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Dakosaurio: el terror de los mares australes del jurásico

Por Armando Maronese - 13 de Noviembre, 2005, 1:30, Categoría: Ciencia - Salud

Era un cocodrilo de 4 metros de largo y tenía dentadura de dinosaurio carnívoro. Ni siquiera Julio Verne fue capaz de imaginar para sus célebres relatos submarinos, a un monstruo marino tan temible como el Dakosaurus andiniensis, un cocodrilo con fauces de dinosaurio y cola de tiburón que habitó el océano Pacífico hace 135 millones de años, cuando sus aguas bañaban lo que es hoy el noroeste de la Patagonia argentina.

 

En ese entonces, esta bestia que los paleontólogos apodan Godzilla -por el parecido de su cabeza con la del célebre monstruo cinematográfico-, era el principal depredador de los mares. Con tan sólo cuatro metros de largo, pero armado con dientes largos y aserrados, el dakosaurio se alimentaba de dinosaurios marinos de hasta siete metros, así como de otros cocodrilos prehistóricos de menor porte.

 

"Estaba en la cima de la cadena alimentaria: era el primer depredador, lo que significa que se comía todo lo que tenía adelante, incluyendo animales de gran envergadura", dijo la paleontóloga Zulma Gasparini, investigadora superior del Conicet y autora principal de la descripción del dakosaurio que publicó la edición on-line de la revista Science.

 

La portada de diciembre de la revista National Geographic, también estará dedicada a esta bestia marina reconstruida por Gasparini, junto con sus colegas Diego Pol y Luis Spalletti, a partir de restos fósiles -entre los que se cuenta un cráneo completo-, de dos ejemplares hallados en 1996 en La Pampa de Tril, una localidad cercana a Chos Malal, en el noroeste de la provincia de Neuquén.

 

Un rostro enigmático

 

"Hace varios años, revisando colecciones fósiles del Museo de San Rafael de Mendoza, encontré un fragmento del rostro de un cocodrilo marino -recordó Gasparini, profesora de paleontología de vertebrados de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de La Plata-. Era extrañísimo: tenía pocos dientes y un rostro alto, algo completamente distinto de la idea que teníamos de los cocodrilos marinos del jurásico."

 

"Los cocodrilos que durante el jurásico se adaptaron a la vida marina, se caracterizaban por tener un hocico extremadamente bajo y largo, tubular, con numerosos dientes pequeños que les permitían alimentarse de peces chicos", agregó Diego Pol, paleontólogo argentino que realiza su posdoctorado en la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, y que participó de la descripción del dakosaurio.

 

Con esa idea en mente y sin mucho material fósil para seguir indagando, Gasparini publicó en 1995 una breve descripción de un nuevo cocodrilo jurásico que no se apartaba mucho de lo esperable. Entonces, el dakosaurio pasó inadvertido.

 

Un año más tarde, técnicos del Museo Olsacher, de Zapala, llamaron a Gasparini para contarle del hallazgo de un cráneo fósil en La Pampa de Tril. "Estaba tan cubierto de roca que era imposible identificarlo -contó la investigadora-. Pero tuve la sospecha de que tenía algo que ver con el otro cocodrilo, por eso fuimos para allá y logramos extraer restos de dos ejemplares."

 

El proceso de limpieza y preparación de los restos fósiles previo a su estudio, demandó tres años. El resultado, una sorpresa: "Lo que nunca pensé era que iba a tener el aspecto de un dinosaurio".

 

Tanto es así, que durante los años siguientes en los que Gasparini, Pol y Spalletti trataban de comprender la verdadera naturaleza de este cocodrilo, muchos paleontólogos sugerían la posibilidad de que, simplemente, se tratara de un dinosaurio.

 

Pero era un cocodrilo. "El dakosaurio viene a cambiar nuestras ideas de cómo eran los cocodrilos marinos del jurásico -señaló Pol-. Demuestra que este grupo tan diverso y abundante hace 135 millones de años, no sólo ocupaba el rol de pequeños predadores, sino también el de los grandes."

 

Es que el dakosaurio tenía con qué ganarse el respeto de sus vecinos. "Tenía una dentadura similar a la de los grandes dinosaurios carnívoros, como el giganotosaurio o el tiranosaurio -describió Pol-. Con dientes de entre 5 y 10 centímetros, aserrados, capaces de clavarse, cortar y desgarrar."

 

Con esa dentadura, no cabe duda de que era el terror de los mares. Aunque no se conoce su distribución geográfica durante el jurásico, de lo que sí se está seguro es que habitó las aguas que bañaban un golfo de 12.000 kilómetros de largo, cuyas costas se encontraban en lo que es hoy el noroeste de la Patagonia argentina.

 

Por aquel entonces, la cordillera de los  Andes todavía no se habían elevado y lo que es hoy Chile, era suelo marino. En esas templadas aguas nadaban peces, tortugas prehistóricas y extrañas criaturas llamadas pliosaurios e ictiosaurios. En presencia del dakosaurio, ninguno estaba a salvo.

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AM

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