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Los niños de Irak, en peligro

Por Armando Maronese - 26 de Marzo, 2006, 21:26, Categoría: EE.UU. y sus acciones

Los niños de Irak han sufrido algo más que una serie de guerras y sanciones económicas. La pérdida de sus padres y de los recursos familiares ha fomentado el trabajo infantil, el desamparo y la inclinación hacia la violencia y la rebeldía. Hoy es frecuente que habiten hogares en que 25 personas convivan en un espacio de 40 metros cuadrados. Aun entre las familias intactas, es posible que una pareja y sus cinco hijos se apiñen en un solo cuarto de seis metros cuadrados.

El aumento del trabajo infantil refleja la terrible situación económica de las familias. A menudo, los niños son su único sostén y trabajan por poco dinero. En Irak, un niño puede ser portero o peón rural. Muchos trabajan entre montones de basura, ya sea trasladándo a a otro lugar o recogiendo botellas y latas vacías para su venta ulterior. Otros cargan y transportan cosas en los mercados. Deben empujar zorras que pesan unos 70 kilos y acarrear cajas de 15 kilos, con temperaturas de 50 grados.

No es sorprendente que estos niños padezcan diversos y graves problemas de salud. Los que trabajan en los basurales son propensos a trastornos cutáneos y respiratorios. Los que trabajan con pinturas acaban por volverse adictos a los tóxicos que inhalan. Y todos son vulnerables a la desnutrición, por cuanto su dieta suele carecer de los elementos necesarios para formar los tejidos del organismo.

No hay ninguna autoridad oficial que los proteja y que defienda sus derechos. Por el contrario, no es raro que los golpeen sus familiares si no traen el jornal esperado, o sus patrones, si se distraen y cometen algún error. Expuestos a las palizas por mil razones, luego son adolescentes inseguros, hostiles y violentos. Además, muchos son raptados por bandas de malhechores que los convierten en ladrones o carteristas, o, peor aún, los entregan a grupos terroristas para que los utilicen en sus ataques.

El deterioro económico de las familias, también ha privado a los niños pobres de la oportunidad de educarse. Aun cuando vayan a la escuela, muchos niños ven dificultados sus estudios por los veranos tórridos, el colapso de la infraestructura, la falta de electricidad y agua. Sumemos a esto la escasez de escuelas, el deterioro de sus edificios y la desarticulación de las relaciones entre maestros y alumnos. Al compartir un aula con los más pequeños, los más grandes se sienten frustrados y se vuelven violentos.

Las niñas iraquíes sufren tanto como los varones y, a menudo, más. En un extremo del espectro de privaciones, sus oportunidades son más limitadas. Cuando los ingresos de una familia no alcanzan para costear la educación de todos los hijos, la solución típica es negársela a las hijas basándose en la creencia tradicional de que su destino final es el matrimonio. Deben hacer tareas domésticas, y los varones de la familia pueden golpearlas si no cumplen sus órdenes. En los hogares pobres, probablemente las alimenten menos que a sus hermanos, con lo cual peligrarán todavía más su salud y su desarrollo.

En el otro extremo del espectro, la violación, el adulterio, la maternidad precoz y el aborto ya son cosas corrientes. Cada vez más chicas iraquíes interpretan cualquier regalo como un medio de obtener sus favores sexuales.

En el último cuarto de siglo, las guerras, las sanciones económicas y el terrorismo han dejado muchísimos huérfanos. Ellos son los más indefensos frente a la violencia física y psicológica más cruel. Sin padres y sin hogar, duermen en los callejones, venden cigarrillos o diarios, y mendigan. Muchas veces, sus abuelos no pueden o no quieren cuidar de ellos. Con pareja frecuencia, las enseñanzas morbosas que reciben de las bandas de criminales imposibilitan su rehabilitación.

Dicho en términos sencillos, los niños de Irak han sido reducidos de seres humanos dignos de atención y cuidado, a herramientas de producción e instrumentos de violencia. Literalmente, estamos criando una nueva generación turbulenta.

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Armando Maronese

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