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Belgrano, del algarrobo al ombú

Por Daniel Tirso Fiorotto - 9 de Mayo, 2006, 1:55, Categoría: Historia

PARANÁ.- Una recorrida junto al perito José Carlos Gómez por las paradas y estancias que pisó el Ejército guiado por el general argentino rumbo al Paraguay, allá por 1810, y que hoy siguen en pie.

Algunos expertos le calculan cinco siglos de vida, de modo que el algarrobo de la calle Ameghino, pudo estar brotando aquel octubre en que Colón pisaba América. Aunque su longevidad fuera menor, el grosor de las ramas y del tronco permite imaginar que bajo su sombra descansó Manuel Belgrano en 1810 en campaña al Paraguay.

Trescientos kilómetros al nordeste de aquí, cerca de las termas de Federación, aún resiste el ombú de Mandisoví, que los lugareños identifican como el árbol que dio sombra a Belgrano en el regreso, tras las derrotas de Paraguarí y Tacuarí, en 1811.

Entre el algarrobo de la partida y el ombú del retorno, la Mesopotamia guarda numerosos puestos que hablan del paso de los patriotas. Los testigos vivos de aquella cabalgata siguen siendo los árboles, precisamente en la única zona que conserva montes de espinal. No había ciudades entonces y tampoco las hay hoy. Las más cercanas al camino son Villa Urquiza, Hernandarias, Santa Elena, La Paz, San Víctor y Feliciano.

En la última década, el paisaje experimentó un cambio, con el avance abrupto de la soja sobre la Selva de Montiel y, a pesar de decretos que prohibieron el desmonte, se pueden apreciar numerosas parcelas arrasadas por el hacha y las topadoras en estos días.

Caminos de ayer y de hoy

Recorrer los rincones en que las tropas desensillaron, cada 30 o 35 kilómetros resulta complejo, porque el itinerario no está demarcado y los habitantes ignoran cualquier dato que no surja de la experiencia inmediata o los cuentos de los abuelos. Sin embargo, con la compañía del estudioso José Carlos Gómez, perito de la Dirección Provincial de Vialidad, que está relevando paso a paso el trayecto de la expedición al Paraguay, este cronista pudo acceder a la mayoría de los sitios en que pernoctaron los expedicionarios.

Vacunos, cabritos, cardenales, gallinetas, alguna víbora de coral y largas distancias sin una sola persona a la vista. Eso es el norte entrerriano, no muy distinto de lo que vieron los soldados hace 195 años.

Gómez se guió por obras de Facundo Arce y Manuel Castrillón. Dice que el ejército partió de Paraná y cruzó el arroyo Las Conchas. Paso seguido, la tropa descansó en la Estancia de la Torre. Ahí se puede ver una casa en ruinas, en una altísima lomada, tapada de soja en estos días.

Más adelante, badeó el arroyo Antonio Tomás y ya cerca de la actual Santa Elena, se detuvo en la estancia Vizcacheras, de Francisco Colobrán y Andreu. Allí, su propietaria moderna, Teresa Giustiniani, muestra con orgullo los algarrobales en que los lugareños imaginan a Belgrano echando pie en tierra.

La siguiente meta, ya en la otra orilla del Feliciano, fue el puesto Las Estacas, que pertenecía a la viuda de Juan Ventura Denis, Gregoria Pérez. Esta mujer, la "primera patricia argentina", puso a disposición de los revolucionarios "haciendas, casas y criados, desde el río Feliciano hasta el puesto de las Estacas".

Algunos metros antes está el casco de la estancia El Sauce, que conserva el mismo nombre de aquella época, y sus dueños dicen que la casona de techos de teja se sostiene desde fines del siglo XVIII. Sebastián Mutti y Josefina Matho habitan con sus tres niños esta mansión antigua de ladrillos grandes. Enamorada de la historia de la casa, Josefina recibe turistas y Sebastián está reuniendo mil y un antigüedades para un futuro museo.

Luego, las tropas avanzaron hacia la estancia El Rosario (entonces Las Vizcachas), junto a la ruta provincial 1 que vincula La Paz con Feliciano, en la margen derecha del río Feliciano, y luego hacia La Mula, en tierras de Francisco Candioti, "el príncipe de los gauchos".

Por allí sufrió Belgrano un intento de deserción. Dos soldados de la "Caballería de la patria" fueron fusilados, previa sentencia de Consejo de Guerra, en Curuzú Cuatiá.

El vecino Tránsito Ojeda, de 77 años recuerda, en medio del monte, que antes de quedar ciego desmontó las paredes que quedaban de una vieja casona del puesto La Mula, y Gómez estima que pudo ser la estancia visitada por Belgrano, que poco después enarbolaría la bandera celeste y blanca en las barrancas del Paraná.

Algunos paisanos distinguen entre los renovales de espinillo de los distritos Chañar y Manantiales, el "camino de tropa" que no saben si atribuir al lugar por donde pasó el ejército, o sólo adjudicarlo al tránsito habitual de columnas de carretas que mercaban en la zona.

Los guerreros siguieron por el puesto De la Laguna, rodeado de montes cerrados, luego pararon en la estancia de Muñoz y finalmente se internaron en las puntas del arroyo Basualdo, para ir a Curuzú Cuatiá. Belgrano reorganizó desde ahí esa ciudad y la de Mandisoví, en Entre Ríos, originada sobre una estancia que fundó Juan de San Martín, el padre del Libertador.

Con todas las penas sobre los hombros por los reveses en el Paraguay, Manuel Belgrano mitigó la fatiga, de regreso, bajo un ombú del distrito Mandisoví, una zona que hoy alterna montes bajos y naranjales en los aledaños del río Mocoretá. Así lo cuentan los entrerrianos, así debe ser.

Por Daniel Tirso Fiorotto

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