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Dos siglos de vida al pie de la montaña

Por Pablo Arrizabalaga - 13 de Junio, 2006, 1:14, Categoría: Campo - Pueblos - Ciudades

MINA CLAVERO.- Niña Paula, en Mina Clavero, es una estancia con huellas de la época colonial, y su propia fuente de agua mineral. "Aquí funciona desde 1939 una de las primeras hosterías de montaña de la zona", afirmó Juan Alberto Sotgiu, dueño de la histórica estancia Niña Paula.

A 12 kilómetros de la ciudad y con un paisaje que combina montañas, arroyos, vertientes naturales, flora y fauna, se encuentra este lugar, que fue el casco de la estancia de un coronel de apellido Olmedo, viejo caudillo de la zona que estaba a las órdenes de Bartolomé Mitre. Este lugar fue construido en 1860, y al fallecer Olmedo, la estancia pasó a manos de su hermana.

Su sobrina, Paula Cáceres Olmedo, permaneció en la estancia hasta los últimos días de su vida, convirtiéndose así en la "niña Paula" que dio nombre a la estancia, ya que nunca contrajo matrimonio.

Fue Don Federico Dempke, un alemán, quien adquirió la estancia luego de su muerte y la transformó en una hostería. En 1953 se hizo cargo Angel Esteban Griot, un santafecino, que la compró enamorado del lugar y la hostería siguió funcionando por algunos años más.

Los dueños dicen que por las históricas habitaciones de la estancia, pasaron personajes como el famoso cura Brochero (sacerdote cordobés actualmente en proceso de beatificación), que evangelizó gran parte de la zona, e incluso un pueblo lleva su nombre, y Miguel Juárez Celman, el cuñado del presidente Julio Roca, que fue gobernador de Córdoba y presidente de la República en la década de 1890.

Aristocracia

"Se dice que gente de la aristocracia cordobesa y riojana, acudían frecuentemente a este lugar para descansar", aseguró Juan Alberto Sotgiu, uno de los actuales propietarios.

Poco tiempo después, la estancia Niña Paula se destinó a lugar de veraneo de los Griot, hasta 1980, cuando dejó de usarse por parte de la familia propietaria. Luego de 20 años, Hugo Griot, su mujer y Juan Alberto Sotgiu y su esposa Lucrecia, decidieron devolver al lugar su brillo original y, al igual que en 1939, reabrieron las puertas de Niña Paula, transformándola en un hostería de montaña.

"Es una empresa familiar, tengo todo el apoyo y el consentimiento de mi familia en mantener el proyecto. Este lugar es de mi suegro y anteriormente pertenecía a su padre", contó Sotgiu, uno de los que ahora maneja el emprendimiento.

Esta estancia cuenta con la particularidad de tener su propia fuente de energía, utilizando la fuerza hidráulica, así como su propia vertiente de agua mineral.

"En Niña Paula te bañás con agua mineral. Cuando abrís el grifo lo que sale es agua que proviene directamente por un caño desde su vertiente", afirmó Roberto Mateu, uno de los socios de un nuevo emprendimiento para comercializar dicha agua, a la que llamaron Spass (divertido, en alemán).

La cocina de la hostería está a cargo de las propietarias mujeres, que combinan el estilo serrano con el santafecino en la cocina, ofreciendo así una amplia variedad de comidas con toque artesanal y sabor regional: empanadas santafecinas, tortas de dulce de leche, higos en almíbar, mermeladas de frutas de estación, alfajores de maicena y galletitas caseras.

Confianza

Otra de las originalidades de la estancia es la confianza en los visitantes. Sotgiu dice que esto es algo que le enseñaron desde pequeño y que el dinero no es un problema para aquellas personas que quieren hospedarse unos días en La Niña Paula.

"Una vez vinieron unos señores de Buenos Aires que se querían quedar y no tenían dinero, así que les dije que se quedaran todo el tiempo que quisieran y que después me giraran el dinero cuando llegaran a su casa", contó Sotgiu. "Así lo hicieron, se quedaron como una semana, cuando sólo venían por el día."

El propietario también recordó que una familia de alemanes quedó tan contenta con el histórico lugar que le pusieron Paula a su hija menor, en honor al establecimiento y vuelven regularmente todos los años para sus vacaciones.

En su parte productiva, la estancia cuenta con 180 hectáreas, en las que hay una huerta que los provee de verduras. También tienen gallinas ponedoras, patos y gansos, que andan dando vueltas por la galería o bañándose en el arroyo a escasos metros de la casa.

A pesar de que no cuentan con el apoyo de la Secretaría de Turismo local, ya que la estancia no figura en el mapa del circuito turístico, los propietarios lograron hacerse de una clientela fiel.

En 1939, Don Federico Dempke tenía un sueño y a pesar de los altibajos de la historia, en 2006 éste sigue vivo, con diferentes personas y con otras inquietudes, pero con el mismo objetivo y un mismo fin, ofreciendo un lugar lleno de historia, que aún sigue firme con la majestuosidad de sus primeros tiempos, al pie de la montaña.

Por Pablo Arrizabalaga

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