Calendario

<<   Noviembre 2005  >>
LMMiJVSD
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30     

Archivos

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog

La historia del caldén de Italó

Por Nicasia Zeballos de Baigorria - 22 de Noviembre, 2005, 0:04, Categoría: Cultura - Educación - Literatura

La leyenda cuenta que Huitrú, indio pincén, quedó inmortalizado en este árbol, como símbolo de un amor capaz de sobrevivir a lo imposible.

 

Este artículo, obtuvo el tercer premio en el concurso Rincón Gaucho en la Escuela. Su autora es alumna del 2° año en el Instituto Secundario Nicasia Zeballos de Baigorria, de Italó, departamento General Roca, Córdoba.

 

Todos los años, más de 2500 hectáreas de bosque de caldén se talan para dar paso al ganado y al cultivo extensivo, pero además, unas 300.000 hectáreas cubiertas por esta especie son afectadas por los incendios.

 

Según la leyenda, hace muchos años vivía en las llanuras pampeanas una tribu de los indios pincén. Uno de sus miembros, un hombre llamado Huitrú, quedó inmortalizado en un árbol, como símbolo de un amor capaz de sobrevivir a lo imposible. Cuentan que Huitrú se enamoró de Aylén, una mujer que pertenecía a una tribu vecina, y que ambos fueron rechazados y exiliados cuando las respectivas comunidades descubrieron la relación que los unía. Aylén, que tenía prohibido ver a Huitrú, fue maldecida y muerta cruelmente por desobedecer a sus autoridades. Profundamente triste, Huitrú perdió el deseo de vivir y pidió ayuda a Nguenéchén. Este lo escuchó, pero no pudo remover la maldición impuesta a Aylén, así que lo convirtió en un árbol inmenso, de una corteza fuerte. Su fruto simbolizaría para siempre el renacimiento de su amor, a pesar del odio entre las tribus.

 

Con el correr del tiempo, los indios pincén se protegerían debajo del árbol que bautizaron Huitrú, en su memoria. Y desde entonces sus ramas ofrecerían sombra y protección.

 

"Porque allá todo es nuevo, solitario y salvaje./ Imagina una cálida llanura silenciosa, imagina/ los altos pastos secos batidos por el viento,/ la noche, que desciende tan dolorosamente,/ algún árbol lejano y el pavor de sentirnos/ sobras ya de la nada, olvidados de la nada,/ seres recién nacidos que habrán de hacerlo/ todo."

 

Estos versos del poema "Desde lejos", de Horacio Armani, transmiten la orfandad que debieron haber sentido los primeros habitantes del departamento General Roca, frente a la inmensidad del desierto. Toda la zona central y Este, era, durante el siglo pasado, una inmensa llanura cubierta, en su mayor parte, sólo por el pasto llamado puna. A estas planicies sin árboles se aplicó el término "pampa", de origen quechua. En ese espacio todo corre libremente, sin que nada se oponga, sin barreras ni murallas para el tiempo, sin filtraciones de otras zonas que aparezcan de pronto y fundan espejismos en el suelo y en las nubes.

 

Es en esta pampa donde se observan algunos jóvenes montes avanzar sobre las aguadas que visitaban los indígenas y sus caballadas. A ese caldén que salpicaba la inmensidad, los ranqueles los llamaban "Quethré Huithrú", que significa árbol solitario, pues no comprendían cómo pudo nacer o quién pudo sembrarlo en ese paisaje vacío, de ahí su temor a esa misteriosa presencia.

 

Ellos creían que entre sus ramas moraba el "Hualicho", el demonio, y por eso trataban de calmar los maleficios ofreciendo "apachetas" (piedras colocadas con fines rituales) apenas veían colgados de sus brazos rugosos a los k´tus (trozos de trapos o de vestimentas), que eran las cárceles de un espíritu de enfermedad allí encerrado por la machi (hechicera, curandera).

 

El árbol genuinamente pampa, el árbol del indio, el caldén vetusto, retorcido, nudoso, oscuro, del que podría decirse que han tomado los ranqueles sus perfiles y la misma pampa sus misterios, no ha sido contado nunca. Es hermoso y fantástico. Sus ramajes tienen algo de los brazos que se estiran indecisos y se doblan cansados. El tronco, mucho de los viejos dioses de un mito de la tierra. Ayer dio sombra a los toldos de Epumer. Ahora alzan su hogar junto a él los hombres de otras razas. Su presencia en las llanuras tiene un encanto propio.

 

No hay árbol en la tierra americana que determine una transición tan brusca, tan inesperada, como la que éste ofrece en las inmensas planicies con su figura alegre y arcaica. Según menciones históricas, uno de estos árboles enjoyaba las extensas llanuras de nuestro departamento, junto a la rastrillada que corría desde Tres Lagunas hasta Italó.

 

Mi curiosidad me llevó a rastrear este histórico "Quethré Huithrú". Es posible que este caldén que existe al oeste de la Estación Italó, sea dos veces centenario. Allí está: un árbol robusto, de una corteza arrugada, con espinas en sus ramas y unas pocas chauchas a punto de caerse. El tiempo, que todo lo roe, lo destruye o lo muda en su originalidad, no se ha ensañado aún con este viejo árbol. ¡Gracias Huitrú y Aylén por este regalo!

.

AM

.

Permalink :: Comentar | Referencias (0)

Blog alojado en ZoomBlog.com