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Complicada relación con USA

Por Marcelo Bonelli - 12 de Noviembre, 2005, 15:41, Categoría: Cumbre mundiales

El viaje de George Bush a Mar del Plata dejó un efecto no deseado para el Gobierno: la posición que expresó el presidente de los Estados Unidos, fortaleció inesperadamente a los sectores del Fondo Monetario Internacional que tienen la actitud más dura contra la Argentina.


Su declaración posterior y la ausencia de un apoyo explícito a la futura negociación, reforzó el discurso de Rodrigo Rato y la inflexibilidad de Anne Krueger, Anoop Singh y la línea de burócratas del Fondo Monetario.


La conclusión central de la reunión entre George W. Bush y Néstor Kirchner también favoreció —indirectamente—, a los miembros del Grupo de los 7 que le exigen mayores correcciones al Palacio de Hacienda argentino.


Bush habló sobre la necesidad de cumplir los contratos y de no cambiar las reglas de las inversiones. Idénticas frases recitan los más duros del G7. Así, con sus palabras —dentro de la reunión y afuera, en la conferencia de prensa—, Bush alineó en forma explícita a los EE.UU. con los reclamos más intransigentes de Italia, Japón, Inglaterra y Francia.


En Wall Street no tienen dudas de que éste es el nuevo escenario. Y la conclusión política fue tan obvia, que el Gobierno actuó de inmediato: reconoció que será difícil una futura negociación y admitió que se podría mantener sin acuerdo con el Fondo Monetario. Lo confirmaron Roberto Lavagna y Alberto Fernández.


En otras palabras: a pesar del deseo que tiene Argentina de cerrar un convenio por dos años con el Fondo Monetario Internacional, tendrá que mantener el frente externo abierto, por lo menos en la primera parte del 2006.


La posición de Bush hacia la Argentina, obedece también a una posición interna del Tesoro de Estados Unidos y del Departamento de Estado. Condoleezza Rice siempre defendió una actitud intransigente y el nuevo vicesecretario del Tesoro —que desconoce totalmente la realidad argentina—, es un ultraortodoxo económico.


Tim Adams es la contracara de John Taylor. El nuevo encargado en Washington de las relaciones económicas con Argentina, responde a la clásica y dura visión internacional que el Grupo de los 7 tiene hacia Buenos Aires.


Por eso no hay que esperar de Tim Adams flexibilidad y tampoco la creación de atajos de negociación como hacia Taylor. Adams sostiene, que hay que mantener a rajatabla una decisión: que el Grupo de los 7 toma resoluciones por consenso, lo cual significa que, por ahora, se imponen las posiciones más duras hacia el país. Esta ley no escrita fue aceptada y cumplida el último año por Taylor y se aprobó, en definitiva, en una reunión en su propia casa de California.


Ahora, la posición de Washington es la siguiente:


Sostiene que Argentina superó el peor momento de la crisis política y restableció mínimas condiciones de normalidad económica. Entonces, debe comenzar a cumplir con los compromisos y parámetros internacionales que se le exigen a todos los países.


En consecuencia, Estados Unidos no puede dar un apoyo global público y formal a la negociación con el Fondo Monetario. Sí, en cambio, podría destrabarla de existir diferencias puntuales y menores.


Este eje fue explicitado por Bush en Mar del Plata. Washington lo expuso en público y crudamente, utilizando la verborragia de Vicente Fox contra la Argentina. Hace unos años, el Departamento de Estado estadounidense empleó un mecanismo similar, cuando incentivó al ex presidente del Uruguay, Jorge Batlle, a criticar a Eduardo Duhalde.


La falta de conocimiento de esta posición de EE.UU. constituyó un serio y grave error diplomático y económico del Gobierno. Así, la cumbre de Kirchner-Bush, en lugar de ser un encuentro constructivo para la economía, se transformó en un dolor de cabeza para la Argentina. Un error que se potencia, porque Rafael Bielsa promocionó un diálogo anterior con la jefa del Departamento de Estado y Lavagna había recibido ya los mensajes duros de Tim Adams en su viaje a China.


Otro paso en falso se dio con Brasil: existían evidencias de que Lula apuntalaría la dureza de Argentina, para después negociar unilateralmente espacios de poder con Washington. La estrategia de Lula es manipular el Mercosur para beneficio de Brasil y quedar frente al G7 como el principal receptor de inversiones productivas.


Economía querría ahora, mostrar las diferencias en público y sobre la mesa. También —si no existe acuerdo—, que el culpable sea el intransigente FMI.


Rato y su equipo responderían con inflexibilidad: el FMI no presiona sólo por tarifas, está pidiendo la modificación global de la política económica, a partir de la exigencia de cambiar la estrategia cambiaria y bajar el precio del dólar a 2,40 pesos.


El FMI está desprestigiado, pero aún conserva un poder: es el auditor para las inversiones internacionales e instrumento del G7. Singh y sus burócratas, también tienen una estrategia: creen que cuanto más se dilate la negociación, mayores serán las necesidades de financiamiento externo del Gobierno. Ahí será donde más presionarán.


Andy Wolfe, el representante del FMI en Buenos Aires, monitoreó la última colocación de Boden 2015. En base a datos de los bancos extranjeros locales, sacó una conclusión: la banca privada sólo participó a causa de una fuerte presión de la Secretaria de Finanzas.


Martín Redrado estuvo en Basilea en la reunión de banqueros centrales. Ahí se anunció un cambio financiero paulatino y sostenido que afectará a las economías emergentes.

Ese nuevo clima un poco más adverso, influirá en el tramo final del Gobierno. Para enfrentarlo, Kirchner se apresta a cambiar el Gabinete. Por eso, entre los hombres de negocios, crea mucha expectativa el nombre del nuevo canciller.

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