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Las Maras o cómo el Gobierno quiere explicar el aumento de la inseguridad

Por Armando Maronese - 22 de Junio, 2006, 14:59, Categoría: Corrupción - Violencia

De la noche a la mañana, los argentinos nos enteramos mirando un noticiero de TV que llegaron las Maras. Estas bandas delictivas latinoamericanas explicarían el aumento de la inseguridad, pero en realidad sirven para ocultar la desidia de la clase dirigente para erradicar o disminuir el delito.

Que país divertido es Argentina: " Los legisladores piden penas hasta de 10 años para los que "chupen e-mail" ( principalmente de los políticos), pero en el nuevo código penal la violación es un delito privado, lo cual excluye al estado de actuar, si la víctima no lo denuncia. Como dicen " le tenemos miedo no a la inseguridad" sino a que sepan que tan corruptos podemos ser o cuantas veces le metimos los cuernos a la mujer con la secretaria", o más aún para Zaffaroni, un cuchillo no es un arma, o violar por la boca a una niñita de 4 años durante meses es abuso ( ya que no veía el pene del degenerado porque la luz estaba apagada). Ah..., el tipo quedó libre.

Viendo todo esto, algún día la gente se va a enterar de la verdad. Lo que sucede es que es tan, tan fuerte , que no la podrán soportar. Pero Dios tiene sus tiempos.

Las Maras son organizaciones ilegales, que luego de difundirse en Centroamérica y el resto de América latina, de buenas a primeras comenzaron a penetrar en otros países. A las Maras se les intenta atribuir el aumento de la inseguridad en la Argentina como si la cuestión no tuviera suficientes antecedentes autóctonos.

La inseguridad es un asunto interno que debe resolver el Estado, porque si el Estado no lo hace, alguien se va a encargar de hacerlo pero fuera de la ley, como sucede con los ciudadanos que no tienen otra salida que armarse para hacer uso de la legítima defensa o lo que es peor recurriendo a la venganza, prohibida por el estado de derecho.

Hay que decirlo: en la Argentina existen bandas o patotas que aún no llevan el nombre de Maras, pero comparten sus notas más distintivas. Sin ir más lejos, Matías Bragagnolo fue asesinado por una pandilla que eran ni mareros, ni villeros: eran "chicos bien".

Las principales conductas delictivas de las Maras son la delincuencia organizada; la posesión de drogas; la portación de armas de fuego, robo, homicidio, lesiones, daños en propiedad ajena, secuestros, delitos sexuales y extorsión.

La denominación "mara" alude a la "hormiga marabunta" que ataca en grupo. Las Maras son la resultante de la crisis social por la que atraviesan las sociedades modernas con pobreza, marginalidad, falta de educación, individualismo, el éxito medido en términos económicos y la competencia salvaje. La alerta existe en la Argentina y en países limítrofes (como Chile).

Aunque un tema tan complejo como la inseguridad no se merece un etiquetamiento tan absurdo, no sería tampoco conveniente desestimar la capacidad de la organización de estas bandas transnacionales. Conozcamos un poco más de cerca este fenómeno.

Este tipo de bandas se parecen y casi actúan, siguiendo el mismo patrón porque surgieron de una misma realidad: la que sigue las pautas impuestas por la violencia. Y la violencia de arriba genera la violencia de abajo. Bajo castigos impuestos y auto impuestos, así como con un concepto de movilidad social basado en la agresión y la provocación hacia aquel que tiene lo que ellas no poseen, estas bandas van bajando a su paso por el continente americano.

A principios de los años '80, arribaron a Los Ángeles (California/Estados Unidos) gran cantidad de inmigrantes salvadoreños que escapaban de las terribles guerras internas. En esa década, la agresión norteamericana llegó al límite de la locura al convertir Centroamérica en un escenario de muerte y destrucción. El caso más extremo fue el apoyo a los contras nicaragüenses. Una de las Maras más conocidas es MS (que arribó a California a fines del año '69); años después apareció la M18.

Los jóvenes salvadoreños formaron distintas agrupaciones que recibieron el nombre de Maras, cuyas dos vertientes principales y rivales se conocen con los nombres de: "Mara Salvatrucha" (MS 13) y la Mara 18 (MS 18).

Si desglosamos la palabra Mara Salvatrucha aparece el siguiente significado:  

Mara: Tiene un significado de afinidad hacia la hormiga marabunta que ataca en grupo. Salva: Por ser originarios de El Salvador. Trucha: Por ser listos, alertas.

Se ha detectado la presencia de estas bandas en siete estados de la República Mejicana y se estima que hay 200 células de estos grupos estacionadas entre Méjico y Guatemala. Los estados son: Chiapas, Tabasco, Veracruz, Oaxaca, Tlaxcala, Tamaulipas y el Estado de Méjico.

La MS 13 no tiene un alto grado de organización, puesto que no hay un líder definido para todo el país. Es decir, existen varios líderes que son reconocidos generalmente por su prestigio.

