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El lenguaje florido y alegórico del paisano

Por Carmen Verlichak - 29 de Mayo, 2006, 23:46, Categoría: Campo - Pueblos - Ciudades

Un nuevo diccionario recopila de modo minucioso las voces y expresiones del hombre de la llanura pampeana. Cuando el gaucho se quedó de a pie, se hizo paisano; cuando ya no fue sólo asunto de pialar y abrir picadas, el hombre empezó a marcar, alambrar y hasta sembrar.

De este modo, el gaucho argentino se convirtió en peón, ya no tan arisco; de taciturno que era, se puso más bien decidor, al tiempo que se iba haciendo dueño de un lenguaje florido y alegórico.

En ese hablar, el lujo fue tener varias maneras de decir lo mismo. La materia prima para enriquecer las metáforas fue brindada por la propia naturaleza, la conducta de los animales, de los demás y también el culto religioso (se quedó como en misa, quietito); alegre como unas pascuas, es precisamente el que nunca tiene cara de viernes santo, otras expresiones con aroma a sacristía cuyo origen hispano es innegable: cada santo tiene su día, mientras hay deudores tan reiterados que le deben a cada santo una vela. Al asimilar otros aspectos del español, fue aceptando italianismos y lo que galos y británicos trajeron.

Rafael Darío Capdevila, un estudioso de Tapalqué, provincia de Buenos Aires, recopiló ese decir en "El habla paisana", diccionario que se suma a otros sobre el tema, como el Diccionario de Argentinismos de la Academia de Letras. Sin embargo, Capdevila tiene un giro más local.

Como cada comarca en la tierra tiene su rasgo prominente, según aseguraba el poeta, cuando los de Tapalqué dicen que alguien es un buen gargantiador como un sapo, los porteños dirán que el hombre se toma todo, hasta el agua de los floreros.

La frase "cabezón le dijo el chingolo al lechuzón", equivalente a aquella bíblica de ver la paja en el ojo ajeno. Y en Tapalqué se llama paraguay a un paraguayo y ¿saben qué? el plural es paraguayses.

El cantar presentó muchas variaciones: si alguien le canta la castiya, no lo dude, le está cantando las cuarenta o las cuatro frescas; esto es, le está diciendo de todo menos lindo (la expresión en realidad viene de Galicia y quiere decir que le habló con claridad).

La cruda realidad inspiró aquello de calentar el agua pa´ que otro se tome el mate. Y lo de boliar pa´l pulpero, es trabajar para apenas costear los vicios: cigarrillos, yerba, bebidas, arroz y papas. Equivalente a de enero a enero la ganancia es del almacenero, que dicen en España. El poncho multiplicó su semántica tanto como los usos; hay un lugar donde el diablo perdió el poncho, y hay un poncho de los pobres: el sol.

El hombre puede traer un cuchillo bajo el poncho con lo que se sabrá que es un traidor. Y si lo corrió con el poncho sabemos que ganó con mucha facilidad, casi sólo con mostrarse.

El uso de los diminutivos resulta ser bastante peculiar en la llanura pampeana. ¿Por qué el paisano prefiere decir más bien cortona y no más bien cortita?, no lo sabemos, pero así lo hace.

A su vez, aquella ironía que usa las palabras en sentido opuesto, dará expresiones como chica la nariz, según dicen en Trenque Lauquen y su área de influencia. Naturalmente se refiere a una que compite con la de Cyrano.

Por su parte, ¡mucho el pelo! tendrá que escuchar un calvo. Hay décadas en las que aparecen nuevos términos, muy de campo también. Como es el usadísimo caloteo que en porteño se pronuncia afano (ahora choreo) o virulear, expresiones de las que muchos se han ocupado ya, y que deberían estar en una actualización del habla paisana.

Defectos ajenos

El diccionario de Capdevila desbroza minuciosamente expresiones crudas y realistas, sin permitir entrada a lo sucio y lo bajo.

De todos los elementos a que echa mano el paisano, ¡qué mejor que los defectos ajenos para aguzar el ingenio y la socarronería!. Así, cuadrado como cajón de velas o cuadrado como un dado se dirá del poco inteligente. O desconfiado como toro tuerto.

"Es un hombre muy preparado", puede elogiar alguno. Claro que tiene que contar con que un odioso le retruque... "Sí, preparado para bruto." Si hablamos de mala comida, estamos definiendo a un personaje vil y traicionero.

Muy elevado de genio, dice el paisano, mal llevado, hombre de mala rienda, hombre que no se deja enriendar, en otras palabras, arisco, cascarrabias o conflictivo, como diría un urbano. Ahí está la madre del borrego es que aparecieron los verdaderos motivos de tal o cual acción. Más loco que un cencerro por la imprevisibilidad de su repique, su conducta. Agrandado como galleta en el agua es equivalente a engréido (así acentuado) como croto lleno.

Precisamente éstos, los crotos o linyeras que iban y venían, fueron los más grandes traficantes de noticias -verdaderas y falsas-, noticias que inmediatamente se transformaron en cuentos, leyendas y dichos. Los crotos en cuestión transmitieron lo oído y también algo agregaron de su propia cosecha.

Todo esto se hizo de un modo natural, cuando el gaucho se fue aquerenciando alrededor de la manga y de la cocina de peones.

Por Carmen Verlichak

Es autora de "Los croatas en la Argentina".

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