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Futuro K: Del peronismo profiláctico a la concertación de centroizquierda

Por Armando Maronese - 29 de Mayo, 2006, 23:51, Categoría: Los Kirchner .Tiranías fascistas.

Tanto desea abarcar el Presidente de la Nación, que ocurren groseras contradicciones. Basta con leer algunas de las columnas políticas para advertirlo. Entre la coalición de centroizquierda que proponen Página/12 y Clarín, hasta el uso descartable del partido peronista, hay una interesante coincidencia: reflejan qué le pasa a Néstor Kirchner. ¿Y la oposición? Tal como dice La Nación: muy poco.

"¿De qué habla el Gobierno cuando habla de "concertación"? La cuestión recorre al escenario político desde que Néstor Kirchner usó por primera vez ese término, hace dos semanas. Luego lo cambió por "pluralidad". Pero la oposición no le dio ningún crédito a la propuesta. El último paso del Gobierno fue explicitar el criterio de admisión de esa convergencia. Ni Mauricio Macri, ni Ricardo López Murphy, ni Elisa Carrió ni Jorge Sobisch serán tenidos en cuenta, aunque es remoto que a ellos les interese la propuesta.

¿Qué es entonces lo que quiere hacer el gobierno? La respuesta llega primero por la negativa. "No queremos una Concertación a la chilena, ni tampoco un Pacto de la Moncloa", explicó un funcionario de primera línea que habla muy seguido con Kirchner. "Lo que queremos, y a mí me lo dijo el Presidente, es reorganizar el mapa político con un ala de centroizquierda, con el peronismo adentro, y otra de centroderecha."


La explicación no suena para nada nueva. La necesidad de producir una transformación profunda del sistema político para adecuarlo al europeo, donde coexisten un partido socialdemócrata y un partido conservador, ya es un clásico que pusieron de moda Chacho Álvarez, el sociólogo Juan Carlos Torre y el francés Alain Touraine, entre otros. Tampoco es nueva para el kirchnerismo. Pero el Presidente cree que tras el acto del 25 avanzó un paso en esa dirección.


Según explicó el funcionario ya citado, Kirchner le otorgó mucha importancia a que sus únicas acompañantes en el palco, aparte de su mujer, hayan sido figuras del mundo de los derechos humanos, como Estela Carlotto y Hebe de Bonafini. "Hay que sumar a todo el mundo pero dentro de nuestros parámetros. No podemos estar con los que dicen que reivindicar a los desaparecidos es un acto de venganza", dijo Kirchner la semana pasada.


¿Cuáles son los parámetros que propone Kirchner? "Hay que definir quiénes están de un lado y quiénes están del otro. Y nuestros acuerdos básicos son: que Argentina se debe integrar al mundo a partir de nuestros intereses, el rechazo a la teoría de los dos demonios, y que aparte del crecimiento económico se busque la distribución de la riqueza", enumera el funcionario citando palabras textuales del Presidente. A partir de estos requisitos, en el oficialismo aseguran que la mayor parte del peronismo, por convicción o pragmatismo, se alineó detrás de esas banderas. "Les guste o no, hay una tendencia hacia la conformación de dos polos: el centroizquierda, con columna vertebral en el peronismo, y el centroderecha que sigue dispersa", subraya la fuente a puro fervor.


"Queremos acordar con cámaras empresariales, pequeños y medianos comerciantes, organizaciones no gubernamentales", adelantó el gobierno. Un ejemplo de esa búsqueda, la está comprobando en carne propia el titular de Federación Agraria Argentina, Eduardo Bussi.

Como portavoz de la cámara que agrupa a los pequeños y medianos agropecuarios, Bussi tiene un perfil muy distinto de las demás entidades del sector. En los últimos años estuvo cerca de la CTA y del Frepaso. Después del ex diputado socialista Héctor Polino (a quien el jefe de Gabinete ya le hizo una propuesta formal para encabezar una rejerarquizada Secretaría de Medio Ambiente), Bussi es el que sigue en la lista. Porque es uno de los dirigentes que el kirchnerismo quiere sumar a la gestión. "Necesitamos a los sectores medios del campo que podrían llegar a jugar con nosotros", es la explicación oficial. El presidente de la Federación Agraria ya estuvo conversando del tema con el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli. Lo acompañó el hoy funcionario Luis D"Elía.

