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La guerra entre EE.UU. e Irán

Por Armando Maronese - 28 de Mayo, 2006, 3:45, Categoría: EE.UU. y sus acciones

La guerra entre EE.UU. e Irán, al menos en las palabras, ya es un hecho. Las declaraciones de uno y otro lado son cada vez más contundentes y precisas; cada vez hay menos espacio para la diplomacia.

Aunque EE.UU. descartó en varias oportunidades que esté planificando un ataque a Irán, admitió la semana pasada que tiene un plan de contingencia militar, listo para hacer frente a las ambiciones nucleares iraníes.

Mientras Irán, insiste en que su desarrollo atómico, tiene sólo fines energéticos, su presidente no deja de amenazar a EE.UU. e Israel, con la destrucción y aniquilación.

Paralelamente EE.UU., niega desde hace meses la posibilidad de efectuar un ataque, pero al mismo tiempo  no lo descarta. El Washington Post y la revista New Yorker, publicaron días atrás las suspensiones de la Casa Blanca de efectuar ataques selectivos, para presionar a Irán citando altas fuentes del gobierno de Bush. Los ataques a los supuestos bunkers serían ni más ni menos, que nucleares.

Según las versiones, las actividades clandestinas de EE.UU. en Irán, ya se incrementaron para contactar a grupos afines a los intereses estadounidenses y descontentos con el régimen de Mahmud Ahmadineyad. Una de las opciones que hay sobre la mesa, es el empleo de armas nucleares tácticas para destruir las instalaciones atómicas iraníes.

En los ataques a bunkers convencionales, EE.UU. utilizaría las llamadas armas de penetración terrestre como las GBU-28 y las GBU-37, que pueden penetrar hasta 6 metros de concreto ó 30 metros de tierra. Una vez que penetró en el bunker, es detonada por un sistema remoto.

Pero el Pentágono cree que Irán posee bunkers subterráneos, en los que esconde sus verdaderos planes nucleares. Para destruirlos, utilizaría las bombas con ojivas atómicas B61-11, que sólo penetran 3 metros bajo tierra pero que provocan una explosión nuclear contenida, cuyas radiaciones lo contaminan todo y generan violentos movimientos sísmicos. La explosión nuclear generada por esta bomba, puede afectar a bunkers escondidos hasta 70 metros bajo tierra pero también, contamina la superficie ya que genera una nube radioactiva que se eleva en el aire.

En septiembre de 2002, Irán comenzó sus actividades nucleares. Esto puso en alerta a los Estados Unidos, que obtuvo mediante fotos satelitales la ubicación de otras dos plantas nucleares cuya existencia se desconocía.

Estos serían los primeros objetivos a ser atacados, una vez que EE.UU. se decida a atacar a Irán. Aunque se dice que un ataque no se realizaría en un corto plazo, para muchos esta es una salida inevitable si la diplomacia falla. La invasión por tierra, por el momento, estaría descartada, pero las opciones de ataques no sólo incluirían bombardeos a centrales atómicas, sino también a objetivos políticos y militares. Para algunos expertos, los ataques sólo lograrían retrasar el programa nuclear iraní por unos años y preservaría la opinión internacional contra EE.UU., en especial en el mundo musulmán.

La situación en la región, que ya es un polvorín, podría adquirir dimensiones de tragedia si Irán es bombardeada y decide responder a esos ataques.

Mientras tanto, Irán afirma poseer a miles de suicidas listos para atacar objetivos estadounidenses en Irán y en el resto del mundo. Por su parte, Israel ya respondió a las amenazas de Ahmadineyad, que dijo que habría que borrar del mapa a Israel.

El viceprimer ministro y el premio Nóbel de la paz, Simón Pérez, afirmaron que en el caso de que Irán ataque a Israel, ellos aniquilarán a su enemigo. Teniendo en cuenta que Israel tendría un arsenal secreto compuesto por unas 250 ojivas nucleares, la amenaza no puede pasar desapercibida.

No hay consenso sobre el plazo que necesita Irán para lograr las armas nucleares, si es que las está usando y sobre el mejor método para impedirlo, aunque las posibilidades se reducen a tres: negociación diplomática, sanciones o ataque militar.

Ni EE.UU., ni la Unión Europea, confían ya en el marco de las negociaciones atómicas de las Naciones Unidas.  Washington ya logró que el Consejo de Seguridad se comprometa a examinar el caso iraní, y reclama la imposición de sanciones.

Irán, no sólo no paralizó el proceso de enriquecimiento de uranio sino que lo aceleró, en lo que muchos consideran una violación del Tratado de no Proliferación Nuclear, que firmó cuando era aliado de los Estados Unidos, comprometiéndose a no desarrollar armas atómicas.

Por ahora sólo Rusia y China podrían impedir, en el Consejo de Seguridad, que no se tomen sanciones contra Irán pero, no se descartan acciones unilaterales de Estados Unidos. La diplomacia pierde terreno día a día; Irán está en la mira del Pentágono.

Cómo fue la revolución islámica de 1979

Desde la revolución islámica del año 1979, Irán está en la mira del Pentágono. ¿Por qué su produjo la revolución?. ¿Quien fue el Ayatolá Komeini?. ¿Quien es Mohamed Ahmadineyad?.

