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Aterradas por la violencia, las familias de clase media huyen masivamente

Por Sabrina Tavernise - 3 de Junio, 2006, 1:47, Categoría: EE.UU. y sus acciones

BAGDAD.- En los últimos diez meses se emitieron pasaportes para casi 2 millones de personas. Las muertes corren como agua por la vida de la familia Bahjat: cuatro vecinos, un peluquero, tres tenderos, dos hombres que manejaban una casa de cambio.

Cuando seis hombres armados irrumpieron hace poco en la escuela primaria de sus hijos, mataron a un guardia a tiros y dejaron volantes que ordenaban el cierre del establecimiento, Assad Bahjat supo que era hora de irse.

"Ahora lo principal es salir de Irak", dice Bahjat, de pie, en una habitación llena de maletas y muebles de alcoba en la parte oriental de Bagdad. El indicio más reciente de los infortunios que enfrentan los iraquíes, son los contingentes cada vez mayores de la clase media, que parece hacer todo lo posible por abandonar el país.

En los últimos diez meses, el Estado ha emitido pasaportes para 1.850.000 iraquíes; es decir, el 7 por ciento de la población y una cuarta parte de la clase media del país. El sistema escolar ofrece más evidencias: desde 2004, el Ministerio de Educación ha emitido 39.554 cartas que permiten a los padres sacar al extranjero los registros académicos de sus hijos. En 2005 se duplicó el número de esas cartas emitidas en relación con 2004, de acuerdo con el director del Departamento de Exámenes del ministerio.

Los funcionarios iraquíes y las organizaciones internacionales, calculan el número de iraquíes en Jordania en cerca de un millón. Ciudades sirias también tienen crecientes poblaciones de iraquíes.

Desde que el atentado en un santuario en Samarra, en febrero, disparó la violencia sectaria, la delincuencia y los asesinatos se han extendido aún más por toda la sociedad iraquí, lo que ha paralizado vecindarios y destrozado familias. Ahora, tras la formación de un nuevo gobierno permanente, los iraquíes expresan la opinión más sombría sobre su futuro en tres años.

"Somos como ovejas en un matadero", dijo un empresario en proceso de preparar su mudanza a Jordania. "Simplemente, esperamos nuestro turno."

El atentado en Samarra, produjo un nuevo tipo de violencia sectaria. En Bagdad, pandillas chiitas sacaron a varios árabes sunnitas de sus casas y mezquitas y los asesinaron con un frenesí que suscitó ataques en represalia y desplazó a 14.500 familias en tres meses, de acuerdo con el Ministerio de Migraciones.

Lo más aterrador, dicen muchos iraquíes, fue lo poco y nada que hizo el gobierno y las tropas estadounidenses para detener la violencia. Ese fracaso fue un mal presagio para el futuro, al dejarles la sensación de que el gobierno era incapaz de protegerlos y, una posibilidad más sombría aún, de que quizá participó en la matanza, al igual que las fuerzas de USA. Fuerzas gubernamentales dominadas por chiitas, han sido acusadas de llevar a cabo asesinatos sectarios.

"Ahora estoy solo", dice Monkath Abdul Razzaq, árabe sunnita de clase media, que decidió irse después del atentado. "No tengo gobierno. No tengo protección del gobierno. Cualquiera puede venir a mi casa, sacarme, matarme y arrojarme a la basura", se lamenta.

Huellas de la huida

Las huellas de las huidas están esparcidas por toda la vida cotidiana. Abdul Razzaq, quien trasladará a su familia a Siria, donde ya alquiló un departamento, dijo que se desató una pelea a puñetazos, en el transcurso de las cinco horas que esperó para llenar solicitudes para sus dos hijos pequeños en una repleta oficina de pasaportes.

En Salheyah, distrito comercial en el centro de Bagdad, las empresas de micros que tienen como destino Siria y Jordania dicen que las ventas de boletos han repuntado. Karim al-Ani, dueño de una de esas compañías, Tiger Company, dijo que antes salían tres micros por día, pero ahora casi llegan a diez diarios.

El impacto puede verse también en los barrios. Aunque gran parte de la ciudad rebosa de actividad durante el día, las áreas más devastadas por la guerra están vacías al mediodía. En la cuadra en la que vive Bahjat, en Dawra, sólo cinco casas de un total de 40 permanecen ocupadas. Es una de las peores áreas de Bagdad. Allí, la vida pública se ha detenido. La basura es recolectada esporádicamente desde que en abril mataron a tiros a siete recolectores. En total, 312 trabajadores del servicio de recolección de basura han sido asesinados en Bagdad en los últimos seis meses.

En una cuadra tranquila en Mansour, vecindario acaudalado en el centro de Bagdad, donde casas imponentes y enrejadas están guarecidas por arbustos bien recortados, la familia Kubba pasa la mayor parte de su tiempo en el interior. Se han aferrado a su estilo de vida: tres de sus hijos estudian violín, flauta y ballet en una escuela de artes en las afueras del vecindario a pesar de la violencia progresiva.

El año pasado, un olor fétido condujo a los vecinos a los cadáveres de siete miembros de una familia a varias puertas de distancia de los Kubba. Habían sido víctimas de un robo. Pero fue la naturaleza cada vez más sectaria de la violencia lo que inclinó la balanza, mientras Falah Kubba y su esposa, Samira, consideran irse.

"Los últimos meses nos convencieron", dijo Kubba, un empresario cuya esposa es sunnita. "Ahora se basan en tu tarjeta de identificación para matarte. Al principio pensamos que había que esperar, pero ahora sabemos que es hora de irse."

Por Sabrina Tavernise

De The New York Times

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