Bussi no será el único. Porque el Gobierno está tanteando, a través de distintos interlocutores, a dirigentes partidarios –radicales, vecinalistas, socialistas– y de entidades intermedias. En la tarea, que es constante, metódica y sobre todo gradual, el oficialismo elige entre su vasta tropa a los negociadores con más afinidad con el sector que se quiere seducir.


Para el kirchnerismo, la búsqueda de eventuales aliados tiene una surtida oferta de donde alimentarse. Algunos ya son conocidos, como los intendentes radicales Gustavo Posse (San Isidro) y Enrique "Japonés" García (Vicente López), o su correligionario el jefe comunal de Olavarría, Helios Eseverri. Fueron de los primeros que comenzaron a negociar con el oficialismo, y lo hicieron en forma individual. Otro grupo que está cerca del Gobierno –su incorporación formal dentro de la base política del kirchnerismo es cuestión de tiempo–, responde a los hermanos Colombi, Ricardo y Arturo, ex y actual gobernador de Corrientes. Ambos fueron acercados al Ejecutivo tras la mediación de un dirigente que proviene de sus filas, Roberto Porcaro, quien luego se sumó a Compromiso K, la corriente que encabezan Carlos Zannini y Rudy Ulloa Igor.


Pero la ofensiva de seducción sobre el radicalismo tiene un plato fuerte. Y no es otro que el gobernador de Mendoza, Julio Cobos. En este caso, la negociación es directa con el propio Presidente. Y esperará el momento adecuado para anunciarse públicamente. Luego queda una base de intendentes del interior, a los que el propio Porcaro está recomendando que se junten en un bloque para tener más peso en una posterior alianza. "Si se pasan en forma individual, van a tener problemas con las listas de cada provincia", dicen en Compromiso K.


Otro sector que interesa a la Casa Rosada, es el grupo que forman Martín Sabbatella-Hermes Binner-Emilio Martínez Garbino-Luis Juez. Son intendentes o han pasado por esa función (el caso del rosarino), y se proponen como una alternativa independiente, que cuestiona al Gobierno en muchos aspectos (la reforma al Consejo de la Magistratura, por ejemplo), pero tampoco ejercen lo que en política se llama "una oposición salvaje". En este caso, los encargados de negociar son dos dirigentes históricos del Frente Grande: su fundador, Chacho Álvarez, y su actual presidente, el secretario de Integración Económica y Mercosur de la Cancillería, Eduardo Sigal. Álvarez y Sigal, por separado, suelen reunirse bastante seguido con los cuatro dirigentes. Los unen, en la mayoría de los casos, ciertas características culturales y afinidades políticas.


¿Qué se proponen los dos interlocutores del kirchnerismo? La explicación es sencilla. Consideran que los cuatro intendentes (y al ex Binner), serán protagonistas de la etapa que se abrirá en el 2011: el postkirchnerismo. Sólo entonces, aseguran, estarán en condiciones de disputar poder a nivel nacional. Mientras tanto, siempre según la lectura del oficialismo, Binner-Sabbatella-Martínez Garbino-Juez, deberán concentrarse en sus territorios. Al santafesino, puntualmente, le atribuyen muchísimas chances de ser el próximo gobernador de Santa Fe. Y se proponen ayudarlo a cambio de que preste apoyo a cuadros al Gobierno. "Ellos saben que deben pensar en un ciclo más adelante, en el 2011 o como mucho el 2009. Por eso les proponemos un acuerdo amplio de centroizquierda, con el Frente de la Victoria, por supuesto", explicó uno de los negociadores".


Joaquin Morales Solá en el diario La Nación dice:

"(...) Una desaceleración del crecimiento de la economía mundial, podría significar cierta caída en los precios de los productos que exporta la Argentina. El precio alto de los commodities (que benefició sobre todo a Chile, por el cobre, y a Venezuela, por el petróleo), fue también el gran eyector del crecimiento argentino de los últimos años. En resumen, y aunque el impacto en la Argentina resultara mucho menor que en el pasado, puede esperarse una etapa de menor bonanza de la economía mundial.


