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Estancia Bella Vista

Por Yuyú Guzmán - 27 de Agosto, 2006, 15:02, Categoría: Campo - Pueblos - Ciudades

CASTELLI.- En medio de la belleza de sus lomas y parques, surge allí el recuerdo de la trágica historia de Felicitas Guerrero. Es un paisaje mágico a orillas del río Salado. Ondulantes por las lomas y las curvas del río, estas tierras dibujan redondeces en las típicas rectas del paisaje pampeano. Justamente, es el río Salado, en el este bonaerense, con su recorrido sinuoso el que ofrece la bella vista que da nombre a esta estancia.

En su origen éste era un puesto de la estancia La Postrera, propiedad de Martín de Alzaga, esposo de Felicitas Guerrero. El drama de esta trágica mujer, tantas veces contada, convirtió a su padre en estanciero cuando ella murió, viuda y sin hijos, víctima de un crimen pasional. Desde entonces, Carlos Guerrero y su larga descendencia, trabajan estas tierras con un espíritu rural que honra la memoria de la joven desdichada.

Una foto oval de ella, ocre y esfumada, cuelga en una de las paredes de la casa de esta estancia, como una referencia familiar inolvidable.

Con la desaparición de Carlos Guerrero, esta sección llamada Bella Vista quedó para su hijo, José Guerrero Cueto. Estaba casado con su prima Luisa Guerrero y tenía cuatro hijos: Luisa, María Isabel, Esther y José Carlos.

Esta generación destaca la acción espiritual de las mujeres en la estancia, relatada por Inés Guerrero de Llobet. Inés recordaba los largos veranos de su niñez en Bella Vista, y evocaba principalmente las fiestas que hacía su abuela Luisa, mujer muy piadosa y filántropa.

Eran los tiempos en que en las estancias trabajaba mucha gente y las esposas de los propietarios acostumbraban a ocuparse de llevar los servicios religiosos a las familias a su cargo. En esta estancia de su abuela y de sus tías se celebraban los casamientos, los bautismos y las comuniones, tanto de la familia propia como del personal, para lo que las dueñas impartían las enseñanzas del catecismo.

Estos acontecimientos, lo mismo que la Navidad y otras festividades religiosas, daban oportunidad a grandes fiestas en Bella Vista, organizadas alegremente por Luisa Guerrero y sus piadosas hijas, con la asistencia de la parentela que veraneaba en la comarca, los vecinos más allegados y el personal.

Algunas veces, el acontecimiento era tan importante que se contrataban artistas de Buenos Aires y se compraba el cotillón más vistoso que se conseguía.

Entonces, los invitados que venían en tren se bajaban en la estación Guerrero y los que vivían en el paraje llegaban en coche, en sulky o a caballo. El tiempo de estas costumbres tan arraigadas en las estancias tradicionales, tuvieron su apogeo en la primera mitad del siglo XX.

Con el correr de los años, no sólo pasaron a la historia las fiestas de la abuela Luisa en Bella Vista, sino que se fueron yendo los padres y los tíos y otra generación fue ocupando sus tierras. Y otros tiempos vinieron a imponer nuevas costumbres.

Casa centenaria - Cuando Inés Guerrero obtuvo la titularidad de esta estancia de sus mejores recuerdos, se abocó a devolver la importancia arquitectónica a la vieja casa de sus abuelos.

La casa se levanta centenaria y airosa, vetusta y formidable, frente al río que por allí pasa ancho y plateado. Fue construida y reconstruida sobre un asentamiento primitivo. Alrededor de 1930, el arquitecto Von Hausse le dio la imagen actual por encargo de José Carlos Guerrero. El parque, en el que abundan los talas entre los árboles de adorno, fue diseñado por la firma Neira y Escurra.

La última novedad, es que se ha sumado al circuito de estancias que brindan servicios turísticos, de modo que la bella vista que se disfruta desde su casa y su parque podrá ser observada por aquellos a los que les gusta la vida rural.

Por Yuyú Guzmán

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