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Cuando la política pierde la ética

Por Adrián Ventura - 24 de Noviembre, 2005, 21:46, Categoría: Opinión

Carlos Menem y Eduardo Lorenzo Borocotó enfrentan graves acusaciones de carácter ético. Ambos, sin embargo, ingresan sin mayores obstáculos en el Congreso.

Menem obtuvo el cargo de senador de La Rioja por la minoría. Días atrás, la Junta Electoral riojana lo proclamó senador electo y ayer su título fue tratado en la Comisión de Asuntos Constitucionales, donde no se encontró objeción alguna.

El artículo 64 de la Constitución nacional prevé que, luego de la proclamación que hace la junta del distrito, cada cámara legislativa actuará como juez de las elecciones y de la validez de los títulos de cada legislador. Y el artículo 66 dice que cada cámara podrá remover al legislador por inhabilidad moral sobreviniente.

Algunos imaginaron que la causa penal que pende sobre Menem por el ocultamiento de una cuenta bancaria y de varios bienes podría ser un obstáculo para su incorporación.

Pero en favor de Menem juega el artículo 23 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos, que sólo impide que una persona sea elegida cuando ha sido "condenada".

La Cámara Nacional Electoral, cuando años atrás resolvió el caso en el que se planteó la incorporación al Congreso de Raúl Romero Feris, decidió que no podía asumir porque pesaban sobre él "varias condenas" penales. Romero Feris planteó un recurso ante la Justicia; la Procuración General sostuvo que sólo una "condena firme" podía impedir la incorporación de un legislador y la Corte Suprema todavía no se expidió sobre el asunto. En cambio, Menem solamente ha sido procesado. La ley no le impide tomar el cargo.

Ayer, Menem pasó airosamente el obstáculo político: la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara alta, presidida por la senadora Cristina Fernández de Kirchner, no objetó su incorporación. Por eso, la semana próxima prestará juramento como senador nacional. Afrontará todavía un riesgo: si la Justicia lo condena, Menem podría ser declarado moralmente inhábil. Por eso, su estrategia apuntará a dilatar cualquier condena.

La incorporación de Borocotó en la Cámara de Diputados fue objetada ante la Justicia. Ayer, la jueza federal María Servini de Cubría remitió el planteo a la Junta Electoral de la Capital, el organismo administrativo que debe proclamarlo diputado.

A diferencia de las bancas del Senado, que pertenecen a los partidos (así surge del artículo 54 de la Constitución y del caso judicial Bravo contra Beliz, resuelto por la Cámara Electoral), las bancas de Diputados son de los candidatos.

Además, el candidato no tiene una obligación legal de mantener las opiniones del partido que lo propuso. Claro que los ciudadanos, cuando votan a un partido, esperan legítimamente que sus miembros representen sus ideas. Eso surge del sentido común y de las normas más elementales de convivencia política. Pero la ley no condena un travestismo político como el del médico. Además, la Cámara de Diputados está dominada por el oficialismo. En suma, Borocotó será diputado.

Quedará, sí, el sinsabor de la política que se construye al margen de la ética.

Por Adrián Ventura

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