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Recuerdos de Frondizi

Por Armando Maronese - 14 de Marzo, 2006, 0:36, Categoría: Opinión

En su último discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente George W. Bush tuvo pocas palabras para América latina, y no porque el "patio trasero" haya dejado de tener importancia para los Estados Unidos, sino porque su mirada está puesta en otras cuestiones y en otras regiones del mundo: la lucha contra el terrorismo, el pantano de Irak, el triunfo de Hamas, la amenaza iraní, las siempre difíciles relaciones con Europa.

Pero puede haber otras razones que expliquen ese silencio, que tal vez sea deliberado, ya que a veces es mejor dejar las cosas como están, sin pretender forzar definiciones o tomas de posición. Y ello ocurre cuando se advierten diferencias entre los hechos y los dichos, entre los actos de gobierno y la retórica política -sobre todo cuando se trata de países latinoamericanos-, o cuando la realidad fluye por senderos que se bifurcan y toma distintas direcciones.

Desde hace algunos meses viene circulando una inquietante pregunta: ¿adónde va América latina? Intelectuales, políticos, economistas y ex presidentes, debaten sobre si en la región se está registrando un giro a la izquierda o un retorno al populismo, o si se está produciendo el surgimiento de formas híbridas o combinadas entre viejas y nuevas fórmulas de hacer política, conducir el Estado y reorganizar la economía. Y las respuestas no son, en general, demasiado categóricas.

Por otra parte, el presidente Bush mantiene buenas o normales relaciones con los gobiernos de la región, con la excepción de Cuba y su par venezolano, Hugo Chávez, no obstante lo cual Estados Unidos sigue siendo el principal comprador de petróleo de Venezuela, en un momento en que el barril de crudo supera los setenta dólares. Y pese a los roces producidos en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, Bush sigue llevándose bien con Néstor Kirchner, Lula da Silva y demás mandatarios, aunque en el caso de Kirchner sin la efusividad de antes.

Incluso con Evo Morales, que llegó al gobierno con un fuerte discurso antiimperialista y antiestadounidense, las relaciones están encaminadas por el terreno de la normalidad, hasta el punto de que un enviado especial de Bush prometió una amplia colaboración con el nuevo gobierno de Bolivia.

Y en cuanto a Venezuela, el conflicto Bush-Chávez habría que interpretarlo en clave interna, ya que en aquel país existe una fuerte y desafiante oposición antichavista y Hugo Chávez teme una nueva conspiración con apoyo norteamericano.

Pero, aún sin respuestas precisas, la pregunta sigue pendiente: ¿adónde va América latina? Néstor Kirchner tuvo hace un tiempo una de las pocas definiciones sobre sí mismo: "Soy un desarrollista nacional", dijo, y por inferencia habría que entender que es un neodesarrollista, con algunas reminiscencias de Arturo Frondizi, industrialista, partidario del desarrollo agroindustrial, con un fuerte mercado interno, pero también muy abierto a la exportación, con disciplina fiscal, monetaria y financiera.

Es lo que está haciendo, bien o mal. Y es lo que dice y hace Lula en Brasil. Ahora bien: ¿esto es populismo o giro a la izquierda? No lo parece, aunque haya incrustaciones de la vieja política, como el clientelismo electoral. Es otra cosa, todavía no muy definida.

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Armando Maronese

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