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Descubriendo el propio cuerpo

Por Armando Maronese - 2 de Julio, 2006, 2:39, Categoría: Ciencia - Salud

El ser humano, por su componente biológico, trae consigo cierta información inherente a su sexualidad y orientada a la continuidad de la especie, como otros animales. Pero por su gran desarrollo mental y psicológico, jalonado por siglos de cultura, hay todo un universo de posibilidades con respecto a la sexualidad que hombres y mujeres deberán aprender a lo largo de su vida. Los primeros años son quizá los más importantes, no sólo por la cantidad de datos que se puede aprender, sino porque las experiencias de esta etapa nos marcarán para toda nuestra vida.

Los niños exploran su cuerpo y el de otros a través del juego, experimentando placer o displacer y, el modo en que los adultos acompañen esa búsqueda, los hará convivir con su cuerpo y su sexualidad durante el resto de su vida de una manera sana o patológica, placentera o dolorosa.

Se entiende por masturbación infantil todas las experiencias placenteras que los niños viven en relación con su propio cuerpo, principalmente con sus órganos genitales, pero no en forma exclusiva. Otras zonas, como en general la boca o el ano, y en particular cualquier lugar que se relacione con una sensación placentera, conformarán luego el mapa erógeno de cada persona.

Experimentar con naturalidad esas vivencias demanda de los padres gran madurez, necesaria para hacer una contribución sustancial a la estructuración de una sana sexualidad de los niños.

Esta intervención en la educación sexual se hace conscientemente o no. Desde el momento mismo en que nace un niño, se está educando su sexualidad no sólo con acciones y opiniones, sino también con prohibiciones y omisiones.

Marco cultural

Cada sociedad estructura y lega, de generación en generación, un modelo de comportamiento y un aprendizaje sexual, aprobando o reprobando valores y comportamientos. Algunas de esas generaciones introducen cambios, y el niño experimenta sobre esa base. En el mundo actual, no obstante, la globalización de las comunicaciones y la creciente estandarización de las conductas, hace que los valores y los objetos sexuales se estén universalizando.

Sin embargo, muchos pueblos conservan costumbres que marcan a sus miembros en el aprendizaje sexual. El hacer, tanto como el no hacer, educa. Mostrar el propio cuerpo desnudo comunica un mensaje y el ocultarlo tiene otro significado. El permitir a los niños que toquen de una forma natural sus genitales educa en una dirección, y el prohibírselos, en otra. En cualquier caso, el resultado de estas influencias e interacciones con las experiencias personales, a través de la infancia y posterior adolescencia, estructurarán el comportamiento sexual adulto, que será siempre personalizado.

En un contexto familiar y social, el niño hará su aprendizaje de la identidad sexual y los papeles masculino y femenino. Estos se adquieren fundamentalmente en el hogar, con los pares, maestros y otras personas que actúan como moduladores y reforzadores. En otra esfera, el niño adoptará comportamientos, acciones que llevan al descubrimiento del placer: las autoestimulatorias o masturbatorias, y las hétero u homo-estimulatorias. Intentará adquirir sus propias acciones y las irá construyendo para toda la vida. Pero falta la etapa donde pondrá en juego todo lo aprendido y que consiste en descubrir el amar y ser amado, la intimidad y la capacidad de comunicación en las relaciones interpersonales.

Aprender jugando

Esa predisposición que los niños tienen de aprender jugando con todo lo que los rodea y consigo mismos, es una actitud natural y sana del conocimiento del propio cuerpo. Muchos adultos imaginan que esa exploración es "sucia", y tiene como único centro de interés los genitales. Esto proviene de una errónea concepción de la sexualidad, que la reduce a la genitalidad. La masturbación tiene que ver con todo lo que produce placer y esto incluye todo tipo de caricias, la ternura y el afecto, es decir, todo lo que produzca sensaciones placenteras. Esto es muy importante para aprender a diferenciar lo que uno puede sentir, lo que es gratificante, agradable, y lo que resulta displacentero.

Al contrario de lo que ciertos padres piensan, esa información y nuestra educación, pueden ayudar a prevenir problemas graves como el abuso sexual en la niñez y luego, incluso en la adolescencia y la edad adulta. Es más frecuente que se pueda engañar a un niño que no reconoce su propia sensibilidad y que no ha sido acompañado en el proceso de construcción de la propia autoestima.

