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Salir del infierno de la guerra con la vida metida en dos valijas

Por Silvia Pisani - 19 de Julio, 2006, 3:09, Categoría: Conflictos bélicos

LARNACA, Chipre.- Brilla el sol del Mediterráneo, en el puerto que hoy tiene la forma de brazos abiertos. Una campana anuncia la llegada de quienes, literalmente, tuvieron que meter la vida en dos valijas y escapar de su casa para dejar atrás el espanto del bombardeo israelí sobre Beirut. Son parte de los miles de evacuados de diversos países que han abandonado en las últimas horas la zona de guerra en Medio Oriente.

El dramático éxodo continuará en los próximos días con nuevos operativos, organizados por diferentes gobiernos. El desplazamiento humano ya se ha convertido en uno de los mayores desde la Segunda Guerra Mundial y provoca escenas desgarradoras.

De bandera griega, pero operado por el gobierno francés, Ierapetros es el nombre de uno de los barcos utilizados en esos operativos. Hay emoción cuando su proa se acerca al muelle, y también cuando se instalan las planchadas y salen los primeros evacuados. Muchos lloran y hasta alguno ensaya un tímido beso al suelo chipriota. "Es horrible. Lo que está pasando, es horrible", murmuran.

Otros llevan la vista baja y todos, todos, repiten el único mensaje: "Gracias, gracias, no tengo palabras para agradecer". Y el afecto de semejante reconocimiento se lo lleva, en este caso, Francia, que dispuso un operativo relámpago para socorrer a quienes no podían salir del país devastado por los ataques. Hace unas horas ocurrió algo parecido con Italia y Noruega, que también organizaron operativos similares. Brasil y España, en cambio, lo hacen por aire, con aviones que parten de Damasco y pasajeros que llegan, como pueden, por la frontera terrestre que separa a Siria del Líbano. Y lo de "como pueden" es porque la aviación israelí bombardeó los pasos.

Bajan los pasajeros, pero no todo son agradecimientos. "¿Dónde está el barco de Estados Unidos?", se quejan varios estadounidenses residentes en el Líbano generosamente rescatados por Francia. "Tengo que dar las gracias a Jacques Chirac de por vida", añadió una profesora universitaria, indignada porque su gobierno -dijo- "no fue capaz de moverse". Varios repiten críticas similares. Poco después, las autoridades de Estados Unidos anunciaban el envío de cinco buques de guerra para evacuar a ciudadanos de ese país, al tiempo que negaban haberse demorado en la ayuda.

Pese a que no se los ve, porque no pueden recorrer la planchada por sí mismos, a bordo vienen también varios heridos, algunos de ellos graves, que siguen viaje inmediatamente a París en avión.

En cambio, sí fue notorio el grupo de menores de edad que viajaron solos, puestos a salvo por sus padres, aún imposibilitados para dejar la ciudad en llamas. Bajan en orden, despacito, sin saber muy bien qué les espera.

De distinto contenido, su desasosiego es el de muchos. El viaje hasta aquí está garantizado, pero de aquí en más ¿qué? Cada uno queda en manos de lo que pueda ofrecerle su propio consulado o, en el mejor de los casos, sus familiares en el lugar de origen.

"Yo, la verdad, no sé muy bien para dónde agarrar", confesó horas atrás el argentino Daniel Alluch, quien, procedente de Beirut, llegó a esta ciudad el lunes último merced a un rescate organizado por Italia, a cuyo gobierno "y su gente" no se cansa de reiterar su agradecimiento.

Es que para la mayoría la escala termina aquí, en una ciudad que en buena medida vive del turismo más exclusivo, con hoteles y servicios que no están al alcance de todos. La elegante y refinada Larnaca se arremangó ayer como la más eficaz y decidida enfermera de emergencias.

Era, sí, un paisaje curioso: personas en toallas de playa junto a otras que lloraban, angustiadas. "Estamos desbordados", explicaban en un hotel. En la recepción se apiñaban por igual viajeros con equipaje y ropa elegantes y evacuados con su vida envuelta en un paquete. Y galletitas envasadas como única y desesperada dieta.

"¿Cuál es la razón para atacar a gente inocente? Dicen que quieren luchar contra los terroristas, pero ¿qué es esto? ¿A quién están matando y por qué?", decían algunos de los recién llegados, Otros, en los que la tensión de las horas vividas había causado estragos, no tenían ni fuerzas para hablar.

Escape de la locura - "No puedo creer que Israel esté hacienda esto. Nos hemos escapado de esa locura con imágenes que me hicieron acordar a los trenes de la Segunda Guerra", reflexionó, a su vez, Alluch.

En su caso, son cinco de familia y sólo tuvieron unas horas para abandonarlo todo. "Envié un correo electrónico a la embajada de Italia en plena medianoche. No tenía muchas esperanzas, pero a las 2.30 sonó el teléfono y dijeron que nos aceptaban, que teníamos que estar en sus oficinas a las seis", relató. Así empezó el viaje de retorno que aún no termina, pero en el que lo peor ya pasó.

Mientras el consenso internacional se demora, el operativo de evacuación se aceleró ayer, con la huida masiva del país de miles de personas, de nacionalidad española, francesa, alemana y rusa especialmente, por mar o por carretera, para escapar de los incesantes bombardeos israelíes.

En el muelle se ven valijas por todos lados, bultos pequeños y, en algunos casos, apenas modestos paquetes armados a las apuradas. Los recién llegados se aferran a ellos como único lazo con lo que perdieron bajo el bombardeo.

Dentro de pocas horas, cuando esté oscuro, el Ierapetros volverá a zarpar. Su nombre significa San Pedro. Y hoy es lo más parecido a un abrazo en medio de la sinrazón.

Por Silvia Pisani

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