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Felicidades, lo peor está por venir

Por Armando Maronese - 1 de Enero, 2006, 12:32, Categoría: Política - Políticos

Gracias a Claudio Chiaruttini y a U24 se puede realizar un balance del año. No es poco si tenemos en cuenta todo lo ocurrido en la política y en la economía y que, por tener ellos copias de los editoriales previos, es posible detectar errores y aciertos producidos durante el 2005.


Por ejemplo entre los errores, estuvo considerar que Eduardo Duhalde y el duhaldismo le iban a hacer fuerza al kirchnerismo en la provincias de Buenos Aires; considerar que el canje de deuda tenía grandes posibilidades de fracasar, considerar que la cancelación de deudas al Fondo Monetario Internacional no tendría el apoyo de los economistas y presentar en el programa a Eduardo Lorenzo "Borocotó" junto con Mauricio Macri.


Entre los aciertos estuvo anticipar el aumento del índice de inflación (casi el doble de lo previsto por los economistas consultados por el Banco Central); las constantes sobreactuaciones de Néstor Kirchner; detectar el temprano nacimiento del cristinismo y anticipar los sucesivos movimientos para sumar poder institucional.


Parece muy difícil de criticar un Presidente de la Nación que obtiene 3 años de crecimiento del PBI superior a 9% anual acumulativo, que asegura (?) que creó 2 millones de puestos de trabajo, que realizó el canje de deuda del mayor default de la historia, con la mayor quita nunca conocida y con las condiciones más duras sin obtener críticas de las AFJP a las cuales, el gobierno les quitó y por lo tanto perdieron para siempre el 40% del ahorro de sus clientes, los bancos, que perdieron 50% de su patrimonio (?) y de los propios bonistas, que les robaron 70% de su capital.


Parece muy difícil de criticar un Presidente de la Nación que logró una expansión económica de 30 puntos, exportaciones que superan los 40.000 millones de dólares, que tiene la capacidad instalada trabajando casi al 100%, con una lluvia de consumo financiada a 12 cuotas con tarjeta de crédito y datos estadísticos que muestran un despegue económico apoyado sobre un colchón de 40-50% de pobres.


Parece muy difícil de criticar un Presidente de la Nación, que se impone en las primeras elecciones intermedias de su mandato; que logra mayorías parlamentarias por votación o coerción; que se desprende de sus enemigos con una facilidad impactante; que despidió a Roberto Lavagna sin afectar la economía y que trata de consolidar su proyecto político personal, sin que la oposición se despierte de su siesta eterna.


Parece muy difícil de criticar un Presidente de la Nación, que termina el año con 70% de imagen positiva; donde los pronósticos agoreros no se cumplen (en el corto plazo); que habla sólo en actos políticos y no acepta realizar ni una conferencia de prensa.


Tomando las palabras del Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a Infobae: "es muy difícil darse cuenta dónde está el error, cuando uno dedica tanto tiempo y esfuerzo a la función pública". Desde acá, vamos a darle una mano a este señor para encontrar algunos errores y tratar de explicarle las verdaderas causas de muchos aciertos. Por ejemplo:


* Los tres años de crecimiento del PBI son fruto del esfuerzo privado y, en mucha menor medida, por obras públicas. En el caso de los privados, el ahorro financia el crecimiento. En el caso del gasto público, el dinero obtenido por retenciones, inflación, consumo e impuesto al cheque (todos privados), son las fuentes de la recaudación.


* La creación de fuentes de trabajo también es esfuerzo privado exclusivo. El Estado no dio una sola medida oficial de aliento a la toma de nuevo personal, al contrario, tiene trabajadores en negro. Incluso, de los planes Jefes y Jefas, en 40 meses, sólo 400.000 encontraron trabajo.


* En un mismo año, el gobierno quitó a los privados, 68.000 millones de dólares por el canje de deuda y le pagó al FMI, en tres años, 25.000 millones de dólares. Paradojas de un país que castiga a los ahorristas locales y no deja de quedar bien con la Casa Blanca.


* Las exportaciones se basan en un campo que hizo inversiones en la década de 1990 (también sin apoyo oficial), altos precios internacionales y una suba de precios causada por el ingreso de China al mercado mundial.


* La fiebre del consumo, es la contraparte de una sociedad que no ahorra y que, en el peor de los casos, se endeuda en un marco social de alto desempleo, gran número de empleo en negro y una gran cantidad de pobres e indigentes que tardan cada vez más en ascender socialmente, en el difícil intento de querer llegar a hacerlo.


* El gobierno le pagó al FMI en 40 meses, el dinero equivalente a 10 millones de planes Jefes y Jefas de 500 pesos mensuales, durante 15 años. Pero, al mismo tiempo, una persona que gana 1.000 pesos tiene una carga fiscal de 40% y 250.000 nuevos trabajadores van a tener que pagar más impuestos.


