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El monarca absoluto y la reina consorte

Por Armando Maronese - 26 de Diciembre, 2005, 21:42, Categoría: Corrupción - Violencia

Esta semana – durante la sesión en el Senado donde se trató el pago de la deuda al Fondo Monetario Internacional , la senadora por Buenos Aires, Cristina Fernández de Kirchner dijo: "Si fuera inglesa diría "is too much".


Además de enterarnos de que sus clases de inglés avanzan (lo está estudiando desde hace algunos meses), se pudo escuchar la encendida defensa que la senadora hizo de la gestión del presidente, su marido.


Lo que llamó la atención y a lo mejor pasó desapercibido para muchos, fue la respuesta del único orador por la oposición que logró obtener la palabra: el senador radical por la provincia de Mendoza, Dr. Ernesto Sanz.


Para refutar las reiteradas citas relacionadas al triunfo electoral del gobierno que hizo la primera dama, Sanz afirmó que esta reivindicación de la democracia electoral, más que "is too much" se va a convertir en "l"etat c"est moi", en obvia alusión al monarca francés Luis XIV quien inauguró uno de los primeros gobiernos absolutistas del siglo XVII y se hizo famoso por la frase: El Estado soy yo.


Resulta interesante la comparación del presidente Kircher con Luis XIV, especialmente si se tiene en cuenta que lo que quería el monarca francés era concentrar todo el poder sin compartir su autoridad con nadie.


Con esa autoridad suprema, gobernó durante 52 años sin ninguna restricción y su voluntad fue ley en todos sus dominios. Excluyó al Parlamento de sus decisiones y disolvió el poder de sus ministros, que junto a otros nobles vivían en La Corte de Versalles donde además de despilfarrar el erario público con acciones que nada tenían que ver con el gobierno, sólo debían halagar el orgullo y la vanidad del rey.


Si hasta acá, a ustedes les resulta una graciosa coincidencia, debo agregar que según los libros de historia, en política exterior Luis XIV tuvo una relación altanera y suscitó contra él numerosas coaliciones que arruinaron el crecimiento de Francia.


Por otra parte, es importante destacar que el monarca absoluto, eligió a sus consejeros entre la clase burguesa y no entre los nobles. El pueblo, aceptó el absolutismo del rey, cansado de las luchas intestinas y porque deseaba la paz y el orden..., tan cansados como estamos hoy los argentinos.


Son demasiadas coincidencias. La concentración de poder buscada por este presidente fascista –especialmente a partir de las elecciones del 23 de octubre-, la dependencia de las Cámaras de Diputados y Senadores hacia el Poder Ejecutivo, el intento por cambiar el Consejo de la Magistratura y un pueblo que acepta lo que venga, porque no hay oposición que justifique un cambio, son más que coincidencias y ponen en peligro el sistema de gobierno bajo el que pretendemos vivir los argentinos: la democracia.


El Estado soy yo, usted, los diputados, senadores, jueces, políticos de oposición, los piqueteros, los pobres, los ricos, los empresarios (de acá y de afuera), las víctimas del sistema, los muertos de Cromañón y también los desaparecidos del último gobierno de facto. El Estado somos todos, ejercido por aquél al que la ciudadanía le otorgó el poder de dirigirnos, con la Constitución bajo el brazo.


Que la senadora Cristina Fernández se enfrente al vicepresidente de la Nación o al periodismo no adepto (ése que no entró en la Corte de Versalles) maltratando a opositores porque es la esposa del Presidente; que Diputados y Senadores de la oposición no sepan cómo reaccionar ante las embestidas de la mayoría kirchnerista;

que en la provincia de Buenos Aires, los jóvenes deban hacer colas de día y de noche para conseguir una vacante en una escuela; que nos mientan descaradamente sobre las consecuencias de un inexistente plan económico; que siga la parodia del juicio político al Jefe de Gobierno de la Ciudad, mientras se tejen alianzas entre los partidos para conseguir la presidencia de una Comisión; mientras la política externa de nuestro país tenga su eje en Venezuela o en la Bolivia de Evo Morales, las señales de un futuro venturoso que hoy - en Navidad - son palabras repetidas por doquier, nuestro rumbo será errático.


Las promesas siguen siendo promesas. Y el poder por el poder, sólo termina destruyendo aquello que alguna vez, fue visto como una posible realidad de recuperación. Fueron promesas de campaña

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Armando Maronese

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