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La ONU advierte que el Líbano sufre una tragedia humanitaria

Por Armando Maronese - 19 de Julio, 2006, 2:56, Categoría: Conflictos bélicos

BEIRUT.- Casi un millón de personas, se vieron obligadas a dejar sus hogares por los ataques israelíes en el Líbano y decenas de miles de ellas, duermen ahora al aire libre o se agolpan en edificios públicos, donde ya escasean los productos de primera necesidad. La situación humanitaria en el Líbano se tornó "catastrófica", advirtieron ayer organismos internacionales, mientras el primer ministro libanés lanzaba un dramático llamado a la comunidad internacional para que se intente frenar los bombardeos.

"La situación es alarmante y catastrófica", aseguró el representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en Beirut, Roberto Laurenti, quien estimó que la cantidad de desplazados rondaba las 500.000 personas. Sin embargo, esa cifra superaría el millón según los cálculos de la vocera de la ONU en Ginebra, Marie Heuzé, quien observó que "la ciudad de Beirut y el sur de Líbano han quedado prácticamente vacíos".

Según los datos de la Oficina de Coordinación de Ayuda Humanitaria de la ONU (OCHA), que advierte que el número de desplazamientos es muy difícil de calcular, por lo menos 30.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares en el sur del Líbano.

El ministro de Finanzas libanés, Yihad Azur, dijo que hasta ayer 60.000 personas estaban refugiadas en edificios públicos y otras tantas habían sido alojadas en casas particulares, cifra que aumentaría en los próximos días.

El premier libanés, Fuad Siniora, acusó ayer a Israel de "destruir todo lo que permite al Líbano mantenerse en vida" y de buscar un retroceso de medio siglo en el país, al renovar su pedido a la comunidad internacional para que intente lograr un alto el fuego inmediato.

En Beirut, ciudad de 1,8 millones de habitantes que recién comenzaba a recuperarse de los estragos de la guerra civil que terminó en 1990, los ataques israelíes destruyeron elementos clave de la infraestructura de la capital libanesa. Por ejemplo, el aeropuerto internacional, puentes, carreteras y reservas de petróleo.

Allí, como consecuencia de los recientes ataques israelíes, la escuela Emir Shakib se convirtió en el refugio de 1.500 personas. La mayoría son niños, ancianos y mujeres que huyeron de las zonas más castigadas por los bombardeos israelíes.

La tristeza y el cansancio de los refugiados, junto a la intranquilidad por abandonar sus hogares y a muchos de sus familiares, no reduce su apoyo al grupo chiita Hezbollah. "Nos quedaremos aquí hasta que ganemos la guerra a Israel", dijeron varios, consultados sobre el tiempo que creen que tendrán que pasar lejos de su casa.

Muchos de ellos se quejaban de que las aulas estaban llenas, por lo que cerca de 200 personas debían permanecer -y también dormir-, en la parte techada del patio, donde se refugian del calor.

Isdihar se refugió en la escuela junto con sus ocho hijos y su marido hace seis días, cuando los bombardeos provocaron graves daños en su vivienda. "Estamos cansados y tristes -confesó-. Hemos visto cómo disparaban los barcos israelíes y eso asustaba a los niños. Ahora estamos cómodos y tenemos colchones [tres para toda la familia], aunque hace falta comida."

En la habitación contigua, en un antiguo despacho de profesores de menos de 20 metros cuadrados, viven Alí y 15 familiares que también huyeron del sur de la capital. "Sólo tenemos esto para comer", dijo Alí, mientras mostraba pan, un poco de queso y fruta que dejó de estar madura hace días. La noche anterior, señaló, hubo incluso "peleas entre la gente" motivadas por la falta de comida y agua.

Sólo cenizas - Otros no tuvieron ni siquiera la suerte de encontrar un techo. La escuela Rene Mauad, donde están viviendo casi 400 personas, ya no acepta más desplazados porque está saturada y tiene carencias de "comida, agua y sobre todo medicinas, porque hay muchos niños y ancianos", según explicó uno de los voluntarios que trabajan allí.

"¿Habrán quedado mis hijos sepultados bajo los escombros? Sólo Dios lo sabe", se preguntaba ayer Um Hassan, una desconsolada madre libanesa que se vio forzada a huir de los suburbios del sur de Beirut, y que durmió la última semana en una plaza de la capital libanesa junto a otras 250 personas.

"Me encontraba en el trabajo cuando empezaron los bombardeos israelíes. Al volver a casa, sólo quedaban cenizas. Me dijeron que me fuera rápidamente de la zona. De eso hace ahora siete días, e ignoro si mis hijos quedaron sepultados bajo los escombros o si están sanos y salvos en algún lugar", se lamentaba esta viuda. "Ahora ya no me queda nada ni nadie. Solamente Dios", agregó, mientras señalaba el cielo.

Armando Maronese

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Fuente: Agencias EFE, ANSA y AFP

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