El crecimiento de la economía argentina se asentó en cuatro columnas: tipo de cambio alto, superávit fiscal, superávit de la balanza comercial y una inflación bajo control. La continuidad de esas variables necesita de su propia coherencia y de un alto nivel de inversión. El superávit de las provincias empieza a tambalear, como lo aceptó el gobernador Felipe Solá. (...)


(...) La Argentina necesita de inversión externa directa. Recibió menos de la que merecía en los últimos años porque las condiciones políticas y jurídicas internas nunca existieron. Las cosas se agravan ahora: al ritmo actual, esa inversión podría orillar sólo la mitad de la que se comprobó en el año último. La propia inversión interna podría convertirse en renuente por el virtual control de precios, por la falta de un plan estratégico y por los desplantes oficiales a los empresarios, que son, en última instancia, los inversores.


(...) Las malas noticias deben pasar inadvertidas. Kirchner detesta la sola idea de mandar a sus ministros al Congreso para defender esos contratos. El defensor del pueblo, Eduardo Mondino, planteó ya la inconstitucionalidad de tal cabriola legal.


(...) En una plaza con continente y sin contenido, Kirchner anunció un gobierno plural. La pluralidad kirchnerista la puso de manifiesto Aníbal Fernández cuando dio una explicación que se pareció a la de un humorista socarrón con el Gobierno. "No hablaremos con los dirigentes de la oposición porque no son plurales como nosotros", disparó contra sus propias filas. El diálogo plural es entre diferentes. La interpretación del ministro es la continuidad del monólogo presidencial por otros medios.


(...) ¿Qué vientos políticos internos deberá enfrentar Kirchner? Por ahora, hay sólo brisas que comienzan a insinuarse. Ricardo López Murphy y Elisa Carrió tienen una relación cordial, pero existe un paso oceánico entre esas conversaciones y una alianza electoral. Por ahora, Carrió prefirió largarse sola para las presidenciales, pero no rompió con nadie.


(...) Se puede disentir sobre la política económica (políticos socialdemócratas conviven con economistas ortodoxos en los gobiernos de Brasil, Chile y Uruguay), pero un obstáculo más insalvable se presenta cuando difieren en cuestiones institucionales. López Murphy y Carrió, han descifrado de manera diferente la Constitución cuando se trató la incorporación de Luis Patti a la Cámara de Diputados.


(...) Sorprendió, en ese paisaje desierto, que un discurso académico de Roberto Lavagna hubiera dado tanto que hablar. Es cierto que en ese discurso marcó una importante diferencia con el gobierno de Kirchner sobre una estrategia nacional de crecimiento. ¿Era suficiente para que todos comenzaran a menear su candidatura presidencial? "Más que lo que dijo, influyó el hecho de que la piel de la política estaba seca", razonaron no tan cerca de él y no tan lejos del Gobierno (...)"


La extorsión política del sistema de recaudación kirchnerista, es groseramente perfecta. Tanto que, si de pronto es cuestionada, aquel que cuestiona debe sumergirse, en el fondo del aljibe. En el pozo de la indeseable sospecha. Debe asumir el riesgo de incinerarse. En el fragor precario del envoltorio, tiene que evitar, sin suerte, ser tildado como un justificador de las bárbaras atrocidades del pasado. O impulsor de la gran trampa semántica, ferozmente reprochada como "teoría de los dos demonios".


Si se prescinde de la idea de extorsión, cuesta entender la racionalidad del gobierno. Decir gobierno, aquí, es decir Kirchner. Cuesta entender que Kirchner se desgaste, hasta el hartazgo, en la proposición de trivialidades revisorias que retrasan, al menos, 30 años. Mientras Kirchner entretiene con los distintos tonos de éticas, a la sustancial izquierda, sus principales hombres embolsan por derecha, merced a los atributos de la marroquinería política y a las virtudes del aceitado sistema de acumulación recaudatoria, mecanismo que nunca debe ser descubierto por aquellos que adhieren a los avivados ideológicos del progresismo.


Jactancias e imposturas que permiten mantener, dentro del preservativo, a la impotencia del peronismo.

Ciertos optimistas, traficantes del elitismo informativo, sostienen que Kirchner prepara un viraje hacia posiciones de centro. Que pretende liberarse, por ejemplo, de la dinámica de Chávez. O mejor, del destino de laberinto hacia donde Chávez, entre negocios, lo arrastra.

