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La Vida

Por Armando Maronese - 3 de Diciembre, 2005, 20:29, Categoría: Opinión

Hubo momentos en que me hiciste muy feliz; me dabas lo que jamás te pedía; en mí reinaba la alegría, la paz interior, mi corazón estaba empapado de ternura y de amor, sentía que fluía desde lo más profundo de mí, sentimientos inexplicables…

Pero también, hubo momentos de tristeza, de vacío interior, estabas distante, te clamaba y no te veía, no te encontraba. Mi corazón,  poco a poco,  se secaba y dejaba de latir tierno y amorosamente… Me preguntaba una y otra vez, ¿dónde estás? ¿Por qué me haces sentir el sufrimiento y el dolor?.

No me contestabas. A partir de cierto día, decidí alejarme de ti, vivir yo mismo. Pero no pude, todo fue en vano entonces; regresé a tus brazos.

Los años pasaron, el camino se hizo largo y corto a la vez; el reloj del tiempo aceleró los minutos; las noches pasaban lentas y rápidas,  y entendí que ésa, ésa era tu respuesta.

¡Aquí estoy!. Junto a la ventana, la misma ventana que abría cada vez que te preguntaba el "porqué de las cosas".

Una extraordinaria mujer, hijos, nueras, yernos, nietos, la casa llena de amor, de alegría, llena de Vida. ¡Cuántos, cuántos, han llegado!,  y ésa, ésa fue tu respuesta.

Los años pasaron y cada pregunta, a través del tiempo, ha sido contestada; cada duda fue desechada de mi interior, el miedo y la angustia fueron reemplazados por la firmeza y la serenidad… Fue la experiencia, el caminar, el andar, el saber elegir, fuiste tu, ¡la Vida!.

Querida y amada Vida, muchas veces te olvidé e ignoré, me dediqué a vivir solo, a apartarme de ti,  no importaba mi gente, no importaba nada, sólo yo, y fue allí, cuando el tiempo del reloj aceleró sus minutos y segundos y las noches, rápidamente, se transformaron en día y el día, en noche…

Querida Vida, muchas veces te reproché, te acusé de alejarte de mí, pero fue mi ceguera, mi orgullo y mi ira quienes me separaron. Sin embargo, tú estabas, serena y tranquila esperándome, me mostraste un nuevo camino, el camino del amor, de la libertad, de la paz interior, el camino del bien…

Tú me has dado la Vida, me has dado el amor y la libertad, me has entregado la llave del camino recorrido, fui yo quien eligió. 

Siempre has estado, he sido feliz y me acompañaste. He estado triste, lleno de dolor y me refugiaste, me equivoqué de camino y fuiste tú, quien me ha llevado nuevamente a la ruta de la paz, del amor y de la libertad.

Aprender a Vivir es volver a nacer. Vivir es sentir cada mañana al despertar, que el corazón late de alegría; vivir es respirar profundamente y alimentar el alma,  día a día, con paz y  amor. 

Aprender a vivir, es vivir aprendiendo.

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Armando Maronese

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© 2004, AM

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