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Pequeños asesinatos

Por Armando Maronese - 18 de Noviembre, 2005, 19:03, Categoría: Opinión

Hace unos 2.200 años, Viriato, pastor de Lusitania, se alzó en armas contra los romanos. El cónsul Marco Pompilio, que no podía con él, prometió entonces un montón de oro a quien lo asesinase.

 

De inmediato hubo varios que se anotaron, y una noche, aprovechando que el hombre dormía, lo cosieron a puñaladas. Pero cuando se presentaron a cobrar la recompensa se llevaron la gran sorpresa. Porque el romano, no se sabe si porque era afecto a las frases célebres o porque se había jugado la plata a las carreras, no sólo no les pagó, sino que les dijo algo que haría historia: "Roma no paga traidores". (Que si lo hubieran sabido de antemano sus asesinos, Viriato tal vez aún seguiría vivo.)

 

Pero llevando esta antiquísima referencia a los días que corren y al país de los argentinos, es indudable, mirando el caso Borocotó, que a los verdugos del pobre Viriato les hubiese convenido mucho más vérselas con Pompilio Kirchner que con Marco Pompilio. Más aún, hasta puede aventurarse que el primero no sólo no les habría dicho nada que mereciera recordarse (su léxico es más bien escueto), sino que tras pagarles con buena plata sustraída del superávit fiscal, hubiera querido sacarse una foto con ellos diciendo whisky y mostrando el dedo medio a los viriatistas.

 

Y yendo ahora a la economía, y sin necesidad de remontarse tan lejos, aparece otro caso en el que el proceder de Pompilio K., se da de bruces con el fair play. Hasta el 23 de octubre pasado, la inflación se debía a una conspiración de los supermercadistas y se curaba mediante acuerdos de precios y congelamientos transitorios. La gente, pues, podía llegar a creer que estaba en las vísperas de otro año 46; se pondría en marcha una campaña de los 60 días, se congelaría hasta la barra de hielo y lo mismo los chinos de los súper de barrio que los grandes gerentes de las cadenas, pasarían unos días a la sombra por agiotistas contumaces.

 

Pero hete aquí que, pasadas las elecciones, no sólo no ocurrió nada de esto, sino que apareció el procónsul Lavagna y dio a conocer una serie de medidas que, más allá de su eficacia, se ubican dentro de la ortodoxia. Lo que ha llevado a muchos ingenuos a preguntarse, por qué si esas medidas eran mejores para frenar las subas que pelearse con el señor Coto no se las tomó antes. Un interrogante que, por más que se busque, tiene una sola respuesta posible. La que surge de vincular ese extraño comportamiento con el hecho de que, antes, la gente aún no había votado y todavía debía elegir por quién habría de hacerlo.

 

Vale decir, que tanto por lo que hizo después, andar a los abrazos con el viriaticida, como por lo que no hizo antes, atacar en serio la inflación, Pompilio K jamás se puso en la piel de Marco Pompilio. Y si una vez pagó como no lo hubiera hecho Roma, en la otra él les puso la mano en el bolsillo, o en la libreta, a los ciudadanos. "¿Me quieren decir -preguntó uno en el Margot-, por qué este hombre no da conferencias de prensa? ¿Será que tiene algún muertito en el desván?" "No, maestro -le respondió el reo de la cortada de San Ignacio-, es que tiene miedo de que le pregunten por la campaña de Racing".

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Armando Maronese

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