BUENOS AIRES.- Fue el golpe más incruento de la historia argentina. Era de noche, el general Julio Alsogaray entró al despacho presidencial y le comunicó al entonces primer magistrado Arturo Umberto Illia que estaba destituido, por lo que debía abandonar la Casa Rosada. Illia le respondió con términos severos, pero poco después los efectos del gas lacrimógeno que le arrojaran, lo obligaron a cumplir la voluntad de los golpistas. Salió a la calle, y mientras un grupo de partidarios lo vitoreaba, paró un taxi y se fue a su domicilio. Leer artículo completo