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Por primera vez, el caso de la espía de la CIA salpica a Bush

Por Hugo Alconada Mon - 14 de Abril, 2006, 19:31, Categoría: EE.UU. y sus acciones

WASHINGTON.- Por primera vez desde que comenzó el escándalo, hace tres años, el presidente George W. Bush fue señalado ayer ante la Justicia como el máximo responsable de la filtración de información confidencial de inteligencia para promover y defender la cuestionada invasión de Irak.

Bush no sólo consintió las filtraciones de funcionarios de confianza, sino que además las autorizó, declaró el ex jefe de gabinete y asesor más cercano del vicepresidente Dick Cheney Lewis "Scooter" Libby a los fiscales que investigan quiénes y por qué revelaron la identidad de una funcionaria de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Un ex funcionario reveló que el presidente autorizó la filtración del nombre de Plame.

Libby también describió el papel que asumió su ex jefe Cheney, en sus contactos con la prensa para sostener la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en Irak como fundamento para el ataque, según consta en la presentación ante la Corte que hizo el fiscal federal a cargo de la investigación, Patrick Fitzgerald.

El testimonio de Libby podría complicar aún más la situación de Bush, cuya imagen pública se mantiene por debajo del 30% desde principios de año, cuando faltan siete meses para las elecciones de mitad de mandato.

Libby testificó bajo juramento que su charla del 8 de julio de 2003 con la periodista Judith Miller, de The New York Times, ocurrió sólo después de que el vicepresidente le comunicara que el presidente específicamente había autorizado que revelara "cierta información de inteligencia nacional".

Libby, el ex funcionario de la Casa Blanca de más alto rango que está procesado en la causa, no especificó, sin embargo, si Bush lo había autorizado de manera expresa a ventilar la identidad de la espía de la CIA Valeria Plame, el eje central de la investigación penal.

Sólo sostuvo que las circunstancias de su conversación con Miller, con la aprobación del presidente a través del vicepresidente para discutir material que de otra manera sería clasificado, "fueron únicas".

¿Una represalia?

Miller sí admitió que en aquella reunión de julio de 2003, Libby le reveló la identidad de Plame y que, según las notas que tomó durante la conversación, le comentó que trabajaba en una unidad de la CIA que evaluaba datos de inteligencia sobre armas no convencionales. Plame es la esposa del embajador Joseph Wilson, que viajó a África meses antes de la guerra y publicó una extensa columna en The New York Times el 6 de julio de 2003, en la que refutó los argumentos que defendió la Casa Blanca para justificar la guerra contra Saddam Hussein.

En cuestión de días, un periodista conservador con diálogo fluido con la Casa Blanca, Robert Novak, reveló que Plame trabajaba para la CIA, lo que fue visto por Wilson como una represalia por sus críticas y derivó en la apertura de la investigación criminal.

Revelar la identidad de un agente secreto es un delito en Estados Unidos, aun cuando un sector del Partido Republicano liderado por Cheney -en el cual se apoya Libby para defenderse en la causa-, sostiene que el presidente tiene la prerrogativa personal de desclasificar información confidencial en tiempos de guerra.

Libby señaló a Cheney como uno de los responsables de la idea de ventilar la relación entre Plame y la CIA, como una manera de desacreditar a Wilson, según surge de su testimonio bajo juramento. Pero tampoco afirmó de manera taxativa que lo hubiera autorizado a filtrar ese dato.

Su declaración disparó, de todos modos, una ola de reacciones a favor y en contra de Bush, quien meses atrás prometió que "echaría" a todos los funcionarios que fueron señalados por la Justicia como autores de la filtración, que dijo "aborrecer". Ahora, sus colaboradores optaron por sostener que el presidente tiene la facultad de desclasificar datos confidenciales.

Los demócratas, entre ellos el presidente del Comité Nacional, Howard Dean, creen lo contrario. "El hecho de que el presidente estuviera dispuesto a revelar información clasificada por motivos políticos y poner los intereses de su partido por encima de la seguridad de Estados Unidos, muestra que ya no podemos confiar en que defenderá al país", dijo. El senador demócrata Check Schumer fue más allá: "Cuanto más sabemos, más claro queda que esto va más allá de Libby. Bush y Cheney deberían informarles a los estadounidenses sobre su papel en la decisión de permitir que se filtrara información clasificada", reclamó.

Aunque no son pocos los demócratas que sueñan con la apertura de un juicio político contra Bush, esta posibilidad se mantiene, por ahora, sólo como una hipótesis lejana. Para ello, deberían recuperar el control del Congreso en las elecciones de noviembre próximo.

Por Hugo Alconada Mon

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