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Viejo topo

Por Ramón Cota Meza - 30 de Junio, 2006, 21:34, Categoría: Opinión

Como de costumbre, la crítica a la reforma del plan de estudios de secundaria, en particular sobre la materia de Historia, no se hizo esperar. Lo curioso es que las ideas reformistas son las mismas que se han venido introduciendo desde 1993. Podría decirse que el plan y su crítica han pasado a formar parte de la historia misma. Pero debe admitirse que representa un progreso respecto de la historia de sucesos, nombres y fechas monumentales. La pregunta es porqué no prende.


A pesar de los cambios introducidos en los últimos decenios hacia una historia más conceptual, la enseñanza de la materia está en crisis en todos los países. Es probable que siempre lo haya estado y que su irrelevancia en la formación escolar sólo se haya vuelto evidente por la aceleración del cambio tecnológico, económico y social, y la prisa cada vez mayor de todos nosotros por devorar el presente. Esta pulsión es mayor en los adolescentes, espoleados por su propia energía vital y la incitación de que son objeto por
la sociedad de consumo. El pasado es para ellos cosa de viejitos.


Digresión personal: soy usuario de la historia, pero la escuela no me inculcó el hábito. Padecí la historia monumental como la mayoría de mis condiscípulos. El interés me afloró hace muchos años, por el virus marxista, que es una ideología historicista. De pronto todos los fenómenos del presente se explicaban históricamente. Alguna vez acaricié la idea de regresar a la universidad para volverme un profesional de la materia. Luego me liberé de aquella ideología, pero la afición a la historia se me quedó como verruga. "Bien cavado, viejo topo".


Decíamos que el nuevo plan de estudios es un progreso, pero es dudoso que nociones tan abstractas como "tiempo histórico, causalidad, proceso, influencia mutua, herencia, cambio, continuidad, ruptura, sujetos de la historia, diversidad y globalidad del proceso histórico" vayan a incitar la curiosidad de los adolescentes. Son conceptos forjados por una minoría que hace muchos años abrazó la misión de preservar, venerar y renovar el
conocimiento del pasado según inclinaciones profesionales extremadamente minoritarias.


Como dijo Nietzsche, el defecto de la enseñanza de la historia es que se transmite como instrucción sin que sirva como tal. Lo que necesitamos es una historia para la vida, es decir, hurgar en los pasajes pretéritos que sirvan para habitar el presente y delinear un horizonte adecuado a las expectativas de los estudiantes. La definición de la historia como maestra de la vida sólo tiene sentido si la referimos a las necesidades del presente, las cuales cambian con las generaciones, de modo que los objetos históricos cambian también.

El mayor obstáculo para implantar este enfoque en un plan de estudios es la inestabilidad de los contenidos, que choca con la necesidad de estabilidad institucional. No obstante, se podría abrir un espacio marginal para implantar laboratorios de historia en los cuales se experimente la indagación histórica de asuntos palpitantes que el estudiante promedio pueda reconocer como tales. Lo importante es lograr que el estudiante tenga una
experiencia de contextualización e identificación de antecedentes de asuntos que tenga frente a sus narices.


Experimentos de este tipo podrían ayudar a contrarrestar la publicidad perniciosa de la competitividad y cosas por el estilo, que sólo introduce angustia y egoísmo en los estudiantes. La comparación histórica puede tener objetivos académicos diferentes de la competencia económica y social. En vez de abrumar a los adolescentes con historias de países que nos superan, podemos enfatizar lo que nos es común con ellos. Los privilegios de castas y dinastías serían sometidos al método de comparación histórica para hacerlos
sucumbir ante el juicio crítico.


Nuestro argumento no tiene relación con la conseja ilustrada que dice: "Si no sabemos de dónde venimos, no sabemos para dónde vamos". Es un mal consejo porque nos endilga un fardo insoportable. Desde una visión crítica, episodios históricos sagrados pueden ser sustituidos por otros más acordes con el presente. El pasado puede ser transformado en la conciencia de las generaciones.

Por Ramón Cota Meza

13 de junio de 2006

Ciudad de México

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