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Una campaña que hurga en los basurales

Por Joaquín Morales Solá - 26 de Junio, 2006, 1:50, Categoría: Política - Políticos

A veces, el Presidente finge. A algunos interlocutores les cuenta en estos días que está contento porque le ganará al mejor en las próximas elecciones presidenciales. Estalla de furia frente a otros. Dicen que Kirchner evoca a Roberto Lavagna ante el primer apronte de una conversación política. Todos los testimonios coinciden en algo: es evidente en él cierta incomodidad, que aparece más pronto que las simuladas alegrías y las palpables rabietas.

Kirchner habla de su candidatura, pero ratifica que no es candidato. Lavagna asegura que aún está revolviendo en la política y en la sociedad, para averiguar si lo quieren, pero de hecho ya es candidato. Es el deber ser, que no siempre es.

El Presidente está pendiente de las encuestas; sabe que su relación con la sociedad es práctica. No hay en ese contrato adhesiones personales ni ideológicas de la gente común con él. La sociedad lo observa, lo aprueba o lo desaprueba, con absoluto pragmatismo. Kirchner no es un líder carismático.

Lavagna tampoco lo es. Será el de ellos un combate entre estilos diferentes y entre políticas concretas, a veces muy distintas. Kirchner es un científico de las estructuras partidarias; Lavagna no las conoce. El ex ministro prefiere mostrarse como un hombre de consensos. Nadie, en cambio, pudo convencer al Presidente de que abandone el interminable campo de batalla.

La novedad consiste en que el teatro político ha cambiado abruptamente de protagonistas y de escenografía. El anunciado paseo de Kirchner hacia la reelección se ha convertido en una carrera con obstáculos, como lo son todas las campañas presidenciales. Nada está perdido para él, pero en adelante pesarán cada acierto y cada error que cometa. Ha cometido errores.

Kirchner y su ex ministro no son actores exclusivos, pero cuentan con un volumen político significativo. Elisa Carrió los había precedido. Mauricio Macri debió apurar el anuncio de su candidatura presidencial antes de quedarse sin dirigentes ni militancia, porque lo amenazaban con aferrarse a la variante de Lavagna. La nación política se apresura. Dieciséis meses antes de los comicios presidenciales, los candidatos ya están ofertando sus mercancías al gentío como si se vivieran vísperas electorales.

¿Fue Lavagna el que descorchó el tiempo electoral? La respuesta no es taxativa. Kirchner ya andaba, antes, recorriendo el país y las tribunas como un candidato hecho y derecho. En verdad, nunca dejó de ser un presidente en campaña. Es cierto, sin embargo, que la aparición de Lavagna provocó realineamientos políticos y expectativas sociales que ni el propio ex ministro imaginaba cuando asomó su cara en una esquina del escenario, tímidamente.

¿Por qué la incomodidad de Kirchner? Era un jugador solitario, sin equipo, ni arquero contrarios , dicen en sus cercanías. Era un jugador que podía cooptar o despreciar, seducir o expulsar, sin pagar posteriores precios políticos. Eso es lo que ha cambiado. ¿Se decidirá por De la Sota en Córdoba? Lavagna lo espera a Luis Juez, el contrincante cordobés de De la Sota. Pero ni siquiera Kirchner podrá insistir en sus líneas propias en distritos donde hay liderazgos consolidados.

La inercia ha hecho su trabajo. Llegó a Córdoba la "línea K", que no responde ni a De la Sota, ni a Juez, y que incluye al polémico secretario de Transporte, Ricardo Jaime. Más le vale a Jaime quedarse en la Capital para explicar el desordenado sistema de subsidios al transporte, que consume muchos millones del presupuesto y que fue cuestionado por la Auditoría General de la Nación.

Los abultados subsidios lo tienen a maltraer a Jaime desde hace mucho tiempo y podrían llevarlo frente a los jueces; Kirchner se resiste a la sola idea de relevar a su amigo. Tales extravagancias administrativas carecerán también de margen político para seguir existiendo de ahora en más.

¿Quién será el candidato a gobernador de Buenos Aires? El nombre deberá surgir de un acuerdo entre Kirchner y Felipe Solá, o éste ya tiene una alternativa donde depositar sus lágrimas bonaerenses. Solá le aclaró a Lavagna que no se había referido a él con una alusión de barrabrava. El gobernador habló también con Duhalde por menudencias de la vida, pero lo cierto es que volvieron a conversar entre ellos desde las refriegas de octubre último.

Dicho de otro modo: el Presidente se ha quedado sin dedo, para designar un candidato a gobernador en el principal distrito electoral del país, aunque conserva una opinión influyente.

La Capital es un caso aparte. Kirchner está fatigado con el distrito federal; no entiende a su electorado ni comprende la lógica de sus dirigentes. Todos me han cansado en la Capital , explotó en los últimos días ante santacruceños de su intimidad.

Jorge Telerman no está seducido por Lavagna; simplemente formó un gobierno propio (el anterior lo había heredado de Aníbal Ibarra), consciente de que tiene escaso tiempo y precaria política para pensar en una reelección. Ahora, las obras públicas son un calvario social y los hospitales están parados.

¿Daniel Scioli o Telerman en la Capital? Quieran o no, alguno de los dos podría terminar en la vereda de Lavagna. Los ejemplos son infinitos.

La ambulancia de Lavagna está preparada para recoger a los heridos de Kirchner. El consenso radical ha sido, en cambio, más prolijo. El ex ministro conocía la opinión favorable de Alfonsín, pero el partido está en otras manos. Una nueva generación de dirigentes radicales se encolumnó rápidamente con Lavagna. Debe reconocerse que el radicalismo carecía de candidato propio para las próximas elecciones. Otros radicales basculan entre Kirchner y Lavagna.

Un sector lavagnista del peronismo bonaerense (hay duhaldistas con Kirchner y con Lavagna), se hará cargo del distrito más difícil, y el más concluyente también, para el ex ministro. Resalta la figura de Eduardo Camaño, el más laborioso y eficiente entre los ex duhaldistas que llegaron a las costas de Lavagna. Camaño se aburría desde diciembre, cuando dejó la presidencia de la Cámara de Diputados, pero ahora recobró el sentido de su vida: la vorágine de la política y la pesca de almas desorientadas.

Macri lanzó su candidatura presidencial y se fue de inmediato al Mundial de Alemania; él es así nomás. López Murphy sabe que ésta no es su hora, pero viene proponiendo una coalición de toda la oposición antikirchnerista. ¿Homologaría una candidatura de Lavagna? No lo descarta. Sería capaz de escribir un programa socialdemócrata con tal de evitar otro mandato de Kirchner , asegura.

Pone condiciones. Son éstas: rescatar la República, restablecer todas las libertades, combatir la desigualdad social sin clientelismos y establecer políticas racionales. Lavagna camina con otro objetivo inmediato: preferiría cerrar un próximo acuerdo con los socialistas. Eso marcará un ritmo y un programa , dicen los que lo escuchan.

Funcionarios del Gobierno, intercedieron ante un grupo de empresarios para que le retiraran a Lavagna una tribuna anunciada. Otros funcionarios hicieron trascender supuestas informaciones sobre el ex ministro que buscaron entre los basurales de la política.

Dirigentes políticos cercanos a Lavagna anunciaron que hablarán de cosas graves sobre un banquero cercano al Gobierno. ¿Quieren hablar de corrupción? Entonces vamos a hablar en serio, advierten. La prematura campaña parece prepararse sólo para hurgar entre los desechos.

Por Joaquín Morales Solá

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