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Coinciden en que Miceli no existe y que Kirchner cedió ante los ganaderos

Por Armando Maronese - 10 de Abril, 2006, 22:25, Categoría: Los Kirchner .Tiranías fascistas.

Hay cierta coincidencia en los comentarios dominicales a afirmar que el acuerdo con los ganaderos corroboró la debilidad de Felisa Miceli, la omnipotencia de Néstor Kirchner pero también su inutilidad: firmó lo mismo que estaba para firmar 10 días antes.

Eugenio Paillet, en el diario La Nueva Provincia, de Bahia Blanca:

"(...) El Presidente tenía a la mano, hace diez días, el mismo acuerdo que Felisa Miceli firmó, el jueves último, por la noche, con ganaderos y frigoríficos. Sin embargo, tuvo que existir primero el golpe de efecto presidencial de denunciar a la "patria ganadera", y de anteponer una baja del producto en las carnicerías a cualquier arranque de negociación, antes de avanzar.


Así, la propaganda oficial presentó como una victoria del santacruceño una movida que, en verdad, reconoce más de un yerro presidencial y de parte de su administración. Y que dejó más rencillas internas en el gabinete que las que eran necesarias. El Presidente culpó a los ganaderos de males bíblicos y amenazó con echar a Miceli, si se cedía un centímetro antes de doblarles el brazo, pero terminó por reconocer que los responsables de que no bajen los precios no eran los hombres del campo sino los frigoríficos y otros eslabones de la cadena.


Miguel Campos, el secretario de Agricultura, fue absolutamente marginado de las negociaciones que terminaron con el acuerdo firmado el jueves. Tanto, que al mediodía de esa jornada desconocía por completo lo que horas después se anunciaría en la Casa Rosada. Quedó al borde de la renuncia, aunque el jefe de gabinete la haya desmentido. Los negociadores centrales fueron Javier de Urquiza, subsecretario de Campos y con quien hasta mantuvo, semanas atrás, una escena de pugilato, y Lisandro Salas, funcionario de Economía que, en verdad, reporta incondicionalmente al ministro de Planificación. Otra vez el avance de De Vido sobre las posiciones de Miceli fue evidente (...)".


Francisco Olivera en el diario La Nación, de la Ciudad de Buenos Aires (a Olivera le falta agregar un único dato: los agentes bursátiles responden a J.J. Adelmo Gabbi, hombre fuerte de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y ferviente simpatizante de Julio De Vido).

"(...) La certeza ha obligado a todos los actores a cambiar de estrategia. La Unión Industrial Argentina (UIA), entidad que siente que ha perdido a su principal aliado oficial con la partida de Lavagna, le pidió a Miceli, semanas atrás, que intercediera ante los legisladores para que el proyecto de normas laborales no tuviera, como presienten los ejecutivos, un fuerte sesgo "antiempresa". Ella les contestó que lo haría, pero en la central fabril se oyó una frase de desaliento: "Es una batalla que ella está perdiendo".


El ingreso de Lisandro Salas, funcionario leal a De Vido, en un puesto decisivo como el de secretario de Coordinación Técnica del Ministerio de Economía, es mucho más que una designación burocrática. Salas es el encargado de cerrar los acuerdos de precios, el tema que más ha ocupado a Miceli desde que asumió.


(...) No fue Miceli, sino el propio De Vido quien negoció con los sindicatos el cambio en el mínimo no imponible en el impuesto a las ganancias, y quien se reunió en los Estados Unidos, al menos dos veces, con empresarios y referentes del establishment.


La semana pasada, la noche anterior a que se acordara el aumento salarial del 19% para los camioneros, los empresarios transportistas llamaron por teléfono a Hugo Moyano. "Estoy ocupado ahora -los atajó el líder sindical-. Estoy reunido con el ministro". El ministro era De Vido. El mismo funcionario que se había comunicado horas antes con los empresarios para pedirles un rango en el incremento que debían otorgar: no menos del 15%, no más del 20%.


Los dueños de los frigoríficos se vieron también obligados a girar la cabeza para negociar: muchas de las decisiones no las toma ya Miguel Campos, secretario de Agricultura puesto por Lavagna, sino Javier de Urquiza, subsecretario del área, otra persona identificada con De Vido.


(...) Existe, en cambio, entre los analistas y operadores bursátiles, un sector mucho menos indulgente con la ministra, a quien llaman, por su vínculo con los acuerdos de precios, "Felisa de Lazzari", en alusión a Lita de Lazzari, la presidenta de la Liga de Amas de Casa. Miceli jamás ha respondido públicamente a esa agresión. (...)


