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Amor de pareja y fecundidad

Por Armando Maronese - 9 de Abril, 2006, 14:58, Categoría: Opinión

En primer lugar, había titulado este escrito como "amor conyugal y fecundidad", pero consideré que hubiera limitado en forma demasiado lastimosa a la fecundidad fuera del ámbito conyugal. Por lo menos, ese es mi sentir.

En contraposición con los enfoques y necesidades de la vida, algunos han sentado las bases inmutables de la verdad sobre el amor humano y sobre la actitud antiprocreativa "con criterios objetivos, tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos."


Yo no concuerdo con que la fecundidad debe ser hecha dentro de los exclusivos límites del matrimonio. Tampoco sobre ciertos caprichos en cuanto a la actitud antiprocreativa, coartando de esta forma, la libre expresión de la mujer.


1) Fecundidad integral


La fecundidad es fruto y signo del amor, y no solamente del amor conyugal.  Fruto del amor, en cuanto es el centro de la mutua donación amorosa entre la pareja. El fruto, es la coronación del ciclo vital de un ser: su madurez; el fruto es el último producto, es decir, el efecto final y más perfecto de todo ser viviente. En la pareja, la fecundidad es auténtico esplen­dor amoroso; es el esplendor del amor.

De ninguna manera estoy en contra del matrimonio, al contrario. Desearía que todas las parejas estuvieran felizmente casadas, pero todos sabemos que no es así. Por una causa u otra, hay parejas fuera del matrimonio y no las voy a discutir, porque también las acepto. Mi mente no se cerró tanto todavía, ni se puso obtusa, por suerte.


Y como ese fruto es el signo del amor, o también testimonio vivo de la entrega, es a la vez plena y recíproca de los que se aman.

En primer lugar, la fecundidad es testimonio manifiesto y manifestante de todo amor auténtico, es decir, de la plenitud de la entrega. Pone en evidencia que ésta es total, sin retaceos, sin egoísmos, sin recortes; es donación del ser entero: cuerpo y alma; de su dimensión material, afectiva y espiritual.

La sexualidad no se reduce a lo puramente biológico, sino que trasciende la esfera física para abrirse en el horizonte afectivo y espiritual; en el amor. Por eso, cuando la sexualidad es concebida con una visión de goce supremo, no es par­cializada e incomprendida. La sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan el uno al otro con los actos propios y exclusivos de personas que se aman, no es algo puramente biológico, pero tampoco afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal.

También comprendo y acepto totalmente la sexualidad sin amor, porque es parte integrante de la evolución del cuerpo humano. Nadie es casto por su gusto y menos de por vida.

La sexualidad se realiza de modo verdaderamente humano, solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer, se comprometen totalmente entre sí en el goce del acto supremo. La donación física total, sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación de sentimiento profundo, en la que está presente toda la persona, incluso en su dimensión temporal; si la persona se reservase algo o la posibi­lidad de decidir de otra manera en orden al futuro, ya no se donaría totalmente. Totalidad y plenitud engloban, así, todos los aspectos de la persona humana: corporeidad, espiritua­lidad, afectividad, temporalidad y potencialidad.


En segundo lugar, la fecundidad es testimonio de la reciproci­dad de la entrega, porque es la mutua donación y la mutua aceptación lo que representa el fruto de la nueva vida del hijo; del hijo producto del amor.

Un amor deliberadamente infecundo, no puede ser de ninguna manera signo de egoísmo si se realiza de común acuerdo de partes. Tengamos en cuenta que el sexo de por sí, es parte integrante de la vida humana, y no necesariamente tiene que tener como objetivo la fecundidad. El sexo de por sí, juntamente con los sentimientos, juega un papel sumamente importante en la vida de relación de pareja.

Es diferente, cuando uno de los integrantes concentra sus fuerzas para buscar un placer puramente material –engaño hacia el otro-, o bien -hay que recono­cerlo-, de la entrega y disposición total de un integrante de la pareja, no correspondido por el otro.

