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Un héroe olvidado de la batalla de Curupaytí

Por Aníbal La Frossia - 6 de Mayo, 2006, 21:23, Categoría: Historia

El teniente entrerriano Manuel Viera, participó en varios encuentros de la guerra del Paraguay y se destacó en este combate, que fue desfavorable para nuestro el país.Esta historia transcurrió en la época de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), una contienda absurda de la Argentina, Brasil y Uruguay contra el Paraguay, gobernado por el dictador Solano López. Entonces, en 1865, el mariscal invadió nuestro país atacando por Corrientes en forma muy sorpresiva, sin tener motivo alguno para tan insólita aventura.

La reacción fue inmediata por el gobierno argentino: Bartolomé Mitre era, en ese entonces, el presidente y sin pérdida de tiempo respondió como debía, declarándole la guerra al Paraguay y ordenando la formación de un ejército expedicionario para expulsar al invasor, poniéndose él mismo al comando de las tropas.

El pueblo respondió con total adhesión, y con toda rapidez se convocó a los hombres de todo el país que tuvieran condiciones para el servicio de las armas. Fue una tarea muy difícil armar un ejército en un tiempo tan limitado, con una leva de combatientes que había que adiestrar.

Mientras tanto, el enemigo avanzaba sin encontrar oposición; en los pueblos se formaban batallones y regimientos que con alguna instrucción se enviaban a Buenos Aires para integrar la expedición.

Enrolados de todo el país

La tradición oral cuenta que en un pueblo entrerriano (Nogoyá), se enroló un ciudadano ansioso por combatir; un mozo veintiañero con relativa instrucción, de familia campesina, bien plantado y muy alegre, amante de la guitarra y de las serenatas puebleras, de novio con una niña cuyos padres no celebraban tal relación.

Llegó la despedida de la niña con la que estaba prendado con gran pena de la misma. Por otro lado, ella se consolaba con que el hombre que amaba cumplía con el servicio en defensa de la patria. Ya había sido dado de alta con el grado de teniente, sin duda alguna debido a sus aptitudes. Entrenado previamente, el joven pasó a revistar como jefe de un batallón integrado por gente de su pueblo.

El novel soldado estuvo en muchos encuentros decisivos con las tropas enemigas: Estero Bellaco, Tuyutí, Yataytí Corám, El Sauce y Yatay, fueron los combates en los que le tocó combatir. Uno de ellos fue derrota: el desastre de Curupaytí, en medio del suelo paraguayo.

Nuestras tropas avanzaban con pocas dificultades, pero los paraguayos esperaban detrás de unos cerritos que se hacían inexpugnables por su ubicación, que en conjunto constituían una verdadera plaza fuerte.

El teniente mencionado al mando de su batallón, era uno más de la partida. Como bien gaucho que era, en su caballo rosillo llevaba sobre su uniforme el poncho blanco que usaba con frecuencia para cubrirse del frío. No llevaba más que el sable como arma de combate para pelear a caballo.

El asalto a la fortaleza de Curupaytí se produjo en un día luminoso y en horas de la mañana, después de una formación de las tropas en traje de gala.

Una pelea sangrienta

Las banderas y las bandas con su música y redobles, le daban un toque festivo. Un clarín desde el comando prorrumpió la orden de avanzar en el ataque al fuerte paraguayo, al que era preciso someter.

El ataque fue frontal contra el reducto paraguayo, que estaba muy bien armado con tropas bien entrenadas. Los enemigos estaban diseminados detrás de la barrera de los troncos, por cierto bien protegidos. Al contrario, nuestras fuerzas debían avanzar sin ninguna protección.

El combate fue muy reñido al grito de "Viva la Patria", mientras las balas de uno y otro bando fueron haciendo destrozos, dejando un tendal de muertos y heridos, que se debatían entre la vida y la muerte.

Fueron tantas las pérdidas de las tropas argentinas que el comando ordenó, siendo ya la media tarde, el toque de retirada que se cumplió de inmediato. Fueron muchos los valientes que ofrendaron allí sus vidas en esa sangrienta batalla.

En tanto se hizo notar entre todos, la gran valentía desplegada por el teniente aludido, con su corcel embravecido por tanto tronar las balas y tantas sangre vertida.

El teniente alentaba su tropa a combatir sin resuello y seguía siempre adelante, enarbolando su poncho que se había teñido de sangre. Con la orden de retirada recién cambio de postura y se dedico a acomodar su tropa que se salvo de la muerte.

Las bajas fueron notables. Esa misma noche en una tienda de campaña con las tropas vivaqueando, los oficiales comentaban lo ocurrido en tan tremenda derrota y los actos de coraje en un combate tan desparejo. Fue entonces, cuando apareció el mismísimo general Bartolomé Mitre en persona, preguntando por el oficial que tan valiente actuación había tenido ese día.

De inmediato el teniente se presentó, Manuel Viera era su nombre. En ese instante, Viera fue ascendido al grado de capitán.

Al licenciarse las tropas con el triunfo final de la Argentina, el capitán Viera también solicitó su licenciamiento y volvió a su Entre Ríos natal, orgulloso de los méritos ganados por defender a la patria.

Sintió una gran tristeza al enterarse que la novia de sus sueños, se había casado con otro pretendiente, al gusto de sus padres.

Por Aníbal La Frossia

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