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Cayastá, a un paso de la naturaleza

Por Alejandra Passarelli - 31 de Agosto, 2006, 16:16, Categoría: Campo - Pueblos - Ciudades

CAYASTA, Santa Fe.- Además de la posibilidad de descansar al aire libre, esta localidad de incipiente desarrollo turístico, contiene las legendarias ruinas de Santa Fe La Vieja. La naturaleza, con su belleza autóctona, a veces puede estar a la espera de su descubrimiento. El corredor costero santafecino con su río y su paisaje natural abren las puertas para su exploración. A diferencia de Córdoba y Entre Ríos, que tienen un alto desarrollo turístico, Santa Fe viene rezagado. "Es incipiente, pero la provincia se está animando al turismo", declaró el escritor santafecino Néstor Fenoglio.

Los emprendimientos turísticos y la pesca, actualmente cobran importancia en el desarrollo de la región. "Explotar turísticamente la zona es importante no sólo por los ingresos que podrían generar para el área, sino por las posibilidades que le daría a ésta de desarrollarse a mayor escala y por la mano de obra afectada", señaló Angela Rolón, de Cabañas Cayastá, uno de los emprendimientos más recientes en la zona que rodea a la antigua localidad de Cayastá.

Es que Cayastá, en el departamento Juan de Garay, a 80 kilómetros de la ciudad de Santa Fe, es uno de los pueblos que comenzó a abrir sus puertas para el turismo. Antigua reducción instalada entre 1784 y 1820, este pueblo es el centro del turismo regional costero sobre todo por su historia, ya que en él se encuentra el Parque Arqueológico de Santa Fe La Vieja, declarado Monumento Histórico Nacional.

En Cayastá empezó la historia de la fundación de Santa Fe en 1572, cuando el teniente del gobernador Martín Suárez de Toledo convocó a la gente del pueblo a fundar una ciudad. Juan de Garay compartiría la misma misión. Así fue que el 15 de noviembre de 1573, sobre la barranca occidental del río de los Quiloazas (hoy San Javier), se erigió Santa Fe, según la traza típica de una ciudad española, con una cuadrícula formada por calles que se cortan en ángulo recto.

Fue en el siglo XVIII cuando el Cabildo ordenó el traslado de la ciudad, programado hacia el sur en la desembocadura del río Salado, debido al aislamiento comercial de Santa Fe La Vieja por las crecientes del río y, según algunos historiadores, por las constantes incursiones de los calchaquíes. Y allí es hoy adonde se encuentra la actual capital, Santa Fe de la Vera Cruz.

Sólo en 1949 se iniciaron las excavaciones que sacaron a la luz a Santa Fe La Vieja. "Actualmente sólo el 39% está explorado", señaló la guía local Nidia Richard. El parque arqueológico adonde permanecen las ruinas de la vieja ciudad es el testimonio de la vida urbana en tiempos de la colonia.

El diseño de la casa ambientada, la Iglesia Cementerio de San Francisco, el museo con numerosas curiosidades como un antiguo bernegal (especie de recipiente para tomar mate) son algunos de los elementos que fueron hallados en las tareas arqueológicas que retrotraen a ese pasado que hoy se quiere rescatar.

En la comuna de Cayastá, en 2005, los vecinos crearon el Museo del Recuerdo Cecil José González, donde cada uno hizo su pequeño aporte de historia en lo que fue el viejo almacén de ramos generales. Allí se pueden encontrar un mimeógrafo del cine Libertad de la década del 30, un andador para niños del 40 y numerosas herramientas que muestran el pasado agricultor y ganadero de la zona. "Se nos hace difícil rescatar algunas antigüedades ya que vienen personas a comprar a precio dólar lo que podría quedar en el museo", se lamentó su director, Jorge González.

Emprendimiento - Entre toda la historia y el paisaje costero que exhibe la región, aparecen pequeños emprendimientos, como las numerosas cabañas que brindan alojamiento al turismo. Uno de estos emprendimientos es de la familia Rolón, que en 2001 pensó aprovechar la belleza del río San Javier haciendo un complejo habitacional, al que bautizaron Cabañas Cayastá.

Lo realizado no está cerca del río, sino en el río mismo, y está preparado para que los visitantes disfruten de la pesca, preparen su propio pescado y elijan las verduras de la propia huerta orgánica, para sentirse como en su casa. "Pensamos este emprendimiento para la familia y los pescadores", señaló Angela Rolón. Además de las clásicas comodidades, las cabañas tienen casas en los árboles para los más chicos, laberintos arbóreos y piscinas.

Por Alejandra Passarelli

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