Por otra parte, la Mara Salvatrucha se considera a si misma como la pandilla auténtica salvadoreña y entiende que tanto la M18 como las otras pandillas aliadas, son de origen extranjero, mejicano exactamente.

Entre sus características generales figura el uso de tatuajes que representan su pertenencia a una u otra organización. Mientras el número de la MS18 es como su nombre lo indica el 18; los símbolos de la Mara Salvatrucha son el numero 13 y las letras MS.

Aunque tatuarse no sea una condición "sine qua non", los mareros suelen hacerlo. Estéticamente sus integrantes se caracterizan por tener el cabello rapado, pantalones muy holgados y el cuerpo decorado con tatuajes, principalmente en los brazos, pecho, espalda y rostro.

Los líderes de las Maras situadas en la frontera Guatemala- Méjico se distinguen de otros mareros por tatuarse una lágrima por cada muerte. También tienen ceremonias de iniciación. Una de las ceremonias de iniciación en la Mara Salvatrucha, es que el candidato se someta a 13 segundos de golpiza. Otro modo de ingresar a la mara es pelear con tres pandilleros y en algunos casos, hasta con cinco.

Dos elementos inevitables nutren el estilo de vida de las Maras: drogas y armas. Desde las drogas más básicas hasta las más complejas, muchos integrantes de las Maras se valen de ellas para cometer cierto tipo de ilícitos. Aspiran pegamento pero también utilizan drogas como la marihuana, la cocaína y el crack. Otras drogas utilizadas frecuentemente son las anfetaminas y la heroína. Aunque a ello debe sumársele el excesivo consumo de alcohol (cerveza, ron, tequila, guaro, entro otros).

Las armas empleadas más comúnmente para cometer delitos o agredir al otro son las piedras, puñales, los machetes, las granadas de mano y todo tipo de armas de fuego -pistolas, escopetas de caño recortado, metralletas-.

Las principales conductas delictivas de los pandilleros pertenecientes a la mara salvatrucha en México son: la delincuencia organizada; la posesión de drogas; la portación de armas de fuego; violación a la ley General de Población; robo; homicidio; lesiones; daños en propiedad ajena; secuestros; delitos sexuales y extorsión.

Finalmente, el modus operandi de estas bandas es identificado por su aglutinamiento en células. Atacan a sus víctimas en grupos de cinco o más; operan en zonas rurales; y delimitan territorios por medio de grafitos o caras de payasos.

Las dos Maras mencionadas -como ejemplo MS13 y la MS18-, son las más peligrosas que amenazan en Centroamérica. Ya bajaron a Latinoamérica y tienen centros de operación en Canadá, El Líbano y Australia. En Latinoamericana se asiste a un estado embrionario de Maras en clara propagación. Porque aún, no hay suficientes pruebas acerca de que los grupos o individuos que a diario cometen ilícitos, sean mareros o formen parte de una mara, por ejemplo, en nuestro país.

El tema es muy complejo como para realizar una afirmación tan fuerte. Como sucedió con La Guerra de los Mundos (una invasión extraterrestre relatada por un programa radial desató el pánico colectivo), hablar de la llegada de las Maras como si ya estuvieran aquí, estereotipadamente y sin rigurosidad probatoria, podría desencadenar un efecto negativo en la población con ataques de pánico masivos. La conclusión es muy simple: si en Argentina la inseguridad no ha podido ser controlada sin las Maras, su presencia y participación en la espiral delictiva se profundizará aún más, hasta llegar a niveles prácticamente insospechados.

Muchos pandilleros que circulan por distintos países de Centroamérica y el mundo, están siendo deportados a sus países de origen, con lo cual, es posible que argentinos migrantes, se hayan convertido en mareros en su exilio y ahora regresen al país con su impronta de pandilleros.

Los habitantes peligrosos que residen en las villas pueden tomar ciertas características de los mareros, del mismo modo que estos últimos lo hicieron con los cholos y pachucos. Por ende, si suman a sus códigos ciertos modismos de Maras, Argentina estará frente a nuevas formas de Maras.

Pues debe quedar en claro, que en Argentina existen bandas o patotas que aún no llevan el nombre de Maras, a pesar de compartir el rasgo más distintivo: un manejo de la variable violencia, imponente y jactancioso. Al igual que los mareros, los villeros son emergentes y representantes de la marginalidad argentina.

Sin negar que las Maras pueden llegar a nuestro país, ya que hay antecedentes de grupos violentos, debe considerarse que, de suceder, se producirá un fuerte quiebre en la conformación de los hilos sociales del poder y la revisión del control social se volverá mucho más necesaria de lo que ya de por sí es.

Las maras han "evolucionado" en sus usos y costumbres para poder ganar más territorio. Ya no se tatúan como antes; utilizan nuevos códigos internos de comunicación; cambiaron su indumentaria; se aliaron a narcotraficantes para así obtener financiamiento y logística para delinquir. A lo que debe sumársele, el comercio informal en las calles; la afiliación en fundaciones de rehabilitación y ONG, así como el financiamiento de comedores.

Armando Maronese

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