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La perseverancia y la constancia

Por Armando Maronese - 24 de Junio, 2006, 22:46, Categoría: Opinión

Dos caminos para concretar el proyecto de vida. Si algo caracteriza a la sociedad de hoy, es la fugacidad con que se vive. El pasado, como experiencia vital, ha perdido sentido. El futuro, sin un pasado que lo avale ha quedado desplazado frente a la inmediatez de satisfacción que demandan las urgencias cotidianas. Sólo se vive el hoy. Los seres humanos nos hemos ido convirtiendo en hedonistas, prefiriendo el bien inmediato sobre lo ganado con esfuerzo. Todo debe fluir light, sin dolores ni dramas.

La teoría psicoanalítica (con la que comulgo en ciertos conceptos y en muchos otros no), nos habla del "yo ideal" y del "ideal del yo". Cada una de estas instancias psicológicas se forman en la niñez y conviven en una misma persona, poseen valores que le son propios. El "ideal del yo" es omnipotente, no puede esperar para satisfacer sus deseos y no es capaz de reconocer al otro. Hace que la persona, en este caso el niño, se sienta "ombligo del mundo": todo debe girar en torno a él.

La otra estructura, el "yo ideal" (que se construye a partir de la educación familiar y escolar), se manifiesta a través del esfuerzo, reconocimiento y consideración al otro y capacidad de espera para lograr lo deseado. Queda bien claro cuales son los valores que nuestra sociedad promueve y es razonable entender, el porqué de los valores como la perseverancia y la constancia hayan perdido su lugar de importancia entre las virtudes personales que teníamos que cultivar. A esto le debemos sumar otras variables que son propias de la situación que vivimos en nuestro país y que compartimos con algunos otras naciones.

La falta de oportunidad laboral, la inseguridad, la inestabilidad económica, la falta de una protección médica, hace que se haya instalado en la persona la desidia y el miedo. El ser humano puede recorrer y optar por distintos caminos, es libre para hacerlo. El camino de la perseverancia y la constancia no son los más fáciles de recorrer, aunque le ofrecen la oportunidad de superarse y obtener aquello para concretar su proyecto de vida.

Tanto la perseverancia como la constancia, son rasgos de carácter esencial para la progresión del ser humano. Involucran ciertas dosis de valentía y coraje en el vivir, abrigando en nuestro esfuerzo la esperanza de que es posible llegar a la meta.

Implican un esfuerzo continuado. Son valores fundamentales en la vida para obtener un resultado concreto. "El genio se compone del 2% de talento y del 98% de perseverante aplicación".

Quien haya leído a Almafuerte, debe recordar estas palabras nacidas de su inspiración:

"No te des por vencido, ni aun vencido / no te sientas esclavo, ni aun esclavo / trémulo de pavor, piénsate bravo / y acomete feroz, ya malherido".

Estas líneas, a primera vista, definirían los valores de los cuales estamos hablando: la lucha continua por la persecución de los ideales, el mantenerse firme a pesar de las contrariedades, no darse por vencido aun cuando uno sienta que va a fracasar. Pero la perseverancia y la constancia necesitan, como otros valores, del sentido común y de la inteligencia práctica.

Debemos saber en qué estamos perseverando y a qué situaciones de vida aplicamos la constancia para no caer en gastos de una energía que se vuelve inútil, sin ningún efecto saludable. Necesitan del discernimiento y de otras virtudes que la acompañen para que los logros sean positivos. No es lo mismo tener una "idea fija" (obstinación) que ser constante y perseverante. En lo primero, se actúa por capricho y sin fundamentos tratando de torcer la realidad en vez de volvernos flexibles para encontrar alternativas.

Tener proyectos factibles y no vivir de ilusiones desmesuradas, saber en qué dirección se ha de trabajar, ajustarse a las exigencias de la situación, mantenerse alegre en el trabajo a pesar de dificultades y cansancio, actuar prudentemente, sabiendo cuándo vale la pena afrontar una situación incómoda y cuando es aconsejable evadirla nos ayuda a perseverar y ser constantes.

Un buen fin siempre es un aliciente para la voluntad, y nos auxilia para superar el miedo y la angustia que las carencias de la sociedad actual nos provocan. Ella es generadora de los obstáculos más duros, por cuanto el éxito y la plenitud en la vida sólo llegan cuando hemos aprendido de nuestros errores y luego, hemos encontrado la manera de convertirnos en reflejo de ese aprendizaje.

"Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el bastón. ¡Pero nunca te detengas!" estas palabras son de la Madre Teresa de Calcuta a las cuales yo les agregaría: y no olvides que siempre Dios te acompaña. En Él, encontrarás la fuerza para ser perseverante y constante.

Armando Maronese

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