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Detrás de un largo muro

Por Armando Maronese - 17 de Abril, 2006, 3:11, Categoría: Opinión

La historia de la humanidad sabe de muros, ha sido cercada por ellos. Sabe de la muralla que el emperador Shib Huang Ti, hizo construir en China para protegerse de los Bárbaros, muralla que es posible divisar desde la Luna, debido a su longitud de casi 2.500 km.

Pero los primeros paredones que obtiene nuestro saber, datan de la Edad de Hierro, 1400 AC, especialmente rodeando las casas rurales de gente importante y adinerada.

Ya en el 1500 de nuestra era, las casas europeas tenían puente y murallón, auspiciados por el temor a la barbarie y el saqueo, afamado dúo que no ha mermado pese a los siglos transcurridos, aunque ya no vivamos en la ciudad medieval, que se construía alrededor de una fortaleza.

Si uno revisa la información de libros y diarios, conoce otros muros, como el de las Lamentaciones, en Jerusalén, donde los judíos lloran cada viernes la destrucción de la ciudad y la dispersión de su pueblo.

Y hablando de muros no se puede obviar el muro que el gobernante Arik Sharon erigió recientemente en Cisjordania, para que los palestinos no crucen la raya, sin olvidarnos que Berlín, capital de Alemania, fue dividida en dos zonas, que desde 1961 a 1989 permanecieron separadas por un muro de enorme significación política.

En la ciudad de Buenos Aires (Argentina), hay lugares históricos, como la Iglesia de la Merced, ubicada en la otrora Cangallo (hoy Perón) y Reconquista fundada en el año 1602. Rodeada por un importante círculo de mampostería sirvió para que las fuerzas criollas combatieran desde las azoteas contra los invasores británicos.

Cerca de esa zona, se encuentra la Casa de los Ejercicios, de Independencia al 1100, casa que ostenta muros de un metro de espesor, que protegían sus dependencias y sus patios coloniales de los invasores de turno.

Ahora, para ser sincero, diré que en realidad me importan otros muros, aquellos que no se ven, pero se sienten, como la muralla que no permite que millones de argentinos consigan trabajo digno o el muro que han levantado delante de los libros sensibles e inteligentes o el paredón donde unos pocos se reparten el botín del saber.

Me molesta sobremanera el paredón de la discriminación y el que no nos permite avanzar con nuestros sueños al hombro. Estos muros no son sólo rumores, son los que debemos derribar entre todos, lo antes posible.

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Armando Maronese

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