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Todos pierden: Basta de una América Latina mal gobernada

Por Armando Maronese - 21 de Noviembre, 2005, 0:38, Categoría: Opinión

Para Chávez y para su amigo Fidel Castro, lo simbólico importa más que lo que efectivamente sucede en sus países.

 

Gracias a las actividades del hiperkinético presidente venezolano, Hugo Chávez, aquella Cumbre de las Américas que se celebró en Mar del Plata, sigue provocando fuertes dolores de cabeza a todos los mandatarios que asistieron.


Si bien Néstor Kirchner no fue blanco de los insultos del bolivariano que se proclama inventor del “socialismo del siglo XXI”, le causará muchos problemas su voluntad de tratarlo como el líder conjunto de una ola antiestadounidense y felicitarlo por ser un orador cuya elocuencia fogosa dejó humillado al presidente estadounidense George W. Bush.

Puesto que lo último que necesita Kirchner es enemistarse con Estados Unidos, pero que por una cuestión de imagen no quiere alejarse demasiado de Chávez, un personaje que es querido por los populistas que festejan su talento para meter cizaña, se encuentra en una posición que es bastante difícil.


Según parece, Bush se sintió agredido por Kirchner en la cumbre y en consecuencia Estados Unidos será reacio a ayudarlo en sus próximas peleas con el FMI. Y como si esto ya no fuera más que suficiente, al difundir y comentar un video de lo que sucedió en Mar del Plata, Chávez se las arregló para molestar tanto al presidente Vicente Fox de Méjico, país que por fortuna cuenta con su propio petróleo, que ya ambos han retirado a sus embajadores.


Según la interpretación de Chávez, la cumbre marplatense fue una batalla más entre “el imperio” por un lado y, por el otro, los dispuestos a resistirlo, con Kirchner en un papel destacado, en la que Estados Unidos experimentó una derrota contundente. ¿Fue así? Claro que no.


Para empezar, la mayoría abrumadora de los líderes latinoamericanos, está a favor del ALCA por razones bien concretas; mientras que en Estados Unidos abundan los proteccionistas que son contrarios al proyecto por suponer que de instrumentarse daría demasiadas ventajas a los países pobres del Sur.


Asimismo, puesto que la queja principal de los representantes de América Latina, es que Estados Unidos no les presta atención porque privilegia otras partes del mundo como el Medio Oriente, Europa y, huelga decirlo, Asia, ellos que mandan en la economía más importante del planeta, tendrán todavía menos motivos para tratar de fomentar el desarrollo de la región invirtiendo en ella no puede ser tomado por un triunfo.


Después de participar de la cumbre, Fox dijo que “allí tenemos presidentes, por fortuna los menos, que siguen culpando al exterior de todos sus problemas”, en alusión a Chávez, y a Kirchner. Tiene razón el presidente mejicano.


Aunque los factores externos inciden en lo que ocurre en América Latina como en todas las demás regiones, el atraso que la caracteriza se debe por completo a las deficiencias de ciertas élites, que hace tiempo adquirieron el hábito de atribuir todos los reveses a la maldad ajena, para entonces afirmarse resueltas a defender a sus países negándose a adaptarse a las circunstancias.


El resultado de más de un siglo de políticas inspiradas en el rencor, es la miseria generalizada, la corrupción, el desprecio por la ley y los brotes de autoritarismo brutal que son comunes a todos los países latinoamericanos.


Puede que Chile esté por liberarse de dicha maldición, luego de haber adoptado una estrategia realista que no se basa en la autocompasión, pero a juicio de individuos como Chávez no se trataría de un logro que otros deberían procurar emular sino más bien de una derrota lamentable.


Es que para el venezolano, lo mismo que para su amigo, el dictador cubano Fidel Castro, y sus muchos admiradores, lo simbólico importa muchísimo más que lo que efectivamente sucede en sus respectivos países.


Desde su punto de vista, agraviar a un presidente norteamericano en una reunión, es un triunfo notable, en comparación con el cual sería a lo sumo anecdótico, un programa económico que lograra mejorar las condiciones de vida de la mayoría de sus compatriotas.

Tal actitud es digna de adolescentes, no de políticos maduros, pero por desgracia cuenta con la aprobación de sectores que si bien no son muy amplios poseen mucha influencia, tanta que no hay peligro alguno de que América Latina pronto deje de ser la parte más pobre, más inequitativa, más corrupta y, obvio es decirlo, peor gobernada del Occidente.

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Armando Maronese

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