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Los descerebrados

Por Armando Maronese - 2 de Mayo, 2006, 18:12, Categoría: Droga: entorno-consecuencias

La droga está minando una generación entera de niños, nacidos entre mediados de 1980 y principio del 90, y por eso me interesa analizar la última punta del eslabón de una economía criminal global: es el adolescente casi niño de una barriada pobre o un joven de clase media alta; ambos consumen. 

Unos, debajo de un monoblock, desde el pegamento hasta la pasta base de cocaína, marihuana o la propia cocaína.  Los otros, en un megaevento, incluso en lugares VIP, las últimas drogas de síntesis (éxtasis, BGL, popper, ketamina) o clorhidrato de cocaína. 

Los unos y los otros, ingresarán al ejército de los "descerebrados" que inundan e inundarán en pocos años (no más de dos o tres del primer consumo) los centros de atención, las comisarías, los juzgados, las salas de terapia intensiva.

Ambos proceden de medios sociales diferentes. La Argentina está dividida en dos, aunque el cerebro de todos es el mismo y el daño es similar por más que las consecuencias serán diversas, de acuerdo con los apoyos sociales (padres, servicios sociales, escolaridad, redes institucionales) que cada uno tenga.

Y digo la Argentina, porque es el país donde vivo y veo diariamente la realidad en la calle, pero esto no es exclusivo nuestro, sino es de todo el mundo. Igualmente, me referiré a Argentina.

Hoy hay una gran proporción de chicos, que no han culminado la escolaridad primaria y no han tenido la experiencia de la secundaria. Son el producto de la Argentina que se ha latinoamericanizado; parecería haber acabado la Argentina europeizada. La latinoamericanización, va unida al deterioro de la calidad educativa. 

El país totalmente alfabetizado como siempre lo fuimos, ha quedado atrás. Hoy hay más analfabetos y con mayor grado de deserción escolar. El medio familiar de estos chicos es casi inexistente o con una gran proporción de enfermedades psiquiátricas en su seno (alcoholismo; trastornos antisociales, en familiares que viven de la delincuencia; por ejemplo).  El contexto barrial es también delictivo; ser "traficante" es una profesión y la vida parecería no tener más horizonte que la próxima dosis vendida.

Socialmente, son la expresión de una indigencia que ha crecido. El 70% de los que son pobres, viene de las viejas clases medias del país; ya no existen, gracias al gobernante de la década del 90 y posteriores.

En la década de 1960, el 60% de la población era de clase media. Hoy, año 2005, es el 30%. La clase media era la gran diferencia argentina, con respecto a América latina.

Se ha deteriorado la movilidad social ascendente, que es uno de los daños más grandes en la capacidad para proyectar la vida y tener futuro.  Hoy, 7 de cada 10 niños son pobres y la mitad de los seis millones de niños-adolescentes pobres, es indigente.

Este tipo de joven no educado, empobrecido afectivamente, dejado de lado por el mundo de los valores –ya que estos no tienen transmisores (los valores necesitan padres y padres sociales para ser esparcidos) y están sometidos al marketing de lo etéreo, insustancial y de las drogas-,  ingresa fácilmente a la enfermedad mental y al delito,  desde la venta hasta la participación en bandas delictivas y actividades más complejas.

Son dirigidos por otros, que sí forman parte de la cadena criminal global. Incluso viven en zonas, en donde las organizaciones pueden trabajar con bajo riesgo (villas, barrios críticos), en donde poseen un control relativo del entorno institucional, por coacción, imposición del miedo o corrupción.

Los otros jóvenes VIP, forman parte del otro negocio; aquí las organizaciones buscan sus mercados preferentes en las zonas de demanda más rica, a fin de cobrar los precios más altos.

La división argentina entre los unos (que viven una vida casi miserable), y los otros (opulentos, pero pobres también en valores y también alienados por la sociedad del marketing), es la misma que la economía criminal global establece entre los países: Colombia-Afganistán, por ejemplo, son zonas de gestión en lugares que se puede trabajar a bajo riesgo y con escasos controles institucionales; Estados Unidos y Europa, son lugares de demanda de los productos.

Sobre este fondo, abreva en nuestras tierras el consumo indiscriminado de sustancias, los secuestros, las cadenas de prostitución, el tráfico de armas, el contrabando, etcétera. Son negocios de la economía criminal global, con manos de obra determinada y demandantes fijos.

En el campo de las drogas, no sólo el cambio de leyes (pasaje a la desfederalización y a las justicias provinciales) nos permitirá un respiro.  Hace falta un programa global de prevención comunitaria, escolar y familiar, con conciencia de la comunidad del problema y, a la vez, un enfoque casi de "medicina de guerra" para atender a miles de argentinos jóvenes, que están liquidando sus vidas; creo que ésta es la decisión que habrá que tomar ante la epidemia.

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Armando Maronese

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