El gobierno suele utilizar publicitaria y políticamente, datos macroeconómicos positivos. No inventa realidades, las utiliza. Sin embargo, muchos de esos resultados no son frutos de la acción del Poder Ejecutivo, son efecto de un clima internacional pocas veces visto en los últimos 50 años, o el rebote de una crisis local que se desarrolló durante 4 años (hay que recordar que en los años de 1990, la Argentina soportó estoicamente los efectos Tequila, Dragón, Vodka y terminó por caer con el Caipirinha).


Pero cuando los datos no son positivos, el gobierno suele crear sus propias realidades. Por ejemplo, la Argentina pasa por una fase de aislamiento internacional pocas veces visto en 200 años de historia. Nuestras relaciones exteriores se basan en Venezuela, algo en Brasil y un poco de buen voluntad de Chile y Uruguay. A pesar de su apoyo en las Naciones Unidas, Néstor Kirchner no pudo viajar a Cuba en todo su mandato.


El Presidente de la Nación estructura su poder a través de anuncios de corto plazo, políticas efectivas y encuestas. La Casa Rosada pelea primero batallas mediáticas y, cuando las gana, las institucionaliza. Es un modelo de populismo basado en una teoría comunicacional: la espiral de silencio de Noelle Newman, pero con una pizca de condimentos argentinos aportados por Eliseo Verón y el control ideológico de la agencia oficial de noticias, TELAM.


El Poder de Néstor Kirchner es el poder de la caja. El dineroducto trabaja a pleno. Aún hoy, no sabemos cuanto le costó a la Argentina el triunfo electoral del 23 de octubre al Presidente de la Nación y nunca lo sabremos, ya que el despilfarro de dinero que se hizo fue descomunal. No sabremos nunca cuanto le costará a la Argentina la reelección de Néstor Kirchner en 2007, si es que llega. Poco importa el monto de dinero. Nicolás Maquiavello sostiene: el dinero no es un fin en sí mismo, sólo un medio. En la Argentina, el dinero es medio y fin.


A Néstor Kirchner no le importa que la Argentina cambie La Rioja por Santa Cruz, Anillaco por Calafate o ATN por anuncio de obras públicas. Le importan los resultados y ellos están a la vista: el peronismo está en vías de control o desaparición, el radicalismo no es más que un mal recuerdo vergonzoso o una línea interna del kirchnerismo, el menemismo murió, lo mismo que el cavallismo, el alfonsinismo y el duhaldismo.


El saadismo es dócil, ya que siempre navega para donde va la corriente. El Frepaso ya forma parte del gobierno. El ARI fue vaciado de dirigentes, de gente y de contenidos. Derecha e Izquierda son atomizaciones desarticuladas. Los piqueteros están controlados, pues están bajo el ala protectora del gobierno. La CGT es adicta. Los empresarios están acobardados o adhieren efusivamente a la Casa Rosada, como en las peores épocas del peronismo, años ha. Los banqueros aplauden, pues sus ganancias son enormes. Los economistas no tienen más peso ni poder. El periodismo, en su mayoría, está captado a peso de pauta publicitaria.


Hermes Binner, Ricardo López Murphy, Luis Patti, Elisa Carrió, Mauricio Macri, Jorge Sobisch y Patricia Bullrich, no son más que una foto curiosa en un Congreso impotente o, en el peor de los casos, dócil a los reclamos del matrimonio presidencial. ¿Por qué?


Todos quieren ser peronistas: los kirchneristas, los duhaldistas, los adolfistas, los transversales. Los radicales sueñan con ser peronistas. Los socialistas envidian a los peronistas. Luis Patti y Mauricio Macri son filoperonistas. Es la consecuencia clara de que el poder, por los próximos años, pasará por el peronismo.


Pero mientras tanto, en el camino, el sistema político se derrumba. Crece el voto en blanco, el voto nulo y el ausentismo. No se realizan internas. No hay más partidos. No importan las elecciones, pero sí las encuestas. No importa el voto, se dejará asumir a quién el poder de turno quiera, como manejados por los hilos de un títere. No importa el resultado de las elecciones, los elegidos pueden saltar de una estructura a otra con el aplauso del poder de turno. Nada importa lo que el pueblo votó.


El desinterés, la apatía y el abandono de la ciudadanía frente a la política, no es una causa, es un efecto. Los políticos hacen escuela en la destrucción de la política.


Poco importa en un país en donde 85% de las leyes no sirven, donde la Casa Rosada gobierna a fuerza de Decretos de Necesidad y Urgencia o donde el Congreso vota graciosamente la intangibilidad de los depósitos bancarios; luego aplaude el default; luego anula leyes (cuando una ley puede ser derogada, pero nunca anulada); más tarde aprueba el canje de deuda en 19 minutos; tarda 10 minutos en darle Superpoderes al gobierno y acepta el pago al FMI en forma masiva. Cualquier jurista, con este racconto, pediría un psiquiatra.