Los padres deben, en este sentido, estar atentos y relajados ante los signos de la exploración erógena de sus hijos. Sin miedos, y sabiendo que siempre podrán consultar a un profesional que los guíe, y deberán estar dispuestos a responder a toda pregunta que los niños quieran formular. Las dudas que ellos no resuelvan en casa o el colegio, nunca serán echadas al olvido sino que, por el contrario, constituirán un centro de interés y misterio. En todo caso, la pregunta de ellos funcionará como un estímulo para resolver la falta de información de sus propios padres, y podrá ser motivo de un nuevo aprendizaje y crecimiento sexual. Éste no termina al convertirnos en adultos, sino que hasta la vejez deberemos seguir experimentando y cambiando nuestros esquemas, si queremos gozar de una sexualidad sana y placentera.

La masturbación en la adolescencia - Autoexploración

La adolescencia temprana, es una época en que chicos y chicas están tan preocupados en lo que les sucede, que a menudo nos parece que son narcisistas y egocéntricos. No es probable, por lo tanto, que puedan amar a otra persona en forma total, ya que todo su interés está revertido hacia ellos mismos. Pero, a la vez, comienzan a sentir con fuerza el deseo y la atracción sexual.

Es por ello, que con gran frecuencia los adolescentes recurren a la masturbación, que les permite descargar la tensión erótica. Según algunos estudios realizados en diversos grupos culturales, casi el 98% de los varones se han masturbado al menos una vez. Esto se debe, según los expertos, a que su sexualidad está fuertemente focalizada en sus órganos genitales, los cuales se encuentran anatómicamente muy expuestos y al alcance de la exploración temprana.

Las mujeres, en cambio, parecen menos propensas a la exploración del propio cuerpo. Esto se debe a dos causas fundamentales. En primer lugar, la sexualidad femenina está menos focalizada en sus genitales, que están menos expuestos, y más extendida a todo su cuerpo. Pero además, la educación que reciben las niñas motiva mucho menos a la autoexploración. Mitos como la posibilidad de dañar el himen a través de la masturbación, pesan fuertemente sobre esta libertad, ya que todavía son muy importantes los conceptos de castidad, virginidad hasta el matrimonio, etc.

Otros mitos han pretendido desalentar a los varones sin mucho éxito, asegurando que la masturbación provoca debilidad, enferma, produce acné, etc. En realidad, ninguna evidencia científica apoya estas afirmaciones, que se asientan más bien en una visión pecaminosa de esta práctica en la concepción judeocristiana de la vida.

Información

Muchos jóvenes se masturbarán con frecuencia, aun cuando por su educación y el ambiente en el que viven esto les provoque un gran sentimiento de culpa. El acercarles información fidedigna, desprovista de prejuicios y enfocada a su desarrollo armónico, les dará la posibilidad de transitar esta etapa de la vida de la mejor manera, y lograr la maduración afectiva que los prepare para la vida de pareja.

"En muchas ocasiones -dicen los expertos de la OPS-, la práctica masturbatoria se acompaña de fantasías que atemorizan a los jóvenes. Éstas pueden contener diversos temas eróticos, desde elementos incestuosos hasta conductas sexuales violentas, donde el placer sexual y la agresión se fusionan íntimamente. Cuando éste es el caso, los sentimientos de culpa aumentan por suponer que tales fantasías son anormales y degeneradas. Es necesario reasegurar a los adolescentes, que realidad y fantasía son cosas diferentes.

"La fantasía es un elemento de suma importancia en la vida de todo ser humano, pero es particularmente útil en la adolescencia. En la fantasía se pueden crear y recrear un sinnúmero de situaciones o encuentros románticos, que pueden ser ensayados una y otra vez a gusto del ensoñador, sin que ocurra ninguna de las consecuencias que hubieran podido resultar de ser la situación real."

En cuanto a la conducta que deben seguir los padres, educadores y profesionales de la salud a favor del desarrollo armónico de los jóvenes, es preciso recalcar la necesidad de ponerse a disposición de ellos para todas las consultas que necesitan hacer. La época en que cada uno de nosotros pasó por esa etapa no está tan lejos en el tiempo ni en la experiencia. No será difícil ponerse en el lugar de ellos y responder tan fielmente como nos sea posible. Hacerles sentir que los comprendemos por haber pasado por las mismas vivencias los hará sentir más seguros y aliviará su tensión.

Armando Maronese

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Fuentes: Atención Primaria de la Salud - Sexualidad y Desarrollo Humano - Organización Panamericana de la Salud.

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