Por lo tanto, la preparación de tantas reivindicaciones predigeridas hacia el progresismo, mantiene el objetivo de tenerlos, a pesar de todo, aferrados.


Como La Hiedra.

Trátase de un giro ilusoriamente eventual hacia la racionalidad geopolítica. Otros pueden decir, con maniqueísmo, hacia la derecha. La cuestión que Kirchner llegó hasta una rotonda. Con la desprolijidad oculta de las contradicciones del sistema recaudatorio de acumulación. Tiene por delante, en medio de la rotonda, la opción de radicalizarse. La de acomodarse, y como si fuera un revolucionario, en la onda que ya supera a Cuba y que baja, sustancialmente, desde Venezuela. Pasa por la transitoriedad de Bolivia y amenaza con constituirse seriamente en Buenos Aires.


Sin embargo ocurre que el Presidente, a pesar de los abrazos con las señoras de Bonafini y de Carlotto, nada tiene que ver –en estos momentos-, con la izquierda. Trátase de un imaginario que resulta, en Kirchner, redituablemente ficticio. Entonces Kirchner, como no come vidrio, se debate en hacer los deberes del hogar. En enviar mensajes conciliadores hacia, por ejemplo, los Estados Unidos.


A pesar de las ingenuidades alborotadas de Díaz Bancalari y de Kunkel, quienes, en el bastardeo imperdonable del 45, intentan presentar, al próximo embajador Wayne, como si fuera un émulo de Braden, lo cual puede llevar al espantoso equívoco de suponer –como indica Ricardo Romano- que, entre la liquidación de tanto bastardeo, Kirchner es un nuevo Perón. La cuestión que el 25 de mayo, por primera vez, Kirchner mencionó, sin convicción, a Perón.


Una cita que no alcanza para conformar al peronista dirigencialmente huérfano. Al menos despierto, muy incómodo adentro del preservativo.


Néstor Kirchner tiene un instante de jarana. "Subió la Bolsa, bajó el riesgo país, aumentaron las reservas. Son los primeros efectos del acto, enumera entre medias carcajadas. El acto es la manifestación del último jueves en la Plaza de Mayo. Ese día, a su entender, colocó algo más que varios ladrillos en la edificación de su poder y en la continuidad que pretende darle a su política.


La palabra reelección brota con espontaneidad, pero el Presidente la esquiva con un monosílabo ininteligible y la mirada clavada sobre el escritorio. Está serio. Vuelve a entusiasmarse con una encuesta pública nacional que le arrima el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. "El 62% de la sociedad aprobó la convocatoria a la Plaza", dice. El 45% asegura haber escuchado mi mensaje. ¿No es demasiado? Parece una macana", bromea. Retorna al gesto austero cuando cuenta, como una ráfaga, que el 71% opina que debería continuar cuatro años más en la Casa Rosada.


No quiere hablar del tema. Prefiere seguir recordando una Plaza que lo alegró pero —aclara— que, no lo colocó en estado de euforia. "Lo que me gustó fue que todo se hizo en orden y en paz. Se respiró tranquilidad y también esperanza. Me doy por satisfecho", señaló. Y aprovechó para precisar algo que, a juicio suyo, resultó mal interpretado: "Cuando dije "volvimos" no me referí a los '70. Tendría que estar loco. Este es otro país. Dije "volvimos" porque los últimos recuerdos populares en la Plaza, están asociados a la tragedia del 2001, cuando todo se vino abajo. Ahora algo cambió", reflexionó.

En el aparato del peronismo bonaerense, por ejemplo, funcionando a pleno como en el apogeo de Eduardo Duhalde, los clásicos dirigentes sindicales se encaraman otra vez. El Presidente desgrana una visión propia, también adaptada a las circunstancias: "Los ómnibus movilizados no significan que el aparato haya funcionado como antes. A la gente hay que trasladarla. No hay otra. Pero a la gente esta vez no se le pagó, no se la obligó a concurrir ni se las sacó de sus trabajos", defiende. Un relato, sin dudas, muy angelical. Olvida los $ 35.- en efectivo y la bolsa con comida per per que costó la concurrencia.


Sobre aquellos caciques sindicales es un poco más realista. "Creo que han evolucionado bastante. Incluso los gordos de la CGT. Más que muchos que se dicen progresistas. Debo admitir que nos están ayudando en esta lucha contra la inflación. A los dirigentes hay que esperarlos. Hay que inducirlos al cambio, hasta que haya una renovación generacional. Es así. Nada se arregla pegándoles un tiro como hicieron con José Ignacio Rucci, dijo.


