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Los niños serán bautizados con agua tibia

Por Armando Maronese - 2 de Mayo, 2006, 19:19, Categoría: Historia

La Asamblea General Constituyente, deliberaba en Buenos Aires desde el 31 de enero de 1813. Lo hacía en el edificio del Consulado (hoy sede del Banco de la Provincia de Buenos Aires), ubicado en la calle de la santísima Trinidad (denominada en 1848, San Martín, por el Santo patrono de la ciudad y más adelante por el Libertador), esquina Bartolomé Mitre.

Inicialmente, la Asamblea suprimió la invocación al rey, Fernandito, según nominaba el Coronel de los Granaderos don José Francisco de San Martín, al menguado y mendaz Fernando VII de Borbón, a la sazón todavía complaciente prisionero de Napoleón. También aprobó la canción de Vicente López y Planes, a quien acompañó Blas Parera con su música, y declaró libre a los esclavos nacidos a partir del día de su instalación. Después, por la hábil política de Lord Strangford y del acobardamiento de los diputados que respondían a Carlos María de Alvear, la Asamblea entró en una suerte de hibernación y arrinconó el propósito de declarar la independencia y los proyectos constitucionales. Por esto, precisamente, pudo dedicar su tiempo a menesteres de secundaria o ninguna importancia, le compitiese tratarlos o no. Corridos unos años, Pedro Medrano denominaría a actitudes similares, "especulaciones alegres".

Una de tales fue considerar, en la sesión del 8 de agosto de 1813, una propuesta del protomédico Miguel Gorman, que postulaba que los niños fuesen bautizados a partir del octavo día de su nacimiento y que para hacerlo, se despojase al agua de su frialdad natural. En su discurso alusivo, Gorman –según puede leerse en el periódico "El Redactor de la Asamblea"-, sostuvo que las dos normas eran asociadas en bien de la población, pero que su cumplimiento resultaba imperiosamente resistido por el hábito de las preocupaciones de que adolece la multitud, "en fuerza de las cuales cree que sería faltar a la forma del sacramento, el dar al agua más o menos grados de calor, o el diferir el bautismo aún no estando amenazada la vida del infante."

En su disertación, según se lee en el acta de la sesión, Gorman probó "con principios facultativos, que siendo casi endémicos en nuestro clima los espasmos según lo justifican las frecuentes víctimas del tétanos, que por la más ligera herida, aún por la más leve laceración de los tegumentos de la palma de la mano o plantas de los pies, son conducidos al sepulcro dolorosamente; sin embargo, de que los adultos están ya acostumbrados a resistir las impresiones externas, es muy natural que el infante, que apenas sale de la vida interior, y para quien todo es nuevo en la naturaleza, le sobrevenga el "trismus" por verter sobre su delicado cerebro un chorro de agua fría que, por lo común, está depositada en recipientes de piedra, colocados en los lugares más sombríos de los templos."

La Asamblea no consideró conveniente disponer una dilación para recibir el primer sacramento por considerar, "que semejante medida pondría a una prueba difícil el celo religioso de los padres de familia" y se limitó a pedir a estos y a los párrocos que, de no haber un próximo riesgo que amenace la vida de los recién nacidos, difieran el bautismo hasta que puedan resistir sin tanto peligro las impresiones del agua fría. Acordó, eso sí, que en cualquier estación del año se lo haga con agua templada. Y tal decisión se tomó en mérito a "haber conocido con dolor y perjuicio de la población, que la multitud de infantes que perecen luego de nacidos, del mal vulgarmente llamado "de los siete días", es original de un espasmo que, entre otras cosas, ocasiona el agua fría."

Así opinó el protomédico y así lo aceptaron los diputados, presididos en aquel mes de agosto, por Ramón Anchoris, con la secretaría a cargo de Hipólito Vieytes. Pero, en cambio, una supuesta comadrona del barrio Recio, junto a la iglesia de San Nicolás (hoy Carlos Pellegrini y Corrientes, con frente al río), podría haber sostenido que la causa del mal "de los siete días", no estaba provocado por la frialdad del agua, sino por la falta de atención higiénica debida al cordón umbilical.

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Armando Maronese

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