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Un cambio es posible

Por Armando Maronese - 8 de Mayo, 2006, 2:29, Categoría: Opinión

Quienes tenemos la posibilidad de escribir en medios de comunicación que cuentan con una importante cantidad de lectores (en mi caso en dos periódicos extranjeros y uno nacional y, además, en éste mismo diario digital Redacción digital) y, a su vez, creemos que la comunicación de valores puede ayudar a vivir mejor, sentimos la responsabilidad de ofrecer propuestas que movilicen a la opinión pública.

Desde esta perspectiva, observo con frecuencia que se multiplican las críticas a la forma de vida de nuestra sociedad y, sin embargo, no hay demasiadas propuestas para mejorarla.

Es cierto que abundan las cosas criticables -todos los aspectos de una manera de plantear la vida sin un claro objetivo de favorecer al hombre, sino más bien de conquistar beneficios para unos pocos-, pero, es muy fácil hacer diagnósticos parándose "en la vereda de enfrente", pontificar acerca de lo que uno ve mal y no intentar, al menos, proponer una solución.

Si nuestro mundo está enfermo, hay que sanarlo. Esta imagen puede darnos alguna pista de cómo hacerlo. Si voy a visitar a un enfermo que está internado en un hospital, no me pongo de pié en la puerta de la habitación y, desde allí, hablo a los gritos para preguntarle cómo está y cómo se siente. ¡No! Me acerco suavemente, le hablo casi al oído como en un murmullo y, desde allí, me ofrezco para alcanzarle lo que necesita, le doy de beber o, sencillamente, me pongo a su disposición para ayudarlo.

Al mundo de hoy hay que tratarlo igual, entrar en él con suavidad, sin agresiones. Acercarse sin miedo y, allí, muy junto, hablarle como en un susurro. De la misma manera que un enfermo no quiere aceptar su enfermedad o no quiere cumplir con el tratamiento prescripto, actuar con serenidad para acompañarlo; con mano firme pero con afecto; exponiéndose uno mismo a su lado para buscar su sanación.

Algunos podrán decir que hace falta otra metodología pero, me parece que ya se ha probado por otros caminos. Y los resultados están a la vista. Quizás podemos intentar con la sencillez de quien tiene confianza en la fuerza del amor que comparte.

Se escucha decir que se han deteriorado las costumbres, que se ha perdido la conducta ética, que la moral está por el suelo y que los valores se han trastocado y subvertido. Convengamos que esto es así, pero también convengamos en que eso no ocurrió de un día para otro. Los cimientos sobre los cuáles estaba construida una casa más sólida no fueron socavados por una explosión. El derrumbe de los valores trascendentes y el relativismo constante se ha ido instalando lentamente.

Entonces, la reconstrucción también tendrá que ser paulatina. No nos desalentemos si no se perciben resultados inmediatos. Un cambio es posible y hay que afrontarlo con serenidad y esperanza. Lo mismo que se han derrumbado algunos valores podemos volver a construirlos. La acción cotidiana, casi imperceptible, ayuda. El gesto edificante, aunque parezca algo menor, reconstruye. Hacen falta cambios estructurales, nadie lo pone en duda, pero no se alcanzan sin paciencia.

Tenemos que luchar por los ideales de justicia, de paz y de libertad. Tenemos que conseguir una mejor calidad de vida. Trabajo para todos, asistencia para la salud, educación, recreación, cultura, respeto por la dignidad de la persona y pleno ejercicio de los derechos. Una aparente utopía que vale la pena que sea buscada. Cada día podemos estar un poquito mejor. De nosotros depende.

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Armando Maronese

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