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El estirón, no evita la obesidad en los chicos con sobrepeso

Por Sebastián A. Ríos - 26 de Mayo, 2006, 2:04, Categoría: Ciencia - Salud

Afirman que es un mito la idea de que los kilos desaparecen con el crecimiento. Muchos padres y madres de chicos con sobrepeso, esperan ansiosos la llegada de la adolescencia con la secreta esperanza de que el "estirón" queme como por arte de magia el exceso de peso. Pero eso, revela un nuevo estudio, es poco probable que suceda. Por el contrario, asegura la investigadora británica Jane Wardle, "los chicos que son obesos cuando comienzan el secundario terminan la escuela siendo obesos".

Wardle llegó a esa conclusión, tras evaluar durante cinco años el crecimiento de 5.863 chicos que, al comienzo del estudio, tenían 11 años. Esta investigadora del Colegio Universitario de Londres, Inglaterra, pudo observar que el porcentaje de chicos con sobrepeso que durante la adolescencia evoluciona hacia la obesidad, era equivalente al de aquellos que efectivamente logran bajar de peso. En otras palabras, si de diez chicos que ingresan en el secundario tres tienen sobrepeso u obesidad, al finalizar esa etapa seguirán siendo tres los chicos con exceso de peso.

"El hallazgo de que la proporción de adolescentes en un rango de peso saludable, no se reduce con el tiempo y sugiere que el principal desarrollo del tejido graso está completamente establecido a los 11 años -escribió Wardle en su estudio, publicado en el último número de la revista British Medical Journal-. Por lo tanto, el período de riesgo para el desarrollo de una obesidad persistente son los años previos a la adolescencia."

En nuestro país, según recientes estudios de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), el 20% de los chicos y adolescentes de entre 10 y 19 años tiene sobrepeso, y otro 5% padece obesidad.

Entre la dieta y la quietud

"Es muy común que los padres de chicos con sobrepeso piensen que el estirón va a lograr que sus hijos bajen de peso. Pero esto no sucede por sí solo", confirma la doctora Mónica Katz, directora del Posgrado en Nutrición de la Universidad Favaloro. Además, varones y mujeres experimentan con la pubertad una redistribución de su masa grasa bien diferente.

"Si ambos tienen al comienzo de la pubertad un porcentaje de grasa corporal del 10%, al final de la adolescencia los chicos terminan con un 7% y las chicas, con un 20%, como resultado de la explosión hormonal que experimentan a partir de la menarca", explicó la doctora Katz.

En las chicas, ese aumento de la grasa corporal es necesario, ya que en su ausencia no son posibles los procesos fisiológicos relacionados con la menstruación. El problema, afirma la experta en nutrición, es que en los primeros años de la adolescencia, las chicas tienden a volverse más pasivas y dejan de hacer ejercicio. "Para peor, la forma en que las escuelas encaran la actividad física (el test de Cooper es un buen ejemplo de ello), sólo hace que las chicas terminen odiándola."

Al mismo tiempo, esos son los años en que, como si fuera un rito iniciático de entrada en el mundo femenino, las chicas realizan sus primeras dietas. "Es natural que durante los años de la adolescencia las chicas estén un poco más redondeadas, y eso es algo que por empezar deben tolerar las madres, en vez de fomentar conductas dietantes", sugiere Katz.

"Hay que buscar un punto medio -propone la experta en nutrición-. Ni el sedentarismo ni la conducta dietante, que sólo va a lograr más obesidad como resultado del efecto rebote o va a sentar las raíces de un trastorno alimentario."

No hay magia

De lo que se trata es de fomentar una mayor actividad física y una alimentación saludable. "Los padres tienen la responsabilidad de poner en la mesa una alimentación variada y balanceada, y de darles a los adolescentes ciertas pautas de socialización: que las comidas deben ser cuatro y en ciertos horarios, por ejemplo", apunta la doctora Katz.

Esto es válido también para los adolescentes varones, sobre cuya alimentación los padres tienden a hacer todo lo contrario que con sus hijas: "Confían en que con el estirón se van a volver más flacos, y no tienen problema en ofrecer una cantidad ilimitada de comida -cuenta-. No hay que confiarse en la pérdida de peso de la adolescencia, que sí suele ocurrir en los varones, porque si «se comen todo» y no hacen actividad física, los que tenían sobrepeso van a seguir teniendo sobrepeso."

En todo caso, este período de aceleración del crecimiento puede ser aprovechado estimulando la actividad física y una alimentación saludable, para lograr un descenso de peso razonable. Esto es, sin magia, pero también sin expectativas desmedidas, como las que proponen los modelos de belleza anoréxica tan extendidos.

La preadolescencia, un momento clave

El estudio británico que siguió a casi seis mil chicos a medida que se convertían en adultos jóvenes, muestra que los problemas de peso están bien establecidos antes de la adolescencia. Aquellos que tenían exceso de peso a los once años continuaban teniéndolo. Los investigadores analizaron las mediciones anuales de peso, altura, índice de masa corporal y circunferencia de cintura de chicos de 11/12 años y de 16/17 que concurrían a 36 escuelas del sur de Londres con una amplia mezcla étnica y social.

Por Sebastián A. Ríos

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