Un alto funcionario del Gobierno que conoce de cerca el funcionamiento de las variables macroeconómicas definió, días atrás, a la jefa del Palacio de Hacienda: "Es la ministra adecuada para este momento y para este Presidente". (...)


Mario Wainfeld en Pagina/12:

"(...) Hay que decirlo: por esas horas en las que se apuraba el acuerdo y las denuncias de Kirchner contra los ganaderos todavía enrarecían el ambiente, hubo demostraciones de cómo las juega el kirchnerismo puro a la hora de defender sus posiciones. Los dirigentes de las entidades ganaderas, que llegaron al Ministerio de Economía para sellar la baja de los precios en 11 cortes de carne, debieron atravesar un piquete oficialista que los hostigó de palabra, aunque no de hecho, en medio de un clima irrespirable. A pocos metros de allí, los policías observaban el sobrevuelo de las palomas sobre la Plaza de Mayo.

El gobierno va a flexibilizar, en el corto plazo, el decreto que prohibió las exportaciones de carne. Este también es un hecho palpable de que el presidente puede andar necesitado a diario de demostrar cuánto poder ha acumulado, pero que no come vidrio. Puede echar de su despacho a un funcionario que le advierta los riesgos que corre el país por la pérdida de mercados cárnicos externos vitales, pero luego aceptar que se reabra gradualmente, como va a suceder, la posibilidad de vender carne al exterior, al margen de las nunca cerradas autorizaciones para los envíos de la cuota Hilton (...)".


Eduardo van der Kooy en Clarín:

"(...) Felisa Miceli no tuvo ningún papel sobresaliente desde que reemplazó a Roberto Lavagna. No es por una razón de capacidad técnica y conocimiento sino de actitud personal. Transmite demasiada dependencia de los ánimos de Kirchner. Pero hizo por el acuerdo ganadero bastante más de lo que se dice y se sabe. Tuvo desde el inicio una actitud componedora y evaluó la inconveniencia de una pelea indefinida con el sector ganadero.

El conflicto desnudó una refriega entre el secretario de Agricultura, Miguel Campos, y el subsecretario, Javier de Urquiza. Este funcionario santacruceño fue el que influyó sobre las ideas de Kirchner. Miceli suturó heridas y consiguió que los hombres en discordia ataran un acuerdo con un sector poderoso pero disperso, donde no prevalece una cadena integrada de producción, industrialización y comercio. (...)"


Joaquín Morales Solá, en el diario La Nación:

"(...)Felisa Miceli suele atravesar por el mismo trance. Por momentos, ella debe lidiar con problemas más complicados. El conflicto de la carne tampoco se resolvió en el despacho presidencial. Por el contrario, Kirchner se reunió con todos los sectores cuando tenía la garantía inmutable de que se había llegado a una solución. Guardó el secreto hasta delante de sus estupefactos secretarios. Sólo él y la ministra sabían lo que se urdía.


El sistema de producción y comercialización de la carne está muy atomizado. Los frigoríficos prefieren modernizar el sistema de comercialización; los productores se aferran al centenario método que aún está vigente. Unirlos en una misma posición es una gestión de paciente orfebre.


Para peor, el Presidente había desquiciado cualquier clima de acuerdo. ¿Patria ganadera? ¿Oligarquía? De los 195 mil productores de carne que hay, 175 mil tienen menos de 500 cabezas. Son pequeños productores que no viven en Buenos Aires ni en París; viven en el campo y trabajan en las horas inhóspitas de la labranza. La agresión presidencial (Es política pura, no se asusten, aclara el kirchnerismo) fue, sobre todo, injusta.


Felisa Miceli no tenía más que una sola mano para tejer el acuerdo. La Secretaría de Agricultura y Ganadería encierra una pelea de vecinas gritonas entre secretarios y subsecretarios. No pudo ayudarla mucho. El secretario, Miguel Campos, es un buen técnico con contactos internacionales, pero sobrelleva un incorregible yeso en su cintura política. Javier de Urquiza, subsecretario de Agricultura y competidor desbocado de Campos, sabe seguir los contoneos de la política, pero no tiene los conocimientos técnicos de su adversario. Ocupan su tiempo en grescas bíblicas.


En el Ministerio de Economía se apura la redacción de la reglamentación para reanudar las exportaciones de carne. La Argentina es el tercer exportador de carnes del mundo, el segundo en este momento en que Brasil está fuera del mercado por los brotes de aftosa. El primero es Estados Unidos (...)".

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Armando Maronese

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