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¿Qué es y qué no es esperanza?

Por Armando Maronese - 15 de Junio, 2006, 23:13, Categoría: Opinión

Muchas veces caemos en el error de confundir a la esperanza con otras manifestaciones o expresiones que si bien se le asemejan, no responden a los mismos resortes. Me refiero al deseo, el optimismo, la expectativa, la ilusión y la utopía.

1) Deseo: 

El deseo como fuerza es posesivo, egocéntrico, tiende a la apropiación del objeto que lo estimula. Responde a lo que podría llamarse la carencia del ahora y en tanto tal, su emergencia es violenta y urge de satisfacción. A mayor carencia, más deseo. Cuando la necesidad está satisfecha, el deseo desaparece.

Sin embargo, la esperanza no brota de la insatisfacción concreta y actual, sino más bien de la fe. Vislumbra la alegría "del otro lado del ahora" y como no dice referencia miope a una urgencia del momento, sino que se manifiesta como una vivencia permanente o disposición habitual, no desaparece con la satisfacción ni aumenta a mayor necesidad. Se experimenta o no, con independencia de grado. Según Lutero, es la disponibilidad de entrar confiadamente en las tinieblas del futuro.

2) Optimismo: 

El optimismo dice en parte referencia a los estoicos, para quienes todo lo que es, es bueno. El mal es sólo una apariencia. Básicamente parecería apoyarse sobre una tríada que podríamos enunciar de la siguiente manera:

– subestimación de las circunstancias del aquí y ahora.

– sobreestimación de mis condiciones para encararlas.

– exceso de seguridad en el resultado.

En este sentido, esta especie de optimismo vaciado de realidad, me lleva a una cierta distorsión de lo real, que surge de negarle entidad conflictiva. Pero la esperanza es una vivencia dichosa "a pesar de...", sin perder principio ni juicio de la realidad ni autoengañarse. Las circunstancias son percibidas como tales, tanto como mis condiciones y aceptando que nunca hay "garantía" de suceso.

3) Espera/expectativa: 

El hombre, en tanto ser itinerante, está acostumbrado a transitar por el "tiempo" y, por lo tanto, sabe que la "espera" forma parte de la vida misma. Es decir, le es natural esperar. Esperar o "tener expectativas", puede asumir dos modos:

– Desafiante (insegura, con dudas de realización de lo esperado).

– Confiante (con optimismo, con confianza de realización).

A su vez puede ser, expectante (es decir, pasiva) o creativa (o "activa"). Ciertamente, aquel que asuma una espera confiante y creativa, tendrá una actitud de búsqueda con gran margen de posibilidad de éxito; aquel que asuma una espera desafiante y expectante, quedará sujeto al curso de los hechos, casi como un observador no participante del mismo.

De cualquier manera, la esperanza se aparta de estos modelos. Fundamentalmente porque la espera es un "acto", concreto, respecto de un hecho definido. Estoy esperando "algo", "ahora". En tanto que la esperanza –como disposición habitual–, no es un acto sino una "actitud". Mi esperanza no se asocia definidamente con algo ni con un ahora concreto. La espera corresponde a la primera naturaleza del hombre y responde a su condición natural por ser temporal (dice referencia a su futuro); la esperanza corresponde a la segunda naturaleza y responde a una elaborada actitud que incluye fortaleza y libertad.

4) Ilusión: 

La ilusión, por su parte, está asociada con la disposición para vivenciar o "habitar" un futuro feliz imaginario. La ilusión usualmente se refiere a un paraíso futuro, con poco asidero de realización, que me libere del aquí y ahora constreñido que me toca vivir. Bien podría definirse como una especie de huída hacia delante, un futuro virtual de dudosa realización. Contiene la imagen de futuro que el hombre se ha forjado de acuerdo a sus deseos o necesidades.

Para Aristóteles, la esperanza es el sueño de un hombre despierto y para Píndaro, sólo los dioses pueden no ser engañados por la esperanza porque no son ingenuos e ilusos como los mortales.

La esperanza, no me sirve para escaparme del aquí y ahora, aún del más ruin presente, sino que me permite afrontarlo, sea este de cualquier naturaleza, con la fortaleza estoica necesaria. No se trata de una "huída" de ningún tipo hacia ningún lado, sino un verdadero fortalecimiento del yo "a pesar de".

5) Utopía: 

Este concepto se lo debemos al magnífico santo Tomás Moro quién, en 1516, presenta una de sus obras y nos habla en ella de una isla que denomina precisamente "Utopía", que quiere decir "en ninguna parte". A partir de entonces, se toma el concepto como refiriéndose a lo "deseable-irrealizable". De todos modos, sería un concepto que se acerca mucho al de la esperanza, en tanto se refiere a un horizonte posible, que si bien no se encuentra a la vista inmediata, surge a partir de una conciencia anticipatoria del bien.

Su símil con la esperanza, estriba en que confía en el "más allá" (respecto de la situación presente) con los ojos bien abiertos a la realidad del "más acá". Ambas parten de una conciencia anticipatoria, donde son centrales las categorías de "aún no conocido" y "aún no acontecido". Como marcan una intencionalidad hacia una posibilidad que todavía no ha llegado a ser, se trata de principios operantes. Se separan cuando la utopía, en cierto punto, se divorcia de la realidad.

De todos modos, todas estas expresiones humanas (deseo, optimismo, expectativa, ilusión y utopía), son nobles y necesarias manifestaciones del intento humano por llevar adelante la propia existencia y realizarla lo más plenamente posible. Todas ellas, en su justo término, son instrumentos al servicio de la existencialidad. Asimismo, todas ellas mantienen una existencia esencial con la esperanza: ésta es manifestación directa del espíritu humano, en tanto todas ellas son productos de la psiquis, y es ella misma la que marca su orientación y destino.

Armando Maronese

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