en un párrafo sostiene algo con lo que resulta imposible no coincidir: "Respetando las ideas diferentes, proponemos atacar las bases del problema: la falta de trabajo y oportunidades, el empleo precario, la niñez y juventud abandonada, el mal estado de la educación, la corrupción policial e institucional, entre otras".

Todo hace a la inseguridad y al delito. Hay que trabajar efectivamente sobre la prevención, para ahorrar en vidas, en tiempo, en energía, en cárceles, institutos de menores y existencias destrozadas. Si toda la prevención no fuese suficiente, hay que trabajar sobre la represión de quien delinquió.

No es difícil de comprender. Pero el Presidente no quiere / no puede / no sabe comprenderlo, y considera que quienes opinan así son adversarios a quienes ya se encargará de atacar, mañana en alguna aparición pública. Porque el Presidente nos responderá en horas más, ya que en la Plaza se deslizaron conceptos durísimos acerca de él y su administración, fundamentados por cierto.

El día después - Un problema que no puede resolver el Presidente, es que a él le hubiera fascinado que quienes estábamos en la Plaza, apoyáramos su gestión. El Presidente daría mucho por tenernos, y lo maravilloso es que no puede comprarnos. Quienes estábamos en la Plaza nos sentíamos poderosos porque el Presidente no logra seducirnos ni atemorizarnos, y él sabe que valemos más que el bufón D'Elía y todo ese esfuerzo pago con que intentan compensar su ausencia de magnetismo, su carisma cero y su impericia manifiesta.

¿Qué pasará mañana, además de tener que escuchar al Presidente respondernos? Hay por lo menos cinco conceptos primarios que se pueden destacar:

* Sigue intacta la capacidad de movilización de quienes no opinamos igual que Kirchner, y es sorprendente: no hay otra fuerza semejante en la Ciudad de Buenos Aires, espontánea, gratuita, valerosa y militante.

* Kirchner marcha rumbo a otra derrota en la Ciudad de Buenos Aires, y a Daniel Scioli más le vale darse cuenta ahora y no después cuando haya rifado su capital político. Es probable que por eso, Scioli fue el único funcionario que le atendió el teléfono a Blumberg, quien pretendía entregar un petitorio con recomendaciones sobre seguridad.

* Kirchner no moviliza si no es pagando. Si le quitaran la capacidad de prostituir, no sabría qué es el sexo. Y aún así le fue mal.

* El Kirchner todopoderoso está demostrando una extraordinaria velocidad de desgaste. Hay un evidente deterioro en la imagen pública de Kirchner, con consecuencias aún imprevisibles.

* No es gratuito jodernos. Y esto recién comienza. Vamos por más.

Por Edgar Mainhard

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