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Presos de Sierra Chica vuelven a picar piedra, como hace un siglo

Por Armando Maronese - 14 de Febrero, 2006, 2:02, Categoría: Legales - Justicia

Cada día, unos ochenta detenidos explotan una cantera durante cinco horas. Es una iniciativa del Ministerio de Justicia bonaerense, que proyecta triplicar en el futuro el número de los presos trabajadores. La explotación se inició en 1890.

La maza golpea una y otra vez contra la piedra. La roca, enorme, permanece indemne. El hombre, sin embargo, no está dispuesto a abandonar el desafío; camina unos pasos, se acomoda y mide a su contrincante. "Está buscando la veta", susurra alguien. Silencio: el hombre necesita concentración. La maza se levanta en el aire y cae con fuerza. El estallido consagra la victoria. Entre los restos de piedra, el hombre sonríe, luego baja la cabeza y todos vuelven a su rutina.

Son 80 los reclusos de la Unidad Penal 2 que hoy, como hace un siglo, trabajan picando piedra en la cantera de Sierra Chica, a 350 kilómetros de la Capital Federal y a doce de Olavarría, en el centro de la provincia de Buenos Aires.

En la tercera cárcel más poblada de la provincia, tristemente célebre por el sangriento motín ocurrido en marzo de 1996, se espera con ansias que este número de trabajadores se triplique. Desde diciembre último, la Subsecretaría de Políticas Penitenciarias y Readaptación Social del Ministerio de Justicia de la provincia de Buenos Aires, está realizando las gestiones para concretar un proyecto que apunta a una explotación a pleno de la cantera; lo que permitiría triplicar el número de presos trabajadores.

El director del penal, el inspector mayor Carlos Castrovinci, es uno de los principales promotores de esta iniciativa. "Hoy, la cantera está en condiciones de empezar a trabajar, pero faltan algunas cositas administrativas que ya están por resolverse", aseguró el responsable de la unidad donde conviven 1.600 internos.

Se refiere al traspaso definitivo, de las tierras a manos del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), ya que las parcelas pertenecían originariamente a la policía de la provincia y el 22 de diciembre último, se formalizó la entrega de las escrituras.

"Esa titularidad nos va a llevar a ser legítimos explotadores de la cantera; entonces vamos a poder empezar a dinamitar", explica, y se entusiasma Castrovinci. El tema -según dice- es lograr la cantidad de piedra suficiente para alimentar la máquina procesadora.

La cantera

Como una suerte de anfiteatro de piedra, la cantera se convierte en el escenario donde los presos, de 7 a 12 hs., desarrollan su tarea. Oculto detrás de las enormes paredes rocosas, un reforzado y altamente custodiado cerco perimetral se encarga de dejar en claro los límites. Divididos en grupos de cuatro, los reclusos ensayan con sus mazas un ritmo metálico y seco que se convierte en música. El sol que pega sobre los cuerpos hace olvidar por un momento el encierro, el límpido cielo y el verde, a lo lejos, permiten imaginar una realidad más allá de los muros que marcan el encierro. En cada bocanada de aire que toman, se filtra el intenso olor a tierra y campo abierto.

Hacia 1882, el país no contaba aún con una cárcel de máxima seguridad para penados. La necesidad era inminente; en marzo de ese año, comenzó a construirse, entonces, la Unidad Penal 2. El lugar elegido fue Sierra Chica. Dos fueron los motivos que determinaron su ubicación: la cercanía con las vías del ferrocarril y la existencia de una cantera en sus inmediaciones, la cual permitiría obtener la piedra necesaria para su construcción.

En 1890 se inició la explotación de la cantera por parte de los presos. En un principio, en el penal se producían adoquines y bloques que eran utilizados por la Dirección de Vialidad en la pavimentación. Luego, a través de la adquisición de maquinaria, los reclusos empezaron a fabricar caños de hormigón, muebles y mosaicos.

"El piso de la catedral de La Plata está hecho con granito de Sierra Chica", comentó entre la anécdota y el orgullo, Gustavo Jofre, el jefe de talleres del penal.

En sus mejores tiempos, la cantera llegó a generar alrededor de 90.000 toneladas anuales de piedra y más de 400 puestos de trabajo para los internos. La crisis desatada en el país a principios de 2001 marcó el fin -entre muchas otras cosas-, de toda actividad en la cantera. "En épocas duras del país, las máquinas que se rompían no se reparaban y el dinero para las explotaciones se fue perdiendo. Así estuvo más de dos años", explicó el titular del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), Fernando Díaz, para quien el trabajo y el estudio son las formas de darles la oportunidad a los internos de insertarse en la sociedad. "Vimos que, activando la cantera, rápidamente podíamos empezar a darles trabajo a muchos reclusos", dijo.

Hoy todo el trabajo que se realiza en el lugar, es de forma manual. A puros mazazos, los presos que participan de la explotación, sólo llegan a producir piedra suficiente para poner en funcionamiento la trituradora una vez cada dos semanas.

"Esto recién empieza, pero se trata de poder tener, con la cantera en marcha y aceitando el engranaje nuevamente, por lo menos 300 ó 400 presos extramuros", pronostica ilusionado Castrovinci, que ha pasado 27 de sus 44 años en el Servicio Penitenciario.

Cada día, cuando el sol llega a lo alto del cielo, señala la hora del regreso. Formados en fila, los internos esperan frente a las puertas del penal. Un guardia los cuenta y da la orden. El portón se abre, casi agónico. Cansados y en silencio, uno tras otro los presos vuelven a los custodiados muros que marcan el cautiverio. Cuando mañana, a las 7, el portón vuelva a abrirse, las expresiones en sus rostros serán diferentes.

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Armando Maronese

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