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Najash, la madre de todas las serpientes, tenía dos patas

Por Sebastián A. Ríos - 1 de Mayo, 2006, 23:23, Categoría: Ciencia - Salud

Hallazgo de paleontólogos argentinos. Es la más primitiva y constituye el eslabón que las une a los reptiles terrestres. Fue la madre de todas las serpientes y vivió en la Patagonia. Por eso los paleontólogos la llamaron Najash rionegrina. "Najash" en hebreo significa "serpiente" y en esa tradición el nombre designa a la que Dios condenó a arrastrarse por haber engañado a Adán y a Eva.

Aunque se arrastraba, esta serpiente de 90 millones de años, cuyos restos fósiles fueron descubiertos en la provincia de Río Negro, tenía patas: sólo dos, las traseras. Además, tenía cadera, una característica anatómica de la que carecen las serpientes modernas y que permite postular que sería el eslabón que permite vincularlas con los reptiles de cuatro patas de los que descienden.

"Aunque existen restos fósiles de serpientes más antiguas, de hasta 130 millones de años, ésta es la más primitiva que se conoce", dijo el licenciado Sebastián Apesteguía, jefe de paleontología de la Fundación de Historia Natural Félix de Azzara y autor de la descripción de Najash que publicó el 26 de este mes Nature.

"Esta serpiente es un hallazgo importante, porque es la primera que tiene hueso sacro. Este representa una morfología intermedia que nunca había sido vista [en serpientes] -declaró por su parte Hussam Zaher, investigador de la Universidad de San Pablo, Brasil, y coautor del estudio-. Llena una importante brecha de información morfológica sobre la temprana evolución de las serpientes."

Najash, además, aporta evidencias a favor del origen terrestre de las serpientes, en un momento en que la mayoría de los expertos en la materia se inclinan a favor de la teoría opuesta, que habla de un origen marino.

Lo inesperado

Los restos fósiles de Najash fueron hallados en 2001, en La Buitrera, un yacimiento paleontológico del noroeste de la provincia de Río Negro. Allí, Apesteguía y sus colegas, llevan siete años realizando tareas de exploración. "Lo que uno encuentra en La Buitrera es aquello que no espera encontrar -comentó Apesteguía-. Buscamos dinosaurios, pero lo que encontramos son los animales pequeños que vivían junto a ellos: lagartos, mamíferos, tortugas, peces... y serpientes.

En 2001, Pablo Gallina, uno de los paleontólogos del equipo, dio con los primeros restos de Najash. "Encontró casi todo el esqueleto (desde la primera vértebra del cuello hasta el inicio de la cola), las patas y parte de la mandíbula -precisó Apesteguía-. Tiempo después hallamos restos fragmentarios de un ejemplar más grande y el año pasado encontramos medio cráneo."

Con todas esas piezas, los investigadores comenzaron a armar el rompecabezas, cuyo resultado final es un animal de 1,5 metros de largo que puede parecer bastante extraño -¡una serpiente con patas!-, pero que permite comprender cómo fue la transición entre los reptiles terrestres que caminaban en cuatro patas y las serpientes modernas.

Najash carece de una de las características clave de estas últimas, que incluso está presente en especies marinas más antiguas: la macrostomía, que es la capacidad de abrir la boca para engullir animales más grandes que la cabeza de la misma serpiente.

Al mismo tiempo, escribieron los autores del hallazgo en Nature, "esta serpiente fósil tenía un sacro que soportaba la pelvis y unas piernas robustas y funcionales". Aunque en algunas serpientes modernas, como las pitones, persisten resabios mínimos de las extremidades posteriores, éstas no se conectan con la columna como en Najash.

En suma, se trata de una serpiente que aún conservaba rasgos anatómicos de reptiles cuadrúpedos (la cadera y las piernas funcionales), pero que todavía no había desarrollado una característica distintiva de las serpientes modernas: la macrostomía.

Un dato no menor, es el ecosistema que habitó Najash: "La encontramos en un ambiente terrestre: lo que hoy es La Buitrera era el valle de un río que corría hacia el Pacífico -señaló Apesteguía-. En ese sentido, Najash presentaba varias características terrestres: las vértebras de su espina neural eran chatas, lo que se considera una adaptación para poder meterse en cuevas; además, sus fémures estaban bien desarrollados: le permitían anclar sus patas en el suelo para moverse o para atacar."

"Todo esto nos lleva a pensar que las serpientes se originaron en la tierra, mucho antes de lo que se piensa actualmente (quizás en el Jurásico), de modo tal que en el Cretácico, período en el que vivió Najash, se diversificaron en formas terrestres y marinas", concluyó Apesteguía.

Por Sebastián A. Ríos

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