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Se agrava la situación financiera bonaerense, que pide auxilio a la Nación

Por Armando Maronese - 28 de Mayo, 2006, 19:17, Categoría: Política - Políticos

El cachorro, lame la mano de su amo. Néstor Kirchner tiene a la Provincia de Buenos Aires donde él quería para el momento de la reelección: exhausta y pidiendo de rodillas un rescate. Los números dominan por estas horas el vasto universo del oficialismo bonaerense. Desde el gobierno hasta las unidades básicas y las organizaciones sociales, pasando por las intendencias, todo el mundo saca cuentas y tira cifras propias y ajenas a diestra y siniestra.


Son los cálculos, claro, del nuevo torneo de la política: cuánta gente movilizó cada sector el jueves al acto de la Plaza de Mayo. Sólo algunos de esos protagonistas, en cambio, les prestan atención a otras cuentas, las que muestran la realidad económica y financiera del Estado bonaerense. Hay, en fin, números para la euforia y números para la depresión.

El gobernador Solá habló en estos días, por primera vez públicamente, de los problemas crecientes de la Provincia para financiarse, y admitió inclusive que la cuestión puede virar, antes de que termine el año, de dificultad a crisis. Dijo que hay riesgo de caer en déficit y puso el acento, para explicar la situación, en el alto volumen de la deuda pública que vence este año. Señaló también que la mayor parte de esas obligaciones, es con el Estado nacional y pidió en consecuencia la refinanciación de ese endeudamiento. Sintetizó así una realidad sumamente compleja, de acuerdo a cálculos oficiales.


DEUDAS Y GASTOS

Los vencimientos de deudas del año, suman $ 3.500 millones. Unos $ 2.450 millones son con la Nación y $ 800 millones con los organismos internacionales de crédito, como el Banco Mundial. Nada de eso se podrá dejar de pagar: la Nación descuenta automáticamente el monto, de cada vencimiento de los fondos de coparticipación de impuestos que le gira a la Provincia.


Los restantes $ 250 millones corresponden a las primeras cuotas de los nuevos bonos, con los que se salió del default: el gobierno bonaerense no dejará de pagarlas a no ser que se acabe el mundo.

Para "cubrir" ese capítulo de $ 3.500 millones, la Nación le concedió a la Provincia un préstamo de $ 2.000 millones. Y la coparticipación, además, podría ser unos $ 500 millones más elevada que la presupuestada. Los otros $ 1.000 millones, habrá que descontarlos del total de ingresos que el gobierno bonaerense pensó -según el Presupuesto-, que iba a recibir en el año por la coparticipación.


Pero, además, totalmente al margen de ese capítulo, están las "cuentas primarias": la diferencia entre los ingresos totales menos el gasto corriente (pago de sueldos, más servicios, compras y todas las erogaciones propias del funcionamiento del Estado), será negativa. Ese es el déficit -"primario" en términos técnicos, esto es, sin tener en cuenta el pago de las deudas-, al que aludió el Gobernador, y al que ya se está estimando en unos $ 1.000 millones.


EL PEOR DE LOS TEMORES

Para resumirlo suavemente, las cuentas no cierran, y no por poco. Por eso, en voz tan baja como preocupada, en algunos ámbitos se evalúa el fantasma más temido: que un día no haya "caja" suficiente para pagar los sueldos. Aunque se confía en los mecanismos que permitirían superar una instancia de ese tipo ("ampliando" los plazos de pagos a proveedores, apelando a la liquidez eventual del Banco Provincia en ese momento y a los fondos que podrían tener depositados los ministerios para otros fines), quizás en este peligro pensaba Solá el viernes cuando dijo: "vivo con el agua cerca de la nariz".


De cualquier modo, esos mecanismos son transitorios y de muy corto plazo y el problema de fondo -un bache que superaría los 1.000 millones-, permanecería intocado. ¿Cómo se cubre ese agujero? "Con crédito", dicen los libros. El tema es, ¿da el contexto para que la Provincia obtenga financiamiento en las fuentes convencionales, internas o externas?


UNA CUESTION DE TAMAÑO

Por lo pronto, en la Gobernación apuestan a que la salida del atolladero tenga la forma de una "ayuda" del gobierno nacional. Solá habló del tema -y no por primera vez en el año, pero sí con una carga mayor de angustia-, con el Presidente en la semana que pasó. Y como ya lo había hecho en otras ocasiones, Kirchner lo tranquilizó. Le dijo que contara con su "auxilio".


Un compromiso que el Presidente reiteró horas después, ante el ministro de Gobierno, Florencio Randazzo. Paralelamente, como para tener en la Casa Rosada alguien que "opere" la instrumentación de la ayuda prometida, desde la Gobernación ya empezaron a hablar de esta cuestión también con Alberto Fernández.


