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La postulación de Lavagna frustra los deseos de Cristina Kirchner

Por Armando Maronese - 6 de Junio, 2006, 1:59, Categoría: Política - Políticos

Cristina de Kirchner no será candidata presidencial en el año 2007, si es que alguna vez tuvo posibilidades y su nombre, no fue solamente una especulación presidencial para tentar a propios y extraños. La baja de Cristina Kirchner es la primera consecuencia del nuevo escenario político.

"Este viernes, se terminó todo atisbo de cariño en la Casa Rosada para con Roberto Lavagna. Ese día, Néstor Kirchner instruyó a algunos colaboradores muy cercanos: "Salgan a destrozarlo". Algunos de estos centuriones definieron el clima que imperaba en el primer piso de Balcarce 50 como "de guerra". Habían transcurrido poco más de dos semanas desde que se supieran las intenciones y parte del ideario del ex ministro de Economía.

Uno de los más fieles intérpretes del pensamiento presidencial dijo a este cronista: "No entiendo lo de Lavagna, lo que ha querido hacer. El es un tipo impresionantemente ególatra, y como todo ególatra quiere ganar, no va a jugar una partida para perder. Para eso, si él desease jugar debería hacerlo al lado de Kirchner, jugar en nuestro espacio. No puede darse el lujo de perder para intentar algo en 2011".  

La gestualidad del ex ministro, no es entendida en Balcarce 50 como una maniobra de posicionamiento, sino como un derrape por exceso. "Los que lo compran ahora, con ese discurso, es la derecha, un sector con el que Lavagna no comulga pero que lo empieza a ver como un candidato más sólido de lo que ese sector tiene en oferta. Acaso por eso, esta semana lo insultaron todos, Mauricio Macri, Ricardo López Murphy, Elisa Carrió; los únicos que no lo insultaron fueron Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde. Comparo sus últimos gestos con la decisión de Duhalde de jugar contra Cristina Kirchner ", ensayó el lacayo del Presidente.

Kirchner tuvo su última palabra que se encargó de transmitir a los más íntimos, en sintonía con lo anteriormente expuesto. Respecto de la idea, de que el ex ministro juegue un papel y/o sostenga alguna candidatura enarbolando sus blasones, su cambio de parecer es categórico. "Por nuestro sector, no va a ser candidato a nada", dijo el viernes a algunos de sus cachorros.

Habrá que ver, además, qué ocurre con la hipótesis que maneja el Presidente de postular a su mujer, Cristina Fernández, a la primera magistratura, si finalmente Roberto Lavagna decide competir contra Kirchner con una organización construida entre duhaldistas residuales y radicales alfonsinistas y algo más –acaso algún socialista, aunque es muy poco probable que el PS se avenga a cerrar cualquier pacto con el duhaldismo. "Acaso ahí se defina que va él y no la mujer", dijo ayer del patagónico.  

En medios del ex ministro de Economía, si bien se niegan a hablar de candidaturas, no se resignan a la solidez que hoy exponen los datos del oficialismo. "Hoy puede haber una cierta supremacía; no sabemos qué puede ocurrir dentro de un tiempo", especuló, algo esperanzado, uno de los fieles de Lavagna".


Joaquín Morales Solá, en el diario La Nación dijo:

"Los favores se agradecen. Roberto Lavagna debería enviar a la oficina del Presidente un telegrama con dos palabras: muchas gracias. Un par de declaraciones periodísticas y otras tantas exposiciones académicas terminaron instalando de sopetón su candidatura presidencial (que todavía no existe como tal) y lo obligaron a Néstor Kirchner a hablar, por primera vez, de su propia candidatura. El espíritu presidencial no tiene remedio: desoyó todos los consejos que le dieron para que callara.

Ni Kirchner ni Lavagna se han declarado oficialmente candidatos, pero es probable que los dos terminen protagonizando la pelea de fondo en las elecciones presidenciales del próximo año.

Con todo, Lavagna podrá dar el Sí definitivo cuando él lo quiera, pero un eventual No, tiene plazos muy cortos. Un No lanzado sobre una enorme expectativa política y social podría convertirlo en el acto en un político de módicas ambiciones, como sucedió en su momento con Carlos Reutemann.

Kirchner sabe que las encuestas de hoy, sobre intención de voto presidencial, no dicen nada. Quienes escuchaban a Lavagna en el Gobierno, aseguran que no está diciendo nada distinto de lo que ya advertía cuando era ministro.  

Kirchner perdió el equilibrio cuando vio que el primer reportaje de fondo se lo había hecho el director de Perfil, Jorge Fontevecchia, el único periodista con el que el Presidente confiesa tener una cuestión personal. El error de Lavagna fue el medio y no el mensaje , deslizaron al lado de Kirchner.

¿Qué es lo que le impide a Lavagna mantenerse renuente a la aceptación explícita de su candidatura? En primer lugar, el momento político. Aunque fueran sólo simples poses, Kirchner y Lavagna tienen razón cuando dicen que es demasiado pronto para hablar de candidaturas. La Constitución fija para octubre de 2007, o para alguna fecha cercana a ésa, las próximas elecciones presidenciales.