En 1953, el poder en Irán estaba dividido en dos personas: el Sha Mohamed Reza Pahalevi y el primer ministro Mohamed Mosadek. Mientras que el Sha contaba con el apoyo de los Estados Unidos y Gran Bretaña, Mosadek adhería a las fuerzas nacionalistas y progresistas, que cada vez ganaban más poder en el Parlamento y querían la nacionalización de la explotación petrolera, controlada hasta entonces por empresas transnacionales como la Irán Oil de capitales británicos.

El miedo a perder el negocio millonario del petróleo en Irán, hizo que Gran Bretaña y EE.UU. propiciaran un bloqueo económico en ese país. Pocos días después, un golpe de estado realizado por la CIA, sacó del poder a Mosadek y lo confinó en la cárcel hasta su muerte, 14 años después.

El golpe de estado orquestado por la CIA, le dio al Sha un poder casi absoluto y significó una matanza generalizada de dirigentes nacionalistas e izquierdistas y la prisión para miles de iraníes. Durante 26 años, el gobierno del Sha llevó una occidentalización que fue resistida por el clero y los nacionalistas. En 1979, el régimen era más opresivo que nunca. El descontento popular por la grave crisis económica que atravesaba el país, amenazaba con estallar de un momento a otro. El 4 de noviembre de ese año, una multitud de jóvenes se manifestó ante la embajada de los Estados Unidos en la Capital, Teherán, y lanzó gritos y consignas contra el Sha y el entonces presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter. La embajada fue ocupada por una multitud enardecida que portaba grandes pancartas con la figura de un hombre de intensa mirada y densa barba; era más conocido por el Ayatola Komeini.

Cincuenta y tres estadounidenses fueron víctimas de una odisea que duró 444 días y fue conocida como la crisis de los rehenes de Irán. Las manifestaciones se hicieron muy numerosas y en el exilio, perseguido por el régimen, Komeini, alentaba a las masas descontentas a unirse a la causa. En los actos se pasaban las grabaciones con su voz, incitando a las masas a sublevarse contra el Sha. Komeini regresó de su exilio y más de un millón de personas lo fueron a recibir al aeropuerto y días después, la revolución islámica llegaba al gobierno.

El Ayatolá organizó un régimen que poco a poco se tornó más violento  e intolerante que el que había derrocado. La represión contra viejos y nuevos opositores, fue brutal. Miles de muertos, miles de heridos, exiliados y presos políticos.

La revolución islámica puso en guardia a los Estados Unidos, pero también a Gran Bretaña y a la Unión Soviética, frente a la amenaza de esa influencia en la región. En este contexto, los países que se sintieron amenazados por el nuevo Irán, decidieron contrarrestar la influencia del Ayatolá y fue entonces, que Sadam Hussein fue apoyado por los países occidentales, especialmente por EE.UU. y Gran Bretaña.

Otra vez la CIA aceleró su llegada al poder y desde Bagdad, Hussein, hizo lo que todos estaban esperando: declaró la guerra a Irán. A ojos de todo el mundo el conflicto entre Irán e Irak parecía la guerra privada de Sadam, pero tras ella estaban buena parte de las potencias que decían mantenerse neutrales al conflicto. Estados Unidos, principalmente, y los países europeos pusieron las armas, y las monarquías del Golfo el dinero para financiar la guerra y la Unión Soviética el apoyo militar a Irán.

En Irán con una táctica de desgaste en el frente de batalla y con llamados a elecciones que eran un verdadero fraude, el poder no lo detentaban los diferentes primeros ministros que se sucedieron con los años, sino el mismísimo Ayatolá Komeini. En junio de 1989, luego de 20 años de poder y 9 de guerra con sus vecinos de Irak, Komeini murió en su cama de un infarto. Tenía 90 años.

Al año siguiente, la guerra entre Irak e Irán terminaba con un millón de muertos, ningún avance territorial y la destrucción casi total de la economía de ambos países. La revolución islámica siempre controlada por el Ayatolá, lo resistió todo. Los clérigos todavía hoy están en el poder, que se pudieron mantener gracias a la inercia de las masas. Ellos avalaron al presidente Ahmadineyad en su ascenso al poder y acabaron con el intento de los progresistas de construir otro Irán.

¿Pero quién es este hombre que en la Casa Blanca, en privado, llaman el nuevo  Hitler? Más allá del desafío nuclear que Irán lanza a occidente, Ahmadineyad fue el hombre elegido para despertar el orgullo nacional iraní. La retórica incendiaria en contacto continuo con el pueblo y con programas anticorrupción, cosecha cada vez más el apoyo de la población. El hombre que desafió a Estados Unidos y cuestiona el holocausto, ve ingresar su liderazgo mientras convierte el tema de la energía nuclear en una causa nacional. Su trayectoria es tan discreta como llena de sombras. Se lo acusó de todo, hasta de haber participado del secuestro de los diplomáticos estadounidenses en los comienzos de la revolución, pero nada pudo comprobarse.

Alarmados ante su retórica grandilocuente, diplomáticos y periodistas lo atacaron primero de novato y luego de loco. El hombre a quien el primer ministro israelí consideró un psicópata, es un populista al estilo Hugo Chávez, con lenguaje directo y de estilo sencillo que asumió una misión clara, recuperar el orgullo nacional iraní para salvar el régimen intacto.

La diplomacia en la crisis iraní, ¿una solución a este problema o el puente para la guerra?

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Armando Maronese

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