Poco importa si Néstor Kirchner logra capitalizar o no sus triunfos.

Poco importa si Néstor Kirchner realiza o no reuniones de gabinete.

Poco importa si Néstor Kirchner tiene o no, un plan de gobierno.


Lo único cierto es que Néstor Kirchner, como Raúl Ricardo Alfonsín y Carlos Saúl Menem, es el único que se fija metas políticas, todo el tiempo, todos los días, en todos los campos y obtiene resultados. Cuando el resto improvisa o solo habla, Néstor Kirchner actúa y triunfa cuando el resto apenas flota políticamente, como fetos sin conciencia.


Para el 2006, Néstor Kirchner tiene objetivos. Y es muy difícil que la oposición logre evitar que los consiga. Como destacó Carlos Fara en El Cronista, Néstor Kirchner quiere la reelección, pero por aclamación, por clamor popular. Quiere ser más que Perón. La campaña comenzó la semana pasada y la lanzó el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández.


Además y como buen fascista, Kirchner va a tratar de controlar todo poder u organismo de control que haya en la Constitución Nacional. Ya lo vimos con el Partido Peronista (mal llamado Justicialista), con la CGT, con la Sindicatura General de la Nación, con la Auditoría General de la Nación, con la Suprema Corte de Justicia y, ahora, con el Consejo de la Magistratura. El siguiente paso es la Justicia Federal, la Justicia Electoral y las cámaras respectivas.


En forma paralela, va a esmerilar a la oposición y tratar de captar cualquier emergente que aparezca en el horizonte político. Como dice Carlos Fara "los freezers están hechos para conservar e inmovilizar", sino hay que preguntarles a Roberto Lavagna y Rafael Bielsa.


Para que se cumplan los planes de Néstor Kirchner hay pocos escollos en el horizonte: no hay elecciones en el corto plazo, pero se puede inventar una como, por ejemplo, llamar a una reforma constitucional; mantener atomizada a la oposición y rezar para que se mantenga el viento de cola en la economía mundial para que la economía siga creciendo.


Sin embargo, la mayor oposición a Néstor Kirchner es el propio Néstor Kirchner o su esposa. La pareja presidencial construye poder y lo destruye con una facilidad impactante, lo que confirma que sus movimientos son estudiados, pero nunca hay un Plan "B" para neutralizar las oposiciones circunstanciales que aparecen. Entonces, el gobierno todo, lacayos y no lacayos, tiene que salir a poner el pecho para recuperar el terreno perdido o para reducir el daño causado.


El tema Consejo de la Magistratura era clave. La propuesta era una obsesión de Cristina Kirchner. Era una pieza más en el control de los órganos de control. Pero se suponía que el tema debía pasar inadvertido. En vez de ganar tiempo, de tomar por sorpresa a una oposición distraída, se forzó el proyecto. Cristina Kirchner lo necesitaba después de la derrota –que le causó ira incontenible-, ante el desplazamiento del socialista Rubén Giustiniani de la Comisión de Asuntos Penales del Senado.


Fue una típica movida kirchnerista: ante una derrota menor en los medios, crear una crisis de mayor proporciones, donde imponerse políticamente. Sin embargo la presión sobre el Congreso, aglutinó a una oposición que se encontraba desarticulada e impotente. De pronto, las críticas de Néstor Kirchner legitimaron a la oposición. Incluso, a la alicaída Patricia Bullrich y el golpeado Ricardo López Murphy.


Desde la Casa Rosada, aseguraron que esperaban la foto de toda la oposición junta contra Néstor Kirchner. Que la buscaron pero no la encontraron. Frases como "que se junten, para que la gente vea que el pasado está ahí", no hacen más que mostrar la intolerancia presidencial.


Parece extraño que Néstor Kirchner haya descalificado al grupo opositor, como "la Alianza residual", cuando el propio Presidente de la Nación está recogiendo para sí, a los restos humeantes de la Alianza para recrear la Transversalidad y acaba de nombrar al "Chacho" Álvarez en su gobierno.


Asegurar que los cambios en la Magistratura, son para ahorrarse 7 millones de pesos cuando el país recauda 120.000 millones de pesos o se gastan 300 millones de pesos en publicidad oficial, parece una cargada a la ciudadanía. Pero, ¿a quién le importa la ciudadanía si ya obtuvieron sus votos?