Un brusco adelantamiento de los comicios, deberá pasar forzosamente por una interpretación de la Constitución por parte de la Corte Suprema de Justicia, hasta donde llegarán, sin duda, las impugnaciones de los candidatos opositores.

Kirchner ha convertido en arte el manejo de las estructuras políticas; se interesa hasta por los candidatos a intendente en Santiago del Estero, como lo hizo en los últimos días. Lavagna no tiene estructuras, no sabe crearlas ni quiere aprender ese oficio.

El Presidente nunca hablará de Lavagna, porque no lo ayudará a crecer , se pavoneaban en la Casa de Gobierno en la mañana del viernes. En la tarde de ese mismo día, Kirchner lo vapuleó a Lavagna públicamente. Hay que resignarse: nadie le negará nunca el derecho a darse todos los gustos en vida".

Se escucha en pasillos gubernamentales: lo peor que puede hacer el kirchnerismo es demonizar a Lavagna, porque quizás termine siendo un gol en contra. El ex ministro es hoy, según todas las encuestas, el que mejor porcentaje de imagen retiene, sólo superado por Kirchner y su esposa.

Otra cosa frunce algunos ceños: saben de buena fuente que Lavagna ha dicho en la intimidad que, si es candidato en 2007, no lo será por el radicalismo, y mucho menos por una alianza apadrinada por Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde. Saben que Lavagna ha dicho que se siente peronista y que, si es candidato, lo será bajo el sello del peronismo.

Se ha hablado allí de juntar a duhaldistas, peronistas desencantados y otros que esperan ver el rumbo de la economía y la "carga" de la billetera presidencial, para decidir el rumbo, más la porción progresista del radicalismo y sectores del socialismo como probable base de soporte de la postulación de Lavagna. Ese lanzamiento por dentro del peronismo, a la cabeza de una alianza de centroizquierda es, hoy, un punto de análisis entre los estrategas oficiales.  

"Vamos por todo", prometen cerca del jefe de Gabinete cuando se refieren a la otra estrategia del presidente que alumbró tras la Plaza del Sí, al margen de los escarceos a que los obligará el adelantamiento de la campaña. El presidente quiere ir ahora por la captación de apellidos de la política que hoy no están en sus filas. Después se buscará sumar siglas partidarias.

Gobernadores e intendentes han explicado, como han podido ante sus jefes partidarios la razón de sus procedimientos. Uno de ellos, según confió Federico Storani, fue el intendente marplatense, Daniel Katz. "Dice que son muchas las cosas que no le gustan del gobierno de Kirchner y le molestan otras tantas de la forma que tiene de hacer política, pero reconoce que, si no se acerca al presidente, no recibirá la ayuda económica que necesita".  


Lavagna, antes que nada, es el emergente de un espacio vacante. El que florece entre las dudas de Mauricio Macri para decidir si jugará fuerte con la candidatura presidencial o se mantendrá dentro del límite de la Capital; y la postulación de Elisa Carrió, que no atraviesa esas cavilaciones, pero tampoco logra armar una fuerza que deje de ser sólo testimonio y se convierta en alternativa.

El ex ministro pretende representar, además del sector social, económico y cultural que decididamente no quiere a Kirchner, a aquellos que, aun apoyando aspectos de la gestión del Presidente, se sienten rechazados por su estilo avasallante y la crispación constante que produce, y verían con buenos ojos a alguien capaz de ponerle límites.

En la flamante vertiente lavagnista del radicalismo, creen que al final del camino contarán con el apoyo de los socialistas, que son fuertes en Santa Fe y necesitan un paraguas nacional que los ponga a cubierto del previsible ahogo a que los someterá allí el peronismo. Y hasta le han aconsejado al propio Alfonsín que mantenga silencio, porque los otros socios en la empresa son los restos de lo que alguna vez fue el duhaldismo.

Nada sería más propicio para el discurso kirchnerista, que mostrar a Lavagna como lo que parece hasta ahora: el candidato de Duhalde y Alfonsín. Del lado peronista, Lavagna encuentra consejo acerca de cómo armar su estructura: según fuentes justicialistas, escucha a Juan José Álvarez y a Carlos Ruckauf. En la plana mayor del duhaldismo irreductible tiene un buen amigo, el economista Jorge Sarghini.

Un escenario parecido se detecta entre los empresarios. Pueden simpatizar con Lavagna, pero no harán pública esa preferencia, ni la apoyarán a fondo en privado, si el poder de Kirchner se mantiene firme e implacable.

La catarata de ataques de estos días, fue la primera operación de ablande. Con la elegancia de Felisa Miceli o con la tosquedad de D'Elía, Kunkel o Díaz Bancalari, el kirchnerismo le soltó los perros a Lavagna. Habría que anotar un dato: los perros kirchneristas ladran, pero también muerden. Pueden dar fe quienes en estos años han sido sus rivales en el mundo político y empresarial.

Armando Maronese

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