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Obediencia debida en tiempos de Kirchner - Tiranía y despotismo

Por Armando Maronese - 9 de Diciembre, 2005, 20:57, Categoría: Corrupción - Violencia

La determinación final de Rafael Bielsa, de no aceptar el ofrecimiento presidencial de ser embajador en Francia para respetar el compromiso con sus votantes y ocupar la banca de diputado nacional por la Capital, no cayó bien en la Casa Rosada.

El mensaje que se desprende del malestar que reinó en Balcarce 50 tras el inesperado anuncio de Bielsa, en pocas palabras, podría traducirse así: "Al Presidente no se lo contradice".

Exactamente una semana atrás, recordamos una frase de un funcionario del gobierno kirchnerista amparado en el anonimato: "Con Kirchner tenés dos opciones. Podés ser esclavo o ser enemigo".

Pese a que su posición inicial era complacer al jefe del Estado, Bielsa optó finalmente por no satisfacer el deseo presidencial, con la intención de congraciarse con una opinión pública de la que, en menos de 24 horas, recibió muchos más golpes que los recibidos de sus adversarios en la última campaña electoral. Bielsa optó por no ser esclavo de Kirchner. ¿Lo considerará el Presidente su enemigo a partir de ahora? Probablemente no sea para tanto, pero es difícil imaginar que al ex canciller lo espere un jardín de rosas en su relación con el titular del Poder Ejecutivo.

Las críticas a Bielsa desde el kirchnerismo no se hicieron esperar. Lideró esas voces Miguel Pichetto, jefe del bloque de senadores del peronismo, quien además de juzgar "lamentable" la actitud del ex ministro de no aceptar la embajada en París, sostuvo que Bielsa "tenía un compromiso con el Presidente y con su gobierno" y habló del "problema de dirigentes que muchas veces actúan pensando más en los diarios que en las cuestiones institucionales". Acá, parece no importaba para nada la decisión del pueblo mediante las urnas, que eligió a Bielsa para Diputado.

¿Tenía Bielsa con el primer mandatario un compromiso mayor que el que tiene con quienes lo votaron para que sea su representante en la Cámara de Diputados?

De las declaraciones del senador Pichetto, parecería desprenderse que quienes integraron la lista de candidatos a diputados nacionales por el Frente para la Victoria, son meros testaferros del Presidente, quien tendría derecho a disponer de sus destinos. ¿Esclavitud?

Tal confusión pasó también por la cabeza del propio Bielsa, quien cuando todavía estaba dispuesto a mudarse a París, sugirió que sus votantes no hicieron otra cosa que apoyar el proyecto del presidente Kirchner antes que a un grupo de candidatos a integrar la Cámara baja, por lo que él debía "seguir" al primer mandatario.

Tal apreciación parte de una doble falacia. En primer lugar, ni Bielsa ni el resto de los diputados electos del kirchnerismo, son mandatarios de Kirchner, sino de los ciudadanos que los eligieron para ocupar el Congreso. En segundo lugar, el 23 de octubre último no hubo comicios presidenciales, sino una elección legislativa, por más que desde la Casa Rosada se haya intentado confundirla con un plebiscito en favor o en contra del Presidente.

¿Por qué no desataron controversias similares a las de Bielsa, las situaciones de Jorge Taiana o de Sergio Massa, quienes pese a ser elegidos diputados ocuparán otras funciones dependiendo del Presidente? Esta es otra burla contra el pueblo. Probablemente, porque Bielsa dio su "palabra de honor" durante la campaña proselitista de que ocuparía la banca de diputado y dijo que lo contrario sería "defraudar a la gente".

No estaría mal que, en adelante, cualquier candidatura a un cargo electivo implicara el compromiso de cumplir con el mandato ciudadano. Para evitar, como está ocurriendo, que se vote a alguien sin saber para qué.

Además de la comedia de enredos protagonizada por Bielsa, hechos como los ocurridos esta semana en la Cámara de Diputados con Eduardo Lorenzo Borocotó y Luis Patti, contribuyen a la propagación de un viejo círculo vicioso: se percibe que la política no cambia, lo cual desalienta la participación. Y a menor participación ciudadana, menores son las probabilidades de que la política cambie.

Por encima de ese círculo vicioso, el debate en torno de Kirchner, Bielsa y la obediencia debida poco ayuda a nuestra cultura política, en tanto consolida peligrosas creencias acerca de la necesidad de liderazgos fuertes, antes que de instituciones sólidas y la percepción de que la palabra empeñada poco importa frente a las conveniencias del líder de turno.

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Armando Maronese

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