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Educar en la responsabilidad

Por Armando Maronese - 16 de Abril, 2006, 1:33, Categoría: Cultura - Educación - Literatura

En su concepto más clásico y tradicional, educar es ayudar a otra persona -por lo general, a un niño o a un joven- a desarrollar al máximo sus facultades intelectuales y morales.

Ello significa que quien proporciona educación a un tercero, no se limita a transmitirle conocimientos o a iniciarlo en la práctica de un arte, un oficio o una profesión, sino que debe brindarle, fundamentalmente, una enseñanza moral. Debe enseñarle, por ejemplo, a adoptar en la vida una conducta responsable.

Esa ha sido, históricamente, la tarea o la misión de los padres de familia, considerados -con razón-, los primeros educadores de sus hijos. La enseñanza brindada en el hogar se prolongaba luego en la escuela, pero siempre teniendo en cuenta que el educador no debe limitarse a desarrollar en el alumno capacidades intelectuales, sino que debe enseñarle también a hacerse moralmente responsable de la propia conducta, de los propios actos.

Nuestra vida, desde que nos despertamos en la mañana hasta que nos acostamos en la noche, y así hasta el final, es una sucesión de pequeñas y de grandes, de sutiles y de obvias, de silenciosas y de declamadas elecciones, escribió el ensayista Sergio Sinay. Y agregó: Cada una de esas elecciones tiene consecuencias (previsibles o no, deseadas o no, gratificantes o no). Y somos responsables (no culpables) de esas consecuencias.

Ahora bien: en los últimos tiempos, esa tarea de formar a los alumnos en la responsabilidad integral -es decir, intelectual y ética-, se ha complicado por el embate de ciertas doctrinas que tienden a imponer conceptos y pautas que conducen al imperio de un desolador relativismo moral.

Así, por ejemplo, el postmodernismo, al relativizar el conocimiento y las concepciones pedagógicas, no sólo ha puesto en duda los contenidos de los aprendizajes, sino también el papel rector que debe asumir el docente en las cuestiones de conciencia.

Se suele sostener, en ese sentido, que el alumno debe desarrollar por sí mism, su formación ética y, por lo tanto, su sentido de la responsabilidad moral. Esa postura pone en grave riesgo la misión del docente. Pero eso no debe sorprendernos, pues muchas de las teorías que han buscado últimamente renovar la escuela, lo han hecho movidas por fines ideológicos o políticos, no por razones estrictamente pedagógicas.

Es notable que hoy, cuando los adolescentes obran con una independencia más temprana que nunca respecto de sus mayores, han crecido patéticamente las quejas por la irresponsabilidad de los jóvenes y, sobre todo, por el abandono de sus obligaciones básicas ante la familia, la escuela y la sociedad.

Ese cambio ha sido provocado, notoriamente, por los nuevos criterios que se les imponen a los educadores: la disminución de los niveles de exigencia, el aflojamiento de los controles y de la disciplina, la promoción permanente de entretenimientos y gratificaciones sin méritos previos. Todo lo que reclama trabajo, esfuerzo y obligación ha ido generando rechazos, quejas y protestas. Se ha debilitado la conciencia de los deberes y de las responsabilidades, a menudo consideradas una carga injusta.

Es también cierto que, con frecuencia, padres y docentes han contribuido directa o indirectamente a ese ablandamiento de las conductas. Pedir una conducta moralmente responsable al hijo o al alumno, obliga al adulto a un comportamiento a la altura de sus exigencias. Si no existe esa correspondencia de conductas, los padres y los maestros pierden autoridad. Este es un punto sobre el cual deben reflexionar severamente los mayores: tanto aquellos padres ausentes de sus compromisos como aquellos docentes que, al declararse en huelga, dejan de cumplir su obligación primera frente a los alumnos.

También los medios de comunicación masiva, suelen contribuir a dar pésimos ejemplos respecto de lo que representa el ejercicio de la responsabilidad moral. En el mencionado artículo de Sergio Sinay, se destaca, justamente, el caso de Diego Armando Maradona, que en su programa de televisión de los lunes, no vaciló en jactarse de haber convertido un gol con la mano -no la de Dios, sino la de él mismo-, en el campeonato mundial de México de 1986, con absoluto menosprecio por las reglas del fútbol. En otro programa, el famoso futbolista se refirió a su relación con el hijo que le fue atribuido por la justicia italiana en términos que poco tienen que ver con un sano ejercicio de la responsabilidad personal.

A su vez, en el marco de la sociedad contemporánea, la falta de responsabilidad moral de los gobernantes repercute en el comportamiento de los ciudadanos e incitan a los jóvenes a conductas de escepticismo y de liberación de obligaciones.

En suma, la responsabilidad moral de nuestra sociedad, tantas veces reclamada, demanda firmeza, coherencia y compromiso de los mayores para educar dignamente a los jóvenes.

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Armando Maronese

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