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Después de las elecciones

Por Armando Maronese - 15 de Noviembre, 2005, 0:02, Categoría: Opinión

Los ciudadanos se han expresado en las urnas, otorgándole al presidente Néstor Kirchner una mayor fortaleza en el Congreso de la Nación para encarar los dos años que le restan de su mandato.

 

Ahora que las elecciones han quedado atrás, es hora de que el Gobierno se vuelva a concentrar en la gestión y en los graves problemas del país, para lo cual no deberá renegar de la necesaria búsqueda de consensos y hacer realidad la frase pronunciada anoche por la senadora Cristina Fernández de Kirchner, en el sentido de que "en la reconstrucción de la patria ningún argentino debe estar ausente".

 

Al haberse despejado el panorama político con una nueva distribución del poder en la Argentina, ya no hay excusas para seguir postergando las demoradas decisiones que nuestro país debe tomar para consolidar la recuperación de la economía y garantizar el afianzamiento de las instituciones, sin el condicionamiento de los enfrentamientos internos en el partido gobernante que tanto daño han causado en los últimos años.

 

Después de haber construido su poder desde que llegó a la Casa Rosada, en 2003, por medio de la confrontación permanente, el presidente Kirchner debería apelar ahora a la búsqueda de consensos a partir del respaldo popular obtenido. No puede el primer mandatario continuar gobernando con la mente puesta sólo en la acumulación de poder y con la disputa interna del justicialismo como cuestión central de su agenda -como ha ocurrido en los meses precedentes-, sino en el diseño de los proyectos de largo plazo que requiere el país para encauzarse en una senda de crecimiento y desarrollo, que requerirá el consenso de las demás fuerzas políticas del país.

 

El Gobierno y el Presidente en particular imaginaron estas elecciones como un plebiscito de su gestión. Después, redujeron sus ambiciones para concentrarse en lograr un amplio respaldo legislativo en todo el país, que permita avanzar sin tropiezos con los proyectos gubernamentales en el Congreso, donde Kirchner contó con una amplísima mayoría hasta que el enfrentamiento con el ex presidente Eduardo Duhalde la deshizo.

 

Ahora, el nuevo escenario parlamentario, donde el kirchnerismo contará con la mayoría pero no con el control de las decisiones, el Presidente deberá apelar a la necesaria búsqueda de acuerdos. El diálogo con la oposición, ausente en los primeros dos años de gestión, debería transformarse en un ejercicio importante en los dos años que le restan al frente del Poder Ejecutivo. La gran incógnita es qué actitud asumirán los legisladores justicialistas que responden al ex presidente Duhalde: si se suman al bloque kirchnerista o arman una bancada separada que decida actuar junto con la oposición.

 

El peronismo ha dado muestras, a lo largo de su historia, de que tiene una capacidad extraordinaria de mutación, capaz de hacer volver a convivir a sectores irreconciliables. Por eso no sería descabellado imaginar que en un futuro no muy alejado las divisiones que dejó esta elección en el peronismo queden como una anécdota del pasado.

 

También la oposición debería encarar la etapa que se inicia con espíritu de grandeza, para acompañar las iniciativas que el país necesita y remarcar sin tapujos ni temores las desviaciones en las que caiga el oficialismo.

 

Superadas las elecciones se debería despejar el horizonte para avanzar, sin las mezquindades de vivir en una campaña proselitista permanente, en las demoradas reformas institucionales que el país necesita. Están pendientes la reforma política, tendiente a disminuir en los grandes distritos la influencia de las listas sábana y para que el financiamiento de los partidos sea más transparente, y contar con una ley de acceso a la información pública, entre otras asignaturas pendientes.

 

Pero hay, además, cuestiones urgentes en las que el Gobierno debería avanzar sin especulaciones a partir de ahora, como es la renegociación de los contratos con las empresas privatizadas, que en algunos casos se arrastra desde 2002, cuando se produjo la devaluación y la pesificación. Ello será fundamental para la recuperación de la confianza de las empresas para que vuelvan a invertir en el país. Por cuestiones electorales el Gobierno ha demorado la actualización de tarifas en sectores críticos, que ahora podrían presionar sobre la inflación, otro de los grandes desafíos que enfrentará el presidente Kirchner.

 

Se deben establecer las condiciones económicas y fortalecer la seguridad jurídica para crear el clima de inversiones que el país necesita, pues el nivel actual de inversión es insuficiente para el sostenimiento del crecimiento económico, el remedio más importante para frenar la inflación.

 

El aumento del costo de vida, que tanto daño produce a los sectores pobres e indigentes de la sociedad porque carcome sus magros ingresos día tras día, puede hacer recrudecer el reclamo por mejoras salariales y disparar una puja distributiva. La resolución de ese problema no puede ser demorada.

 

Muchas de estas reformas deberán pasar por el Congreso, que luego de estas elecciones tendrá una nueva composición política y figuras de peso, de quienes dependerá también que la ciudadanía recupere la confianza en los dirigentes y supere la crisis de representatividad política que provocó la aguda crisis de fines del siglo pasado.

 

Una de las características salientes de los dos primeros años de gestión del presidente Kirchner fue la ausencia de un diálogo genuino con la oposición. El diálogo debería transformarse en una herramienta central en los próximos años -dependerá fundamentalmente de la actitud y vocación del primer mandatario-, para que se puedan armonizar las voluntades del oficialismo y de los partidos de la oposición.

 

La democracia argentina ha quedado más fortalecida con estas elecciones. El país contará a partir de diciembre con un nuevo Congreso que deberá honrar las expectativas de los ciudadanos, para consolidar el sistema republicano y para que el equilibrio de los poderes del Estado no sea sólo una quimera.

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AM

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