En ninguno de estos dos últimos casos (aunque el segundo salve la inocencia de una de las partes) estamos en presencia de un amor auténticamente sincero y profundo.

El amor verdadero y la entrega total de sentimientos, se encuadra dentro del amor de amistad, que es parte integrante del amor de pareja. Ahora bien, el amor de amistad exige como condición, no sólo la bene­vo­lencia (el bienque­rer) de una persona hacia la otra, sino la reciprocidad (el amor del segundo hacia el primero) y la conciencia de esa circulación y retorno amoro­so. Esto es lo que se denomina con el término de amor circular. Dentro del matrimonio o la pareja fuera del mismo, el signo vital de este amor circular, es la apertura a la vida, al goce de la misma y a la entrega total al ser amado, en cuanto a su relación sexual y a su relación de pareja.


Por lo tanto, el amor y la fecundidad conyugal, en su momento, no se reduce sin embargo, a una fructificación puramente biológica: no se agota en el mero fenómeno de la procreación. Va mucho más allá; va hacia la felicidad suprema.

2) Los significados del acto sexual.


Se pueden notar tres niveles dentro de este concepto:


a) Ante todo, significado quiere decir di­mensión o aspecto del acto en sí. Quiere expresar con esto, que la naturaleza o estructura íntima del acto conyugal, contiene dos dimensiones o aspectos profundamente relacionados entre sí: por su naturaleza, el acto sexual es al mismo tiempo una realidad unitiva (fusiona ambos seres; hace que los dos se den y se reciban el uno al otro totalmente) y una realidad procreativa, si se desea,  (pone las condiciones -en cuanto depende de las personas- para que se dé una concepción humana). Con esta estructura, tenemos aquí una revelación natural sobre la un unión amorosa inscripta en la misma naturaleza de la sexualidad humana. Es el lenguaje amoroso que dice al hombre y a la mujer que es lo que quieren en su relación de pareja.



b) En segundo lugar (y correlacionado con el precedente), podemos entender "significado" en un senti­do subjetivo y psicológico. El hombre debe "descubrir" y "leer", la voluntad de la Naturaleza al observar la íntima estructura del acto conyugal.

c) Finalmente, "significado", tiene un sentido interpersonal, es decir, como lenguaje corporal por el cual los cónyuges o las parejas, se comunican entre sí. El lenguaje humano se sirve no sólo de la palabra (oral o escrita) sino también del gesto. Los gestos y las expresiones corporales humanas tienen, al igual que la palabra, un contenido conceptual que, en algunos casos, viene dado por la misma Naturaleza. El gesto es así, como todo el lenguaje, medio de comunicación y de unión entre los hombres; y al igual que el lenguaje, es vehículo de la verdad y también susceptible del error y de la mentira.


El acto sexual, es un gesto fundamental de la naturaleza humana por el cual las parejas se comunican y se hablan; usan esta "palabra gestual" para expresar su amor, para decirse que se dan el uno al otro de modo total y exclusivo y que se reciben el uno al otro de modo total y exclusivo, sin reservarse nada. El gesto del acto sexual "dice" la entrega más raigal y profunda: entrega del cuerpo, del afecto, del alma, del corazón, etc. Si los esposos o las parejas fuera del matrimonio (los dos o sólo uno de ellos) realizara el acto con otra intención que la de darse totalmente (por ejemplo, sólo para satisfacer su instinto sexual o reservándose algo de sí), estaría "manipulando" ese lenguaje que le ha proporcionado la Naturaleza y estaría falsificando el significado de ese gesto; en definitiva, estaría mintiendo al otro y engañándose a sí mismo.


Al usar este gesto (el acto sexual), cada uno de los integrantes de la pareja expresa la donación más plena, porque entrega al otro la totalidad del ser corporal, incluyendo o no, la capacidad procreativa; correlativamente, manifiesta la aceptación total del otro, porque incluye la aceptación de su capacidad más sacra cual es el poder de transmitir la vida y también, arraigar la felicidad y la unión entre ambos, haya o no procreación.

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Armando Maronese

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