En todo este proceso, el kirchnerismo convierte en triunfo sus derrotas. El duhaldismo residual está a un paso de romperse en el Congreso. El radicalismo va camino a desaparecer. Se amenaza por los medios a Rafael Bielsa. Los juristas fueron ignorados. Los periodistas críticos fueron criticados. La oposición no fue escuchada.


Después de tanto ruido, el kirchnerismo obtuvo un dictamen mayoritario a favor, empezó a juntar los votos para imponer el proyecto y postergó la votación a febrero; los juristas y los periodistas siguen siendo ignorados y la oposición logró una buena foto en la tapa de La Nación.

En la Argentina, para Néstor Kirchner no crecer por su propia acción, es como no crecer por el enanismo de la oposición. El populismo presidencial se fundamenta en las debilidades estructurales del proyecto kirchnerista y en el vacío intelectual de la oposición.


En una América latina donde se imponen Hugo Chávez o Evo Morales y donde crece el peso de Ollanta Humala en Perú, los sueños populistas del kirchnerismo encuentran clima favorable. Y las bases del populismo es una buena cantidad de pobres, una oposición vacía y una prepotencia manifiesta. Tres condimentos claves dentro del gobierno de Néstor Kirchner.


La excusa de la prepotencia oficial son los votos. Néstor Kirchner defiende el proyecto de cambio en el Consejo de Magistratura, amparado en el resultado de las elecciones del 23 de octubre. El Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, solicita poderes extraordinarios usando el apoyo popular del 23 de octubre. El proyecto para cancelar la deuda con el FMI se impone en el Congreso bajo el paraguas de las elecciones del 23 de octubre pasado.


Desde la Casa Rosada se dice que el 23 de octubre se ganaron las elecciones por 45%, desde la oposición se levantan cifran que van del 40% al 25%. Sin embargo, medido en poder real, es decir, cantidad de gobernadores, intendentes, diputados y senadores que apoyan el proyecto K, son mayoría.


Pero Néstor Kirchner puede darse el lujo de ser prepotente y modificar la realidad para ajustarla a su proyecto personal, dado que realizó 100 actos de campaña y repartió 5.000 millones de pesos del pueblo para ganar adeptos. Repartió electrodomésticos donde no había energía eléctrica, guardapolvos y útiles escolares cuando finalizaban las clases, y así. Pero otros son recientes advenedizos y se suman a esa prepotencia sin justificación.


Por ejemplo: el Jefe de la Bancada de Diputados K, Agustín Rossi sostiene que "la mayoría no puede ser avasallante, pero tampoco avasallada" olvidando que el kirchnerismo es la primera minoría, no la mayoría y que la disidencia no es avasallamiento, es –simplemente-, opinión diferente.


Otro ejemplo: El teniente general Roberto "Banquito" Bendini, ordenó el retiro obligatorio del mayor Rafael Mercado por que su esposa, María Ceclia Pando, es crítica con su accionar. Debe ser la primera vez que el Ejercito Argentino ataca a un oficial por las opiniones de su esposa. Si eso no es machismo, ¿qué será machismo? Una excelente señal para la ministra de Defensa, Nilda Garré, que nada sabe de Defensa Nacional y justamente es Ministra de esa cartera. Claro, a una persona así, se la puede manejar mejor.


Otro caso de prepotencia: se quiere forzar a los empresarios a congelar los precios de 500 productos, por 1 año, a pesar de que los sotcks industriales van en contra de los esfuerzos para bajar los precios. Vamos en camino a precios máximos o precios congelados, todo sea para derrotar la anti popular inflación. Todos sabemos, que esta medida jamás dio resultados.


Incluso, la prepotencia llega a otros ámbitos: sólo así se explica que en la Provincia de Buenos Aires se aumenten los impuestos sobre los valores del campo en un 120%, o que se puedan incautar autos por sospechas de evasión impositiva. Por su parte, en Corrientes, para que no sesione la oposición, se cerró la legislatura en forma compulsiva. Cada funcionario se baña en las aguas de la prepotencia de Néstor Kirchner. Así, el populismo se viste de prepotencia y se presenta como anarquía. No es fruto de la casualidad, es fruto de la acción de Néstor Kirchner, es fruto de una actitud al gobernar.


En este camino, el 2006 va a profundizar las malas prácticas políticas. Más populismo, más prepotencia, más anarquía.


Cuando la gente votó el 23 de octubre, votó por un modelo. Cuando 70% de la gente expresa su apoyo a la gestión presidencial apoya este modelo de actuar, este modelo de hacer.

Es comienzo de año, es tiempo de balance. Sin embargo, para arrepentimientos ya es tarde. Hay que esperar el futuro. Hay que soportar el futuro. Es hora que los argentinos aprendan que sus decisiones políticas tienen efecto. Hace 200 años que ignoramos esta ley básica de comportamiento social.


Felicidades, lo peor está por venir.

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Armando Maronese

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