"Los partidos tradicionales ya no son lo que fueron. Todos hablan del radicalismo, pero lo mismo le cabe al peronismo", apuntó. El espaldarazo del acto no lo tienta a asumir la conducción partidaria. "Hay que pensar en otra cosa", señaló. Y remata: "Esa pelea me llevaría a una lucha con Menem y con Adolfo Rodríguez. Esa pelea no le interesa a nadie. Sería un retroceso para el país y para mí".


Kirchner desenfunda su típico enojo con el periodismo: "Ustedes también se deben modernizar para analizar la realidad", advirtió. Y refirió a un pensamiento paleolítico que aplica, además, para descalificar a dirigentes políticos que transitan posiciones extremas en la derecha y la izquierda.


No habla bien de la oposición aunque se esmera en excluir del montón a Raúl Alfonsín. Al ex presidente no le gustaron para nada los elogios de Luis Patti, el día en que la Cámara de Diputados le vetó el ingreso. Kirchner dice no entender las críticas agresivas de Mauricio Macri por el acto y comete una infidencia: una carta del padre del ingeniero, Franco, de cálidas felicitaciones por aquel mismo acto y su discurso. Apenas sobrevuela a Elisa Carrió.


La mejor conclusión de todo cuanto ha ocurrido en estas horas sigue siendo, sin embargo, que la idea de la reelección de Kirchner quedó instalada sin remedio y sin que hiciese falta un operativo "clamor" de la manifestación en la plaza, o de algún guiño -deliberadamente no lo hubo-, del Presidente.


Nadie hace un acto de tamaña envergadura ni pide el acompañamiento de la gente sólo para completar un año y medio de gestión, es la primera conclusión de voceros gubernamentales dados a responder sobre el significado de lo que acaba de ocurrir.


"Hemos demostrado que hay Kirchner para rato", se entusiasma el santafesino Agustín Rossi, aunque cuida las formas que bajan desde las alturas acerca de no mencionar las cosas por su nombre, sino a través de eufemismos.


"Hablamos de candidaturas, somos políticos y sería irreal no hacerlo, pero en privado, no en público", se escuda Felipe Solá. Nadie debería espantarse ni temer por decir lo que es un dato de la realidad: Kirchner tiene acceso a la reelección porque así lo manda la Constitución.

Otro cantar, es la especulación subterránea de evitar que un lanzamiento tempranero pudiera poner al país en campaña, un año antes de lo previsto, en medio de asignaturas pendientes que el ciudadano de a pie puede empezar a reclamar más temprano que tarde. O que un renunciamiento de Kirchner a un segundo mandato, que hoy no está en los planes ni de sus enemigos, le provoque un desgaste prematuro en el ejercicio del poder.

"Ahora cinchemos por la Argentina; después del Mundial nos largamos con todo", dicen en las carpas de Compromiso K, la agrupación madre de aquella causa que conduce Carlos Zannini.

Igual se verán en los días venideros -a pesar de la pausa que impondrá ese torneo-, algunas decisiones del presidente que pueden poner en vía de realización la idea de concertación y pluralidad al estilo kirchnerista, que se pregona en la palabra presidencial y en el gobierno todo. Kirchner ya ha tomado la decisión de ofrecerle la jerarquizada secretaría de Medio Ambiente al socialista Héctor Polino. Un llamado de Alberto Fernández le comunicó a éste la novedad y, a la vez, pretendió obtener una respuesta al toque. El ex legislador contestó que pondrá el ofrecimiento a consideración del partido en el que milita junto a Hermes Binner.


Néstor Kirchner analiza otro paso que se las trae: convocar a un radical a ocupar la estratégica subsecretaría general de la Presidencia. Se dice que el elegido es un dirigente que responde al mendocino Julio Cobos. El cargo no es menor: es el segundo sillón detrás del que ocupa Oscar Parrilli y, en su oportunidad, le fue ofrecido al bonaerense Florencio Randazzo, en premio a su aporte en el triunfo de 2005, que marcó el principio del fin del desbarranque del duhaldismo.

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Armando Maronese

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