Una duda cruel recorre, sin embargo, despachos de la Gobernación. ¿Aportará efectivamente la Nación la magnitud de la asistencia que estaría requiriendo Buenos Aires? Las charlas en las que Kirchner ha comprometido su ayuda no habrían incluido precisiones numéricas de parte de los bonaerenses. Y como un indicio de que podría ser sideral la distancia entre lo que la Provincia necesita y lo que el Presidente prevé, serviría una conversación de hace algunas semanas.


Fue cuando el Ministerio de Economía de la Nación, otorgó el mencionado préstamo de $ 2.000 millones frente a los $ 2.500 millones que pedía la Provincia (que sólo se puede usar, vale aclararlo, para saldar las deudas con la propia Nación). El Presidente habría "tranquilizado" al Gobernador, en aquel momento, prometiéndole una asistencia extra de $ 200 millones; a esta altura, algo así como una aspirina para una infección.


Pero además, Kirchner ya ha advertido que su "límite" para asistir a Buenos Aires son los requerimientos de las restantes provincias y el programa integral de financiamiento nacional al conjunto, que tiene pautas de asignación de fondos absolutamente desbordadas por las necesidades bonaerenses. De más está decir que Felisa Miceli no concedió un préstamo $ 500 millones más bajo del pedido por la Provincia sin haberlo definido con el Presidente.


OBVIEDADES Y EXPLICACIONES

Este panorama -vale aclararlo-, se corresponde con cálculos de áreas del gobierno provincial que comparte el propio Solá. Es que la realidad económica de la Provincia es, desde comienzos de año, motivo de una de las controversias subterráneas más duras -entre tantas-, en el seno del gabinete.


Un ala que podría definirse como política -aunque de límites imprecisos, porque no todos los que encajan en esa definición piensan lo mismo-, ha venido sosteniendo el criterio de que no habría dificultades para cerrar las cuentas de este año, en abierta batalla con los que sostenían lo contrario.

Esa postura habría cedido en las últimas semanas, en el plano de la fría lectura de los números. Pero en ese sector no habrían perdido, de cualquier manera, el sueño. Creen que por "obvias razones políticas", el gobierno nacional proveerá toda la ayuda financiera que la Provincia necesite, sea cual fuere su dimensión.


Las "obviedades" remiten, claro, a la presunta imposibilidad de la administración de Kirchner de "permitirse" -de cara a las elecciones del año que viene-, que el gobierno bonaerense, como parte del oficialismo nacional que es, afronte dificultades que produzcan graves "ruidos" o menoscaben visiblemente la imagen de su gestión.


Lo cierto es que al gobierno de Solá, le resultaría muy difícil "explicar" un eventual estallido de una crisis en un contexto general de bonanza como el que está dado, con la economía en fuerte crecimiento en todos sus planos, y con una administración nacional que puede exhibir un elevado superávit sin dejar de anunciar una nueva obra pública detrás de la otra.


La verdad es que las dificultades bonaerenses de estos tiempos tienen mucho que ver con graves problemas estructurales que el Estado provincial arrastra desde hace décadas, y con un enorme volumen de deuda acumulada en gestiones anteriores. (Más arriba hablamos de los vencimientos de este año, pero vale decir que el monto total asciende a $ 30.000 millones, incluidos $ 18.000 millones de deudas con el Estado nacional, la última de las cuales se contrajo cuando el gobierno de Kirchner puso la plata para sacar de circulación a los patacones).


Pero en el gobierno saben que esos argumentos servirían de poco o nada si la Provincia se viera, en estos tiempos, envuelta en una crisis financiera.


¿LA HORA DE LOS TRASPASOS?

Por eso, en la administración bonaerense hay quienes, más allá de la búsqueda de medios que eviten un estallido en lo que queda del año, se están planteando -con la mira puesta en las cuentas del electoral 2007-, cómo empezar a eliminar algunos de los "problemas estructurales". Y con ese fin, aunque saben que con eso sólo no le cambiarán la vida de golpe a la Provincia, se han iniciado "conversaciones" -no más que eso por ahora-, con el gobierno de Kirchner en pos de "nacionalizar" el Astillero Río Santiago. Y también se "charla" -desde antes inclusive-, la posibilidad de traspasar a la Nación la red provincial ferroviaria.


De cualquier modo, la coyuntura no da respiro. Por caso, la Suprema Corte ha renovado hace unos días ante Solá, su "inquietud" por los sueldos de los jueces. Le recordaron que esos haberes aumentaron menos que los del personal judicial y los compararon inclusive con los de la justicia federal, "que en el último año tuvieron un incremento del 50%", según puntualizaron, para concluir en un virtual pedido -con el cuidado de las formas que se maneja en ese ámbito-, de mejora en el corto plazo.